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viernes, 23 de septiembre de 2011

Mi opinión sobre el plan Bolonia


El objetivo del plan Bolonia es ambicioso y necesario si se pretende lograr que Europa adquiera fuerza como entidad político-cultural. No obstante, en algunas materias dicho proceso de unificación es más sencillo y puede dar lugar a unos resultados más óptimos. En el caso del “Grado en Derecho” nos encontramos con que la disciplina sobre la que se asientan los estudios varía a lo largo de los distintos miembros de la Unión Europea.
  En Europa conviven distintos sistemas jurídicos que difieren en muchos aspectos de manera radical y cuyas discrepancias afectan a todas las ramas jurídicas. Es cierto que existen muchos puntos  comunes ya que los países miembros de la Unión Europea comparten los valores democráticos, lo cual es algo que el Derecho Constitucional Común Europeo ya señaló y que proporciona un marco amplio de actuación dentro de las políticas comunes. El plan Bolonia ha de explotar dicha convergencia si no desea verse frenado por las desavenencias que pueden conducir a objetivos contradictorios o contraproducentes.
   En consecuencia es necesario un esfuerzo mucho mayor por parte de los Estados europeos con el fin de lograr una integración plena en un mundo globalizado y dicho esfuerzo ha de revertir en la formación de juristas y profesionales que sepan enfrentarse a los problemas a escala internacional, ya que el derecho debe evolucionar al compás de la sociedad, algo bastante complejo en un mundo donde los procesos humanos se suceden de manera vertiginosa.
  Por tanto, el derecho comunitario debe plantearse dar un paso más y si bien es cierto que se han producido notorios avances como la carta europea de derechos humanos sería conveniente plantearse la posibilidad de crear un código civil europeo aprovechando la herencia que el derecho romano dejó a lo largo del viejo continente y que ha sido respetada por la gran mayoría de Estados. También debería alcanzarse consenso en el método de acceso de profesionales al cargo de juez, ya que por ejemplo, en el caso español se centra casi mayoritariamente en el  aprendizaje memorístico (que por otra parte ya se proporcionó en la etapa universitaria) sin atender a otros aspectos importantes como la calidad humana, ética o la experiencia. De esta manera el estudio del “Grado en Derecho” que plantea el plan Bolonia se facilitaría.
  Por otra parte, el método docente que Bolonia busca implantar es mucho más equilibrado y novedoso ya que se diferencia en gran medida del clásico sistema de las “clases magistrales”. Se pretende así que el alumno gestione su formación de manera más independiente, investigue y pueda así suplir posibles carencias.
  Es cierto que la independencia del alumno aumenta pero ello debería verse reforzado con un seguimiento más personalizado por parte del profesorado, con tutorías que no importunen horas lectivas, es decir, sería recomendable que las tutorías de los alumnos que acuden a clase por las mañanas tuviesen lugar por la tarde y viceversa. En dicho caso, a la hora de respetar la independencia y las propias decisiones del alumno debería otorgarse la posibilidad de escoger entre formación presencial y no presencial, o al menos, no realizar un control exhaustivo de la asistencia que repercutiese de manera negativa en el estudiantado. Sin embargo, esto no puede lograrse si los grupos continúan siendo tan numerosos, ya que de este modo el profesor opta por otra metodología que en ocasiones desequilibra la balanza y termina por sobrecargar al alumno.
   El plan Bolonia también se interesa por la formación práctica del alumnado, algo que en Derecho es especialmente importante, ya que al finalizar la formación constituirá un bagaje de experiencia que será útil a la hora de acceder al mercado laboral. Por el contrario, no es posible realizar una formación práctica de calidad en un grupo demasiado numeroso, que imposibilita, por ejemplo, acudir a vistas, visitar juzgados, etc. a todo ello se suma la necesidad de cumplir con un temario en ocasiones demasiado extenso en un espacio de tiempo reducido, con lo que quizá algunas asignaturas cuatrimestrales deberían convertirse en anuales para de este modo, sentar las bases de una manera más precisa.
  En cualquier caso, es preciso tener claro que la formación de los juristas es de vital importancia para el futuro ya que serán dichos profesionales quienes ejerzan uno de los poderes del Estado. Con lo cual, facilitar el intercambio cultural entre universidades y sistemas, dotando de este modo de un conjunto de posibilidades más amplio redundará en beneficio de Europa como ente político-jurídico.

jueves, 11 de agosto de 2011

Conclusiones de una estudiante de Derecho en su primer año

 Ha acabado el primer curso de la carrera de Derecho, ha sido bastante gratificante y he podido comprobar que he elegido correctamente la materia. Lo cierto es que todo ha pasado tan sumamente rápido que parece que no he sido consciente de ello. He sacado en claro algunas conclusiones, reflexiones, etc. algunas de carácter humorístico que quería compartir con vosotros. La lista aquí consignada no es numerus clausus así que podéis añadir alguno más si así lo estimáis conveniente:
1-La Lex Artis es la Lex Artis, madre de todos los juristas y como madre hay que respetarla.
2-La palabra constitucional se hizo para ser pronunciada alargando la última vocal hasta el extremo mientras se mueve la mano haciendo un gesto parecido al que hacen los italianos, para darle énfasis.
3-Siempre que la materia esté dividida por su extensión entre 2 profesores, el peor te explicará la parte más difícil o en el caso de que se trate del profesor menos malo, mandarán a un sustituto en su lugar el día preciso en que se explica lo más importante, que te dará una clase magistral a base de ejemplos estúpidos.
4-Por mucho que pasen los años, mi  madre siempre dirá que estoy estudiando "abogacía". Claro que sí mamá, un poquito más y según tú estaría estudiando "Leyes" o tratando de ser doctora en utrumque ius...
5-Ocurra lo que ocurra mi padre siempre me dirá que estoy estudiando para ser leguleya y me lo espetará cuando lo corrija con conceptos como homicidio/asesinato robo/hurto separación/divorcio. Sin contar con que me estará todo el rato llamando como Robert de Niro en "El cabo del miedo": "¡Abogadaaa!" Sin embargo, me pedirá ayuda en temas de herencia (se llama derecho sucesorio, papá o de sucesiones) o similares aunque todavía no tenga ni idea del tema, ¿en qué quedamos?
6-Hay profesores que saben motivarte profundamente y te dicen: "Esto no lo entienden ni los jueces, yo os lo voy a explicar, lo voy a intentar, a ver si lo entendéis. Aunque sé que no lo vais a entender pero bueno, de todas formas esto lo único que tiene es memorizar el código."
7-Tratar de leerse una sentencia sin conocimientos de procesal es una aventura... ¡menos economía y más procesal!
8-Han puesto una asignatura de derecho y otra de economía en todas las carreras con el pretexto de arreglar el mundo, según el plan Bolonia. Con los conocimientos de derecho que pueda aprender un arquitecto, por ejemplo, siempre necesitará el dictamen de un abogado; con los conocimientos de economía que pueda adquirir un abogado o similar a lo largo de la carrera necesitará la ayuda de algún economista. No cambia nada ¿por qué no nos resignamos a aceptarlo?
9-Eso de cada maestrillo tiene su librillo se sufre en carne propia ya que se eleva a la enésima potencia. Lo llaman libertad de cátedra y algunos lo convierten en libertinaje.
10-Por mucho Romano que sepas, civil estará siempre ahí recordándote que algo ha cambiado. Las fronteras se volverán difusas y no se sabrá dónde empieza civil y dónde acaba Romano o viceversa.
11-Hay asignaturas bonitas pese a que algunos profesores las destrocen con su docencia (un chute de pedagogía ya, por favor). Estas asignaturas son de dudosa utilidad (aunque nunca se sabe) pero te sirven para sacar buenas notas.
12-Cuando lo tengas todo controlado, aparecerá un proyecto de ley o una reforma que te lo cambiará todo.
13-Ver el telediario ahora es mucho más divertido, excepto en época de exámenes. Lo peor es que ahora toda americanda de Antena 3 de las que duran hasta las 8 de la tarde se vuelve menos interesante, porque vamos desentrañando poco a poco los entresijos del caso. Tampoco es placentero ver cualquier serie de misterio o leer a Agatha Christie. Aunque hay profes de penal que no leen a la dama del misterio, sino a Javier Marías ¡Siempre con la literatura española!
14-No importa lo mucho que trates de defender tu carrera, siempre intentarán desprestigiarla diciendo que es "sólo de empollar". Sin embargo, puesto que la venganza se sirve fría, cuando alguien venga a tu bufete reclamando asesoramiento, pongamos, por responsabilidad civil extracontractual y dicho "cliente" haya osado insultar a tu carrera siempre puedes plantarle el código delante de las narices "¿no era sólo estudiar? pues hale, empieza."
15-Todos nos sentimos importantes y/o halagados cuando alguien nos pide opinión/dictamen/asesoramiento aunque sea de una materia de la que no tengamos ni idea. En ese momento le puedes soltar cualquier cosa y como los "leguleyos" hablamos en otro idioma se quedará conforme aunque no tenga nada que ver con la pregunta.
16-Nuestro vocabulario ha aumentado, consciente o inconscientemente, ahora usamos más latinajos, más palabras polisémicas y más circunloquios. De facto y de iure, pero mi favorita siempre será Excusatio non petita, accusatio manifesta.
17-El indulto no existe, está en tu imaginación.
18-El diccionario de latín estará siempre ahí para ayudarte y para alguien como yo a la que le encanta la filología clásica será toda una tentación. Iura novit curia por ejemplo, ¿por qué el complemeto directo está delante y el verbo en medio? El verbo debería estar al final, el sujeto al principio y el complemento directo inmediatamente después. Verbo en singular, sí, porque al ser neutro plural el sujeto, el verbo va siempre en singular.
19-Artículos y fechas son meramente orientativos, donde esté una buena paráfrasis todo se puede solventar.
20-Tenemos una constitución que pide a gritos una reforma y un Código civil decimonónico, pero seguimos adelante con reformas parciales. Algún día los legisladores del futuro (¿nosotros?) solventaremos esto.
21-Por increíble que parezca, existen profesores de Filosofía del derecho que se han leído todas las novelas de "El señor de los anillos" y visto todas las pelis pese a tener 50 y tantos.
22-Hay derecho más allá de las constituciones y de las históricas también, o eso creo.
23-El derecho internacional con sus diplomáticos y embajadores es muy bonito pero está lleno de claroscuros, el famoso derecho comunitario nunca va a lograr una unificación completa, como tampoco lo logró el ius commune, supongo que es hora de hacer concesiones.
24-Los tribunales internacionales están sometidos a tantos requisitos que se acaban perdiendo en un maremágnum de burocracia. La Haya ha decretado recientemente (por fin) la orden de arresto de Gadafi y uno de sus hijos. Algo que debería haberse hecho con Bin Laden también.
25-Cuando alguien me pregunte el estado civil ahora le diré mayor de edad, nacional española, soltera (y que dure según alguien que yo me sé) sujeta a filiación y con vecindad civil común o castellana (y a mucha honra). En esto de vecindades civiles me gustaría tener la libertad de testar navarra, y el régimen patrimonial por defecto en el matrimonio en Cataluña o su ley de parejas de hecho.
26-Eso de que in claris non fit interpretatio no es cierto, al sumergirse en la lectura del manual de penal y del código todo lo claro se vuelve oscuro.
27-Hay que atacar el régimen de admisión del Colegio español de Bolonia.
28-Los apuntes no son intransferibles, pero sí estrictamente personales, cuando alguien te deje algunos te sentirás incómodo estudiándolos, como si durmieses en cama ajena.
29-El colmo de un abogado/juez además de perder el juicio es que no le salgan las muelas del juicio pero yo de momento estoy cuerda y las muelas están estorbándome para salir. En cuanto a la toga tengo que decir que no me gusta, no obstante somos afortunados ya que por lo menos en España no se lleva peluca. Yo no quiero toga a no ser que me dejen customizarla y por otra parte, no tiene sentido. La bata de un médico sí, pero la toga no. Además es un símbolo recalcitrante y decimonónico, hay que modernizar el lenguaje jurídico y la apariencia de los profesionales del derecho para acercarlos a los ciudadanos.
30-Es muy divertido ver cómo hablan algunos "tertulianos" (normalmente en televisión pero también en radio) de cuestiones jurídicas como si entendieran de ellas; así nos encontramos con barbaridades como confundir querella con demanda o bien personalidad jurídica con capacidad de obrar.
31-Hay que alabar la consideración del legislador (ese ente supremo y dogmático altamente criticable) cuando un artículo dentro de un código o ley queda vacío de contenido por cualquier circunstancia (por trasladarlo a una ley extracodicial o ser derogado, por ejemplo) y el resto de artículos permanecen con su número anterior a la reforma, o bien se coloca bis detrás del artículo que corresponda, esto hace que no se trastoque todo.
32-Y por último y más importante que todo lo anterior he aprendido que hay gente maravillosa por el mundo esperando a que te la cruces; gente con la que compartir buenos, malos momentos y si se tercia, ¡también apuntes!

miércoles, 10 de agosto de 2011

A las estudiantes de Derecho

El colegio mayor español de Bolonia es uno de los mejores lugares para formarse como jurista, algo lógico si tenemos en cuenta que en su Universitas surgió la propia doctrina de los glosadores y comentaristas medievales en la ardua tarea de recuperación del Derecho Romano y la creación del Derecho canónico. Lástima que estudiantes como Rosa, Marta, Nerea, Jennifer, Aída, Carmen, Débora, Nieves o yo misma no podamos ni siquiera plantearnos ingresar en tan prestigiosa institución, ¿la razón? estatutos medievales que impiden la entrada a las mujeres. Pero, ¿hasta qué punto una "reliquia histórica" puede resultar útil, justa o incluso comprensible? La enseñanza se ha ido adaptando al compás de los tiempos, así como el resto de instituciones que la fomentan o sustentan, por lo que es algo ilógico que se mantenga dicha regla en pleno siglo XXI (2ª década ya). Bien es cierto que las mujeres rectoras en nuestro país conforman una aplastante minoría, pero poco a poco parece que nos vamos acercando a la tan ansiada "igualdad". Nuestra próxima conquista, amigas mías, es conseguir que se nos oiga en Bolonia, desde donde se ha impulsado la polémica reforma universitaria, que ya se pretendía lograr desde el año 1000. Yo, sinceramente, voy a tratar de que  esta situación cambie y si no logro algo que pueda redundar en mi futuro, al menos que lo haga en el de mis hijas, nietas o demás estudiantes de Derecho venideras, además de rendir tributo a todas aquellas que quisieron y se quedaron a las puertas. Con la ayuda de todas vosotras y de los profesores podremos recurrir esta injusticia, pero tenemos que unirnos y creer en nuestro propósito. Nuestro futuro jurídico y formativo está en Bolonia, en Italia, cuna del Renacimiento y del Imperio Romano, precisamente porque allí es donde el pasado aún sigue vivo

viernes, 13 de mayo de 2011

No hay lenguas muertas, sino hablantes inconscientes


Personalmente, siempre me ha producido un gran rechazo esa denominación que tilda de "muertas" a las lenguas clásicas, como si estas hubiesen perecido o se hubiesen disuelto con el correr de los siglos. Cualquier hablante de español debe saber que esta es, como tantas otras, una lengua romance y por tanto, hunde sus raíces en la gramática latina, que es la que le da su razón de ser. Lo mismo puede decirse de oras lenguas como el griego o el sánscrito, emparentadas entre sí y que forman parte de la familia indoeuropea. Por tanto, al hablar nuestra lengua "resucitamos" (si es que alguna vez han muerto) los étimos latinos de los que proviene. Una persona con exiguos pero suficientes conocimientos de etimología y evolución fonética (que son los que yo poseo) puede bucear en las estructuras sintácticas y léxicas de su lengua, conociéndola en profundidad y estableciendo con ella una profunda relación, de tal manera que esta pasa a formar parte de su estructura mental (no hay que olvidar que la lengua que manejamos condiciona en gran parte el discurrir de nuestras operaciones intelectuales). Por otra parte, estoy plenamente de acuerdo con la afirmación de Goethe de que, quien no conoce un idioma extranjero tampoco puede conocer el suyo. El conocimiento del latín como lengua clásica supone una gran ambivalencia, ya que se trata de una lengua que nos es cercana y consustancial pero alejada en el tiempo. Sin embargo, en la configuración eurocéntrica de la historia, cuando el Imperio romano alcanzó su máxima extensión, el latín se convirtió en una especie de esperanto (función que ahora está asumiendo la lengua de Shakespeare aunque a nivel mundial) que se esparciría determinando las posteriores lenguas europeas que surgirían. En aquella época el filohelenismo determinaba que el griego se convirtiese en una lengua propia de personas eruditas, y en muchas ocasiones en los círculos literarios, filosóficos etc se empleaba esta lengua como símbolo de distinción. El griego era la lengua de la cultura frente a un latín que se presentaba en su doble vertiente, el vulgar (empleado por la romanización al ser el hablado por los soldados) y el culto o literario, del que nos han llegado menos vestigios. Paradójicamente en la Edad Media sería el griego quien cediese el testigo al latín como lengua de la cultura y de la enseñanza. Cuando Roma conquistó Grecia esta se rindió en cuerpo, pero su alma (formada por su cultura, literatura, filosofía, lengua, arte, etc) penetró con fuerza en el sentimiento romano, arraigando y acomodándose a las exigencias de la sociedad romana. Por ello, la lengua griega permaneció embalsamada en las estructuras latinas y hasta hoy nos han llegado sus ecos: palabras que el latín tomaba intactas realizando una mera modificación fonética y que aún se mantienen como tal, otras han pasado a nuestra lengua directamente del griego también. Cultismos, semicultismos y palabras patrimoniales son la prueba viva de que el latín y el griego están muy presentes en nuestra lengua cotidiana.
Palabras como efeméride, epiglotis, anemia, talasocracia, agorafobia, biblioteca, litosfera, enología... y un sinfín más son puramente griegas. Otras como calendario, bélico, estío, hierro, agricultura, letra, caldo, abeja... provienen de un latín más o menos evolucionado. Tampoco hay que obviar las numerosas expresiones y locuciones latinas que perviven en nuestra lengua se hayan traducido o no: ipso facto, rara avis, a priori...
No podemos ocultar ni renegar de nuestros orígenes y, al fin y al cabo, somos esencialmente romanos

domingo, 3 de octubre de 2010

Un revulsivo moral

Cuando emprendemos un proyecto personal, sea cual sea, tratamos de convencernos del valor de éste (ya sea moral, económico o de cualquier otra clase). Cuando comencé este curso (mi primer curso) en la facultad de Derecho supe que estaba a punto de iniciar un duro camino lleno de contratiempos pero con dulces frutos. Siempre he pensado que todas las profesiones son un medio para mejorar el mundo, especialmente si quienes las ejercen tienen ese afán. Sin embargo, cuando me interesé por el mundo del Derecho, un terreno lleno de luces y sombras, supe que si ponía empeño estaba destinada a lograr algo importante. El Derecho es ese instrumento que vela por el orden social y que aspira a crear una sociedad justa y tendente al bien, este pensamiento es el que me anima a seguir, aunque parezca una utopía. En mi primera clase de teoría del Derecho nos dedicamos a reflexionar sobre unos pasajes de Antígona esa obra maestra de Sófocles. Y yo, tan desmesuradamente filohelénica, disfruté muchísimo. No obstante, el profesor de teoría del Derecho se encargó de hacernos descender desde las alturas retóricas de Sófocles, al menos, a mí, y nos puso sobre aviso. Ser jurista, mejor, ejercer como tal, es algo complicado porque legislar significa crear normas jurídicas que respeten la dignidad de las personas, a pesar de que entronquen con la moral o que puedan resultar insuficientes para determinados individuos, por diversos motivos. Con todo, no puedo estar más de acuerdo con esta cita de Kant: "el derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos". Y es que precisamente, esa libertad tan preciada y anhelada por todos nosotros a veces puede convertirse en un problema, disfrutar de ella requiere ser responsable y consecuente; pero como hay veces en que esa responsabilidad no se lleva a cabo el Derecho debe entrar en acción.
Un proyecto alentador, espero que mi visión no se vea alterada con el paso del tiempo.

domingo, 28 de febrero de 2010

La guerra de los Bachilleratos

Todos los niños, cuando se dan cuenta de que no están solos en el mundo, comienzan a asediar a sus progenitores y a todas las personas que conocen con una pregunta fácil de formular y compleja de responder: “¿Por qué…?” Estas dos palabras se repiten sin descanso, hasta la saciedad, incluso llegando a límites absurdos e inexplicables, somos pequeños científicos, diminutos filósofos. Con media docena de años, cuando nos cargamos la mochila a la espalda, empiezan a abrirse nuestros horizontes. Todo es nuevo, ignoto, todo está por explorar… La Curiosidad comienza a despertarse de su letargo y reclama ser atendida. Entonces somos fácilmente impresionables, nos entregamos al saber con vehemencia, con la inexperiencia del neófito. Experimentar e investigar se convierten en nuestras únicas preocupaciones. Con rostro absorto escuchamos las historias relatadas por nuestros profesores y abuelos, ¡Y el mundo nos parece tan vasto y misterioso! Aventurarnos en él y preguntarnos por lo desconocido se convierte en algo natural, avanzamos con paso sigiloso, cuidadoso pero incontenible y firme.
Esto es así, al menos hasta que nos revelan el final de la historia.
Crecemos, y nuestros conocimientos con nosotros. Cuando llegamos a la docena de años, nuestra vanidad nos hace creernos dueños del mundo. El aburrimiento hace mella en nuestro espíritu y allá donde antaño encontrábamos mundos inexplorados y recónditos hoy encontramos distorsiones de una vaga fantasía. Es imposible redescubrir lo ya descubierto. La pasión muere. Se marchita cual rosa en invierno y nos damos por vencidos, creyendo que nada queda por hacer, cuando sólo hemos dado el primer paso. Seguimos caminando, ¡Sí, pero a regañadientes! ¿Qué otro remedio nos queda? Pero recibiendo siempre el mismo punto de vista, la Creatividad ve cortadas sus alas. Y cuando uno se ve obligado, cuando quizás no se haya repuesto de tal varapalo, cuando tal vez no sea capaz de decidir sobre las cosas más banales y triviales, ¡Sí, obligado! ¡Forzado a decidir sobre un asunto tan trascendental como su futuro! Se encuentra con que todos los esquemas conocidos se derrumban a sus pies. Y nada vuelve a ser como antes.
Con esto sólo he querido introducir el tema, he llegado a la situación en la que me encuentro y hablaré sobre el presente. A los dieciséis años, cuando uno desea continuar con sus estudios y acceder a la Universidad se ve en la terrible tesitura de elegir. ¡Elegir estando indeciso! Gran contradicción la nuestra, máxime cuando las opciones son tan reducidas y todo el universo conocido se escinde en dos mitades irreconciliables. Enfrentadas, tratando de imponerse la una a la otra, cuestionándose… Craso error. Nosotros los Estudiantes, debemos guerrear no entre nosotros, compañeros, compatriotas al fin y al cabo, sino contra la Ignorancia y no usando la espada, sino la pluma. Siempre se ha dicho que esta última es más fuerte. Pero nos empecinamos en dar pie a una guerra civil y esto sólo nos hace débiles.
Intentaré ahora exponer mi tratado de Paz, esa paz tan necesaria como la que impuso Augusto al Imperio romano, reflejada en el Ara Pacis Agustae. Sin embargo, no ocultaré mi procedencia estudiantil, soy una estudiante de Humanidades, y mis simpatías virarán hacia esta rama, no obstante trataré de ser lo más imparcial que mi alma amante de la cultura clásica me permita.
Parafraseando a César en su inicio de De bello Gallico (La Guerra de las Galias) podríamos decir: Sapientia est omnis divisa in partes duis, scilicet, Scientia et Littera (Toda la sabiduría está dividida en dos partes, a saber, Ciencias y Letras). Esto supone una limitación enorme y horrible. ¡Como si a uno le estuviese mandado confinarse en una de las parcelas del conocimiento de forma irrevocable! No se ha de controlar de manera tan férrea el deseo de aprender, porque ambas divisiones son, a la larga, una parte mínima de ese patrimonio espiritual humano, inmaterial pero de valor incalculable: la cultura. Deberíamos saber valorar toda la senda que nuestra especie ha hollado antes que nosotros y aprovecharla. Deberíamos ser como Da Vinci y Copérnico, hombres del Renacimiento, interesados por todos los ámbitos del saber. Y, sin embargo, se nos raciona el sapere aude (Atrévete a saber) cuando la Curiosidad es irrefrenable.
En tal estado de cosas nos encontramos cuando enfrentamos apotemas contra ablativos absolutos, a Jenofontes contra Kepler, derivadas contra sinestesias… y seguimos queriendo sobreponernos los unos a los otros. Algunos, diciendo que las lenguas de Homero y Cicerón son lenguas muertas, otros, que de nada sirven esos conocimientos abstractos de los que tanto alardean… y así uno y otro bando se lanzan tales acusaciones sin esperar nunca solventar sus problemas.
Lo cierto es que, a mi juicio, son las Ciencias Humanas las que aportan un sustrato cultural más profundo y rico, más provechoso. Conocer la historia de la Humanidad implica evitar reproducir errores pasados. Conocer los étimos grecolatinos implica adquirir gran riqueza léxica, amplitud lingüística, desenvoltura, oratoria, retórica… Sí. Hemos de vivir comunicándonos, queramos o no. Y aunque ahora la palabra no tenga tango valor como en Roma, en la que Cicerón subyugó con su verbo solemne a Catilina, descubriendo su conjura, la necesitamos para vivir, sentir, expresarnos… Ya lo decía la Biblia In principio erat verbum (Al principio existía la palabra) todo surgió de ella. Pero no sólo eso, nuestras raíces políticas están en Roma, el Derecho tal y como lo conocemos hoy en día también surgió en la Ciudad Eterna. Y la Filosofía tiene por cuna Grecia, el otro gran Imperio. Sí, la Filosofía, el amor a la Sabiduría. Creo que no hay otra disciplina con una visión tan privilegiada, múltiple y caleidoscópica, tratando de encontrar respuesta a las grandes preguntas que nos persiguen desde antiguo. Preguntas atemporales y trascendentales, con cuyas reflexiones y respuestas configuramos nuestra vida y nuestro pensamiento.
Las llamadas Ciencias puras son disciplinas, aunque tan encomiables como cualquier otras, frías, inexpresivas, abstractas, de una exactitud escrupulosa y casi despectiva, sin segundas interpretaciones posibles… Y aún así, ¿Quién soy yo para cuestionar las decisiones ajenas? ¿Podría pasar por alto los grandes avances de la Ciencia? Mi opinión importa bien poco, y he de reconocer que la Ciencia también garantiza que la vida sea posible. Desentrañan los misterios de nuestro interior de otra manera, conocer al hombre en un aspecto fisiológico es casi tan importante como conocerlo a nivel psicológico. Por otra parte, tratar de reducir todos los fenómenos físicos a una cadena lógica infalible resulta fascinante.
Por ello, si ambas persiguen el mismo y loable fin, ¿Por qué separarlas? Nos vemos obligados a renunciar a una parte de nosotros, a algo que nos interesa. Yo hubiera querido de grado mezclar ambas ramas pero no pudo ser así. Cierto que el tiempo es limitado, pero debería otorgársenos un poco más de libertad para decidir. Aún veo mi futuro incierto y haber estudiado en la frontera me hubiese aclarado las ideas, me hubiese dado el tiempo que ahora me falta para construir mi proyecto vital.
Así que, proseguiré mi declamación diciendo Beatus Ille (dichoso aquel) que puede estudiar el teorema de Arquímedes, las tres leyes de Kepler, la de la gravitación universal, la teoría de la relatividad y, a su vez, traducir con entusiasmo a Apolodoro, leer con fruición a Dante y a Petrarca, embeberse de la perfección de la Capilla Sixtina. Combinar a Mendel y a Mendeleiev con Shakespeare y Molière… Ser, en definitiva, sabios eruditos como Goethe. Bendito aquel que puede, como diría Pérez Reverte, “descubrir la patria que realmente merece la pena”. Esta, amigos, no es otra que la educación y la cultura. La urbanidad, sí, pero también la facultad y la madurez para crearnos nuestras propias opiniones, para reflexionar, reencontrarnos con nosotros mismos y analizarnos desde dentro y fuera. Ser esa transición platónica entre el mundo sensible y el de las Ideas, pudiendo combinar elementos tan dispares. Ojalá se nos permitiese elegir de esta manera y no tener que someternos a esta rigidez que no nos lleva a ninguna parte.