El colegio mayor español de Bolonia es uno de los mejores lugares para formarse como jurista, algo lógico si tenemos en cuenta que en su Universitas surgió la propia doctrina de los glosadores y comentaristas medievales en la ardua tarea de recuperación del Derecho Romano y la creación del Derecho canónico. Lástima que estudiantes como Rosa, Marta, Nerea, Jennifer, Aída, Carmen, Débora, Nieves o yo misma no podamos ni siquiera plantearnos ingresar en tan prestigiosa institución, ¿la razón? estatutos medievales que impiden la entrada a las mujeres. Pero, ¿hasta qué punto una "reliquia histórica" puede resultar útil, justa o incluso comprensible? La enseñanza se ha ido adaptando al compás de los tiempos, así como el resto de instituciones que la fomentan o sustentan, por lo que es algo ilógico que se mantenga dicha regla en pleno siglo XXI (2ª década ya). Bien es cierto que las mujeres rectoras en nuestro país conforman una aplastante minoría, pero poco a poco parece que nos vamos acercando a la tan ansiada "igualdad". Nuestra próxima conquista, amigas mías, es conseguir que se nos oiga en Bolonia, desde donde se ha impulsado la polémica reforma universitaria, que ya se pretendía lograr desde el año 1000. Yo, sinceramente, voy a tratar de que esta situación cambie y si no logro algo que pueda redundar en mi futuro, al menos que lo haga en el de mis hijas, nietas o demás estudiantes de Derecho venideras, además de rendir tributo a todas aquellas que quisieron y se quedaron a las puertas. Con la ayuda de todas vosotras y de los profesores podremos recurrir esta injusticia, pero tenemos que unirnos y creer en nuestro propósito. Nuestro futuro jurídico y formativo está en Bolonia, en Italia, cuna del Renacimiento y del Imperio Romano, precisamente porque allí es donde el pasado aún sigue vivo
miércoles, 10 de agosto de 2011
Barcelona y el síndrome de Stendhal
El curso pasado en una de las clases de Literatura Universal en las que analizábamos La peau de chagrin de Balzac apunté que el protagonista Rafael de Valentin podría sufrir este síndrome durante la visita al anticuario en el que encontrará el talismán de zapa que cambiará su vida. Balzac nos describe de forma prolija al estilo realista de las postrimerías del XIX todos los objetos de arte que allí se exhiben recorriendo toda la historia de la Humanidad y del Arte. Rafael al verse golpeado por tanta belleza comienza a sentir vértigo, confusión y dificultad para respirar lo cual coincide en parte con lo prescrito por dicho síndrome. No es casual que Balzac incluyese esta reacción en su novela ya que era un tópico romántico muy en boga. No hay que olvidar que el nombre le viene del escritor francés Stendhal que fue el primero en describirlo tras una visita a Florencia, por lo que se denomina también síndrome de Florencia.
Considero que esta alteración de los sentidos se sufre siempre en mayor o menor medida cuando uno se coloca ante obras de arte de gran envergadura, ya que es esa magnificencia la que nos muestra nuestra pequeñez, nuestra cualidad de seres efímeros... sin embargo, durante estas últimas vacaciones en la ciudad condal he sentido dicha sensación de una manera mucho más patente por alguna extraña razón.
La primera ocasión fue en la visita al templo expiatorio de la Sagrada Familia. El exterior es un tanto abigarrado pero bastante hermoso y peculiar. No obstante, al acceder al interior por la fachada de la pasión elevé la vista para extasiarme con aquellas columnas arborescentes que forman una cubierta armoniosa y rica. El intrincado y laberíntico bosque de columnas me desconcertó así que me empezó a faltar el aliento y unas pocas lágrimas bañaron mis sienes. Luego me concentré en el pavimento desnudo y cuando me hube serenado pude seguir contemplando la basílica con total tranquilidad y regocijo.
En la segunda ocasión me encontraba visitando el Palau de la música catalana. Cuando accedí a la sala principal y caminé por entre el patio de butacas volví a sentir que perdía el equilibrio y me encontraba asaltada por las lágrimas, luego tomé asiento y me dediqué a contemplar las 18 musas que emergen del escenario. Pero la belleza visual se unió a la auditiva ya que la guía que nos acompañaba nos comentó que el órgano de principios del siglo pasado había sido reformado de manera que estaba automatizado y no era necesaria la presencia física del organista. Por tanto lo accionó y aquel maravilloso instrumento comenzó a destilar los acordes de Tocata y Fuga en Re menor de Bach por sus más de 4000 tubos. Es una pieza muy emblemática y muy adecuada para mostrar la acústica en aquella "cajita de cristal" que es el Palau ya que muestra crescendos, pianos, fortes y todo un repertorio de sonidos bastante representativo. Ciertamente fue un momento místico en aquel espacio modernista y plagado de motivos florales (en Italia el estilo modernista se denomina Floreale), por lo que entendí que la sala de descanso para los entreactos fuese también concebida para el descanso "visual" puesto que sus paredes carecían de ornamento alguno.
Tratamos de buscar la belleza y la perfección por todos los medios y cuando creemos hallarla esta nos atemoriza, nos parece artificial, producto de una ilusión, perversa. Supongo que todo ello es consustancial a la naturaleza caprichosa del ser humano.
lunes, 1 de agosto de 2011
Opus nº3: "Eternity doesn´t last forever"
Battlefield was a promise
Take your sword and follow me
Vow to stay with me
Cause nothing is what it seems to be
No. Nothing. Never
Follow me through your doubts and I´ll show you how...
I´ll teach you another way to look at the world
Don´t thank me it´s just something you should know
So, for example, rain is the clear blood of the clouds
Flowers are the wounds of the spring
And the wind...
Oh, the wind is the voice of nature
That silent melody from the fields
That cold whisper of a lonely spirit...
Can you hear it?
Within life there´s a monster called "Time"
It can be your best master or your worst enemy
But believe me, sometimes it´s simply a deception
Cause Eternity doesn´t last Forever
That´s true
No matter, but while loving or hating
You only want to keep alive that feeling
That´s how you tell yourself: "forever... trhough eternity!"
But Eternity doesn´t last forever
Don´t look back, come on, take my hand!
We´ll cross the forests of fear
We´ll swim in the river of sadness
Can you feel the fire?
Now your soul is burning
Maybe you are ready
Perhaps you are saved
Saved from that lie
Eternity doesn´t last forever...
I´m not a Goddess
However, I just want you to understand
Your pale fingers won´t touch the sky
Your eyes won´t see the Perfection
And Eternity doesn´t last forever...
Now go back, find your place and pay attention to this advice:
"Res, non verba"
miércoles, 27 de julio de 2011
Delirios vesánicos de una joven que, de cuando en cuando, se entretiene fingiendo ser actriz
María García es tímida, sensible e insegura. Sonríe mucho, baja la mirada y se ruboriza con frecuencia. Cuando acude a clases interviene en voz baja, como si no quisiera importunar al silencio con sus opiniones. María Elena Carpio tiene la efímera y quebradiza seguridad de quien ha pisado las tablas unas cuantas veces unida a la modestia crítica de quien sabe que no se dedicará a ello profesionalmente. Es capaz de ponerse frente a quien quiera escucharla y le es indiferente realizar una exposición acerca de la publicidad (en francés con fuerte acento parisiense) o bien un seminario acerca de las causas de justificación como elemento de exclusión de la antijuricidad en la conducta típica. María García sólo canta cuando sabe que nadie va a oírla, mientras escribe o hace las tareas domésticas, los prejuicios la frenan. María Elena disfruta cantando en cualquier lugar si se siente con fuerzas para ello. Elena adora conocer gente nueva y experimentar con ellos nuevas sensaciones, en especial si hay que subirse a un escenario, sabe que con ello crea Belleza, Arte y se siente realizada. Si María es escritora Elena Carpio se entretiene en crear personajes sobre el proscenio, meditar cada gesto y cada pausa. "Al fin y al cabo no nos diferenciamos tanto, yo también les estoy relatando una historia, les doy mi visión, sin mí el autor dramático no puede llegar a realizar su obra, soy intermediaria, pero también tengo un gran poder creador." le dice a María García. María se queda sentada mientras el resto baila, Elena se pone en pie y no le importa iniciar una conversación con quien se le aproxime e incluso improvisar algunos pasos descompasados. Cuando Elena baja junto al público, terminada la función, María le susurra sus fallos (es su más feroz crítica) ya que ha contemplado la escena desde fuera. María prefiere refugiarse en su soledad, Elena sabe que no está sola y admira la calidez de la compañía de sus compañeros de elenco. María se muestra tal y como es, Elena sólo aparece súbita y fugazmente, como los fuegos fatuos. "Elena, el día en que me esté ciñendo la toga, recordaré el eco lejano de los aplausos y la absurda nostalgia que te atenaza cuando pisas un teatro en el que actuaste tiempo atrás, hasta entonces, mientras sigas haciendo teatro, me harás feliz".
Los focos se apagan, la mentira ha terminado, ¿o quizá sólo ha empezado? Elena, vestida de campesina del siglo XVI compone una expresión pícara. "María, siempre estaremos ayudando a que la voz de los autores perdure en el tiempo, trataremos de no tergiversarla pero irremediablemente ponemos un pedacito de nuestra alma en ello y es precisamente en ese momento, cuando rozamos el deseo humano de trascender". María asiente, un escritor ha de leer, viajar, llorar, reír, ¡ha de vivir en suma si quiere dar contenido a sus escritos! todo ello enriquece su alma; al escribir colocamos algo de nosotros mismos frente a los demás, para ser juzgado, la exteriorización del actor tiene el mismo efecto, sólo que es aún más ostensible. María se ve reflejada en Elena y esa sensación le resulta confortamblemente agradable. "Vivam!" es lo único que la emoción le permite exclamar.
El Erpedio (IV)
Desorientación
Desde entonces y con el paso del tiempo, los Arkelios fueron gobernados por jefes guerreros. La estirpe de los Hashek se perdió, mas algunos quisieron recuperarla. Tenían suficientes motivos para mantener la línea divina generación tras generación, pero Kendra no quiso traicionar a la memoria de Yumi eligiendo otro Hashek.
Léin se marchó y con el paso del tiempo los Laerianos lo olvidaron. El dios guerrero quedó como una leyenda y de su paso por el país sólo permanecieron sus acciones, que mantenían vivo su recuerdo. Quizás volviese a reclamar parte de su país, de lo que era suyo por legítimo derecho. Sin embargo, esto sería interpretado como una señal, una profecía viva y reconocible ante la desaparición de Ayumi y de Yumi. Tal vez, su vuelta significase la nueva búsqueda de El Equilibrio, el nuevo duelo entre Luz y Oscuridad que nunca terminó de completarse.
Las obras de Kendra
Kendra no se resignó a aceptar la pérdida de Yumi, mas al contrario, decidió congelar el alma de su Elegida para que pudiese volver llegado el momento de la revancha. Eligió ocultarla, mantenerla en secreto con la esperanza de poder recobrarla. Aquel día Kendra se convirtió en la maldad inexpugnable. Cuentan que Kendra, antes de marcharse, dirigiose a sus hijos y dioles un consejo para evitar que luchasen entre sí y consumiesen su pueblo con intrigas y conspiraciones: “Habéis de respetar a vuestros semejantes por razones evidentes, no os enfrentéis a ellos, cumplid eso por siempre.” Y rogó encarecidamente que cumpliesen esta enseñanza suya por encima de cualquier otra.
Sin embargo, el espíritu de Yumi no vagaría errante por la eternidad sino que quedaría sellado en el arma definitiva y colosal. Un arma que conferiría un poder extraordinario y temible a quien la portase. Creó Kendra con su poder la espada de El Caos, que garantizaría la victoria a los Arkelios. La empuñadura, dividida en tres partes y esculpida en amatista fue escondida en los confines más recónditos y los elegidos deberían afrontar su búsqueda como prueba. No creó Kendra hoja para tal espada, pues pensó que cuando la ocasión lo requiriese ella la haría aparecer, quizás forjada en la lluvia, una hoja grisácea de plata pura cayendo del cielo gota a gota.
En la explanada más escondida del bosque, allí enterraron a Yumi. La planicie almacenó todo el poder que Kendra quiso darle y desde entonces y durante la eternidad se han venido celebrando allí sus ritos.
En cuanto a Kendra, muchos cuentan que se marchó lejos de Leruey, volviendo sólo en contadas ocasiones, tal vez sólo lo hizo para reencontrarse con Léin, al que seguía amando profundamente, pero Luz y Oscuridad están destinadas a enfrentarse para siempre, y eso también sucedía entre ambos.
Aún así, la guerra es la guerra y desde la muerte de Yumi Kendra se sentía vacía y deseaba venganza. Amor y odio suelen estar inspirados por el mismo objeto y entre ellos sólo media un paso.
El apellido Hashek sería defendido y honrado a sangre y fuego, e incluso mantenido a buen recaudo si la unión incluso debía producirse entre miembros de la misma estirpe. La pureza de la raza, la limpieza de la sangre, se convirtieron en la obsesión de todos los Arkelios.
Los más valorados fueron aquellos que presenciaron el nombramiento de Kendra, Arkelios puros que lucharon a las órdenes de Yumi, la primera Hashek. Mientras que los que contra ella conspiraron convirtieronse en traidores y su linaje quedó maldito para siempre.
Yumi parecía velar por todos ellos. Su cuerpo, que yacía en la llanura de Kendra ta Selster era lo único que tenían, su único vínculo con lo sagrado y divino. Yumi como enviada de Kendra, así la sentían.
Reinado tras reinado, los Arkelios esperaban el momento designado por los dioses para la gran batalla y que los nuevos elegidos afrontarían. Regresarían Léin y Kendra y la guerra se retomaría, aquel que uniese las amatistas de Kendra y esperase su tempestad apocalíptica sería el nuevo señor de Leruey. Siglos o milenios, no importaba, el rencor acumulado estallaría, heriría, desgarraría, el miedo acecharía nuevamente, pues el futuro sólo es el reflejo del pasado.
La raza de los siete clanes
En el momento en que los primeros Arkelios coronaron el monte y la cumbre de Leruey, no sólo hallábase con ellos la grandísima Hashek, sino otros linajes y estirpes divinos y sagrados, que reconocidos por la propia Kendra y amparados por su favor se hicieron intocables. Sería su obligación mantenerse puros durante la eternidad, y dar ejemplo.
Sin embargo, habían de mostrarse inferiores a los Hashek, independientes de ellos y colocarse en un estado medio en el que su vanidad no actuase por ellos, y, a su vez, que su humildad no fuese tal que no honrase a sus ancestros. Así, la Diosa distinguió siete clanes que ayudarían y asistirían a la Hashek sin sobreponerse a ella. La protegerían a toda costa con su vida, y cumplirían todo lo que ella ordenase, a sabiendas de que, a falta de Kendra, la Hashek era su única conexión con ella.
Advirtioles Kendra de que, si los Hashek perecían, como estaba dispuesto y escrito en su destino tarde o temprano, ninguno de ellos osase ocupar su cargo, pues sus méritos eran muchos, pero nunca suficientes para igualar a un Elegido, cuyo dominio sobre el mundo nacía únicamente de su poder y de su divinidad, que simbolizaba las esperanzas de todo un pueblo, y sus designios y voluntades habían de ser acatadas, al tiempo que gestaba la guerra y alumbraba victorias.
Sucedía que, aquellos siete clanes daban entre su progenie y estirpe herederos puros del título de los primeros Arkelios reconocidos por la celestial emperatriz. No así los Hashek, cuyos descendientes podían no heredar la fuerza y los poderes que les serían reclamados, pues un Hashek es una aparición espontánea y necesaria dispuesta por la línea de los acontecimientos y los deseos de nuestra Diosa Madre para salvaguardar el rumbo, mantener El Equilibrio y terminar para siempre con el sagrado y obligado enfrentamiento que sólo incumbe al Bien y al Mal.
Por ello, los verdaderos y primigenios Arkelios son los que encarnan la figura ideal de Seguidores de Kendra, quienes tuvieron la fortuna de ver sus gracias y sus bondades para con ellos, y a partir de ellos se sucede la raza Arkelia.
Entre los siete clanes están los Eifrienel, amplia representación del honor, bravos guerreros, valientes, llenos de coraje y fieles guardianes y protectores de los más débiles. Aún hay quien asegura que, pese a lo sucedido, la mejor y más provechosa unión jamás producida sería la de un Hashek y un Eifrienel, el encuentro del honor terrenal y celestial.
Los Kenarden, hechiceros que ayudaron a Kendra para que forjase la espada de El Caos, en los que la emperatriz celestial puso toda su confianza, pues poseían amplios dones para la clarividencia y la adivinación. En esta tarea los Yalatse se encargaban de ayudarlos, gran estirpe de sacerdotes al igual que los Kenarden. Los Koinel, verdaderos estrategas y grandes soldados que organizaban las huestes Arkelias para obtener la victoria. Los Nuiarale, los mejores herreros del reino de Leruey, creadores de las temibles armas que con orgullo esgrimían todos los Arkelios. Los profetas cuya misión consistía en interpretar los augurios y auspicios de los oráculos eran los Seintinel, sus predicciones llenaban de esperanza al pueblo Arkelio. Finalmente, los mejores comerciantes, diplomáticos, armados con su poderosa retórica y capaces de manipular los sentimientos y las emociones de las masas, se introducían discretamente en la corte y allí hacían prosperar la influencia Arkelia, el linaje de los Zeirenel.
Sin embargo, la armonía entre estos siete clanes no duraría para siempre.
viernes, 22 de julio de 2011
El lado oscuro del efecto Pigmalión
El efecto Pigmalión toma ese nombre del famoso mito griego por el cual el famoso escultor de dicho nombre creó una escultura de una mujer tan perfecta que se enamoró de ella. Finalmente Afrodita, apiadada y con el objetivo de que triunfase el amor le concedió a Pigmalión su deseo de que se convirtiera en una mujer real. Una vez sabido esto es sencillo comprender en qué consiste el efecto Pigmalión en el ámbito psicológico, laboral y estudiantil. A mi modo de ver no deja de ser una muestra más de determinismo, no tan radical como el de Zola, pero determinismo al fin y al cabo. Lo que viene a decir este efecto es que las expectativas u opiniones de las personas que nos rodean nos influyen precisamente en el sentido positivo o negativo en que estén formuladas. Personalmente no es algo con lo que esté de acuerdo y me parece una clara muestra de lo fácilmente influenciables que podemos llegar a ser. De hecho, un estudio reciente ha demostrado que las langostas toman decisiones a la hora de actuar de manera similar a cómo lo hacemos los humanos en el seno de las redes sociales. Si se analiza en profundidad el consabido efecto puede resultar perverso y cruel. En cierto modo no deja de ser una asunción de expectativas ajenas, lo cual supone una presión externa que resulta intolerable, ¿cuál es la frontera entre lo que uno espera de sí mismo y lo que los demás esperan de ti? es claramente una línea muy difusa. El síndrome de hikihomori por ejemplo, que sufren algunos adolescentes en Japón es un exponente representativo de lo que puede ocurrir cuando las expectativas ajenas se asumen como propias. Aunque la confianza que nuestros allegados depositen en nosotros pueda suponer una motivación, el efecto Pigmalión demuestra que a la larga puede suponer una alteración del rol que vamos a asumir en un colectivo. Por ello quizá lo más sensato sería comprobar la evolución que estudiantes, compañeros etc. tienen en su trabajo y a partir de ahí tratar de reforzar sus carencias o alabar sus aptitudes sin llegar a atosigar en exceso.
lunes, 18 de julio de 2011
Momento lúcido de una jurista en formación aún no corrompida
Dicen que la justicia española es como el humor inglés, pocos la entienden y quienes lo hacen se ríen de ella. Yo entiendo algo de ella (aún estoy en proceso) y no me río, todo depende de cómo se entienda o se quiera entender. La sociedad es una fuente del derecho (costumbres y prácticas que se elevan a normas jurídicas), pero no puede ser un lobby que trate de imponer sus preferencias indiscriminadamente; el derecho ha de avanzar al compás de esta, pero la sociedad no puede tratar de cambiar bruscamente sus reglas ni cuestionarlas sin motivo. Para que el derecho sea eficaz es necesaria una sociedad culta, participativa y respetuosa, ya que entre ambos existe una simbiosis irrompible. Por tanto, no se trata de que los juristas sean unos desalmados sin corazón, el derecho ha de ser lo suficientemente aséptico e imparcial para lograr la concordia, la armonía y la perfección social, cosa que nuestros instintos y pasiones profundamente humanos a veces nos impiden apreciar. El derecho precisamente trata de erradicar o mitigar esos institntos que afloran súbitamente en el núcleo social y dan lugar a las más deplorables atrocidades. Ante un hecho de tal calibre el instinto humano aprobaría la venganza, pero eso nos llevaría a un estado primitivo como el estado de la naturaleza de Locke, de ahí que el derecho sea necesario para lograr la libertad democrática. El derecho (o la Justicia) ha de ser un ente luminoso que recta y racionalmente guíe y ordene nuestros actos, de ahí que la pena de muerte y la cadena perpetua no sean compatibles con la Constitución. Toda condena ha de respetar la dignidad humana. Dignidad, eso que quizá nos distingue de los animales y que es un axioma inherente a la naturaleza humana, ¿qué es un ser humano despojado de su dignidad? ¿querría seguir viviendo? Lo que ocurre es que la sociedad tiende a apoyar masivamente al injuriado, al más débil y no se detiene a estudiar la posición del acusado cuya presunción de inocencia es vital. Es precisa la empatía, cualquier presunto delincuente es un ser humano por encima de las diversas circunstancias concomitantes que lo hayan llevado a delinquir. El derecho ha de estar por encima de nosotros, si olvidamos eso estaremos despreciando su verdadero valor y su concreta finalidad.
viernes, 15 de julio de 2011
Opus nº2:"Learning to hate"
Moon is a pearl in the sky
A white teardrop in the “ciel”
Oh, mother of night, keep looking at me
It´s time to hold this sweet sacrifice.
You will never love me, will you?
At least as the angels need…
You broke my wings now I´m turning into a demon
I cannot stand this painful dream
Nobody taught you the meaning of dignity
So, maybe it´s my turn
Even though pureness won´t come back
I´m gonna kill you slowly
While you are searching for the Truth
Yes, it´s hidden in the darkness of my eyes
I´m gonna kill you slowly
While I hate you this crystalline spring is blooming
Your soul is insignificant, only your blood can feed the flowers
How can my sword reach your chest?
Perhaps a last kiss would open the way, don´t stain it with dirty desire…
Ah, slept in my arms you look like a frightened kid
Lost in life, madness seems to be the salvation…
A white teardrop in the “ciel”
Oh, mother of night, keep looking at me
It´s time to hold this sweet sacrifice.
You will never love me, will you?
At least as the angels need…
You broke my wings now I´m turning into a demon
I cannot stand this painful dream
Nobody taught you the meaning of dignity
So, maybe it´s my turn
Even though pureness won´t come back
I´m gonna kill you slowly
While you are searching for the Truth
Yes, it´s hidden in the darkness of my eyes
I´m gonna kill you slowly
While I hate you this crystalline spring is blooming
Your soul is insignificant, only your blood can feed the flowers
How can my sword reach your chest?
Perhaps a last kiss would open the way, don´t stain it with dirty desire…
Ah, slept in my arms you look like a frightened kid
Lost in life, madness seems to be the salvation…
miércoles, 15 de junio de 2011
Microrelato finalista en el concurso "imagina 2109" convocado por la editorial seix-barral
Aliena se sobresaltó al oír el timbre y supo que se trataba del repartidor que venía a entregarle su robot infantil. En los últimos años la Humanidad estaba sufriendo una epidemia de esterilidad que los científicos no sabían explicar. Tal vez se debiera a los componentes de las armas químicas empleados en las sucesivas guerras o simplemente a la desesperanza de ver cómo el mundo se consumía en su desgracia. Al recibir fríamente la caja con las piezas del bebé por parte del repartidor sonrió con nostalgia. La especie se extinguiría pero el ser humano deseaba seguir jugando a ser Dios, como un fabricante de grotescas marionetas.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Self-destruction
Odiarse. Odiarse frente a una misma, frente a los demás, frente al espejo. Despreciar tu timidez, tu inexperiencia, tus limitaciones, aunque tengamos la certeza de conocerlas. Amar y rechazar la soledad a un mismo tiempo, porque te enfrenta a tus miedos. Convivir con una conciencia que cuestiona cada paso, que te frena. Llorar sin motivo y mortificarse para sentir un alivio efímero que vuelve a sumirte en algo similar a la tristeza. Exigirse lo máximo, marcarse metas inalcanzables que sólo logras rozar levemente en sueños, buscar la perfección o la imperfección más perfecta. Dudar, volverse sobre los pasos y retroceder. No ser capaz de ser una misma, verse encorsetada por los demás y por el efecto Pigmalión. Coartarse, no poder alcanzar la perspectiva externa necesaria para obrar lógicamente. Luchar por un cambio interior aunque esto signifique renunciar a la propia esencia. Sentir el dolor que sólo puede producir la decepción que te causas a ti misma. Soportar la tempestad de emociones que amenaza con despedazarte y, pese a lo que pase, seguir.
Odiarse. Odiarse frente a una misma, frente a los demás, frente al espejo.
Odiarse. Odiarse frente a una misma, frente a los demás, frente al espejo.
domingo, 15 de mayo de 2011
La crueldad masculina
A mediados del s. XIV el escritor italiano Giovanni Boccaccio (autor del Decamerón) escribía un tratado breve pero feroz denominado Corbaccio (látigo) en el que criticaba los innumerables defectos de las mujeres a raíz de un desaire amoroso. Es bastante injusto que este escritor se cebase con el género femenino sólo a raíz del comportamiento de uno de los muchos amores que tuvo en su vida. Pero, ¿seguiría siendo igual de injusto si se invirtiese el signo? No soy feminista, pero sé cuándo y cómo es conveniente realizar un alegato. Tuve un profesor (reitero, no una profesora) que me dijo que si para lograr la igualdad era preciso ser algo feminista, él lo era. Es, cuanto menos, una postura bastante paradójica. No creo, por otra parte, que la "paridad" que está tan de actualidad sea una manera de alcanzar la igualdad. Puede que garantice una igualdad "formal" pero no "material". Es más, se me antoja una discriminación velada ya que resulta bastante triste que alguien ostente un puesto simplemente por su sexo, ya que por delante de éste deben hallarse las aptitudes y la valía de la persona. Sin embargo, hemos de admitir que el machismo (o sexismo, si me apuráis, para ser políticamente correcta) perdura, y está en los parámetros y elementos incluso más insignificantes. Nuestro lenguaje es sexista: el masculino plural se emplea de manera neutra, la palabra hombre designa lo que se podría denominar de una forma más genérica como "ser humano", hay profesiones que no admiten el femenino y el cambio debe realizarse con el artículo correspondiente e incluso existen determinadas expresiones vulgares o malsonantes que dependiendo de si aluden a los órganos genitales masculinos o femeninos pueden tener una connotación positiva o negativa. Una vez leí en un libro de Rosa Montero (la loca de la casa, muy recomendable, por cierto) que si el hombre se hubiese visto obligado a sufrir la menstruación en lugar de la mujer, nos habríamos encontrado a lo largo de la literatura con numerosas alegorías sobre la sangre y el menstruo. Es algo anecdótico y sin fundamento, pero que invita a la reflexión. Por otra parte, no hay que soslayar el papel que algunas religiones han atribuido a la mujer, como introductora del pecado original o de los males del mundo (piénsese en Eva y Pandora) de ahí que se pensase durante mucho tiempo que el dolor que la mujer sufría durante el parto era el justo castigo por el pecado original y una manera de redimirlo. Hombres y mujeres somos iguales en nuestra diferencia o diferentes en nuestra igualdad. Es cierto que los elementos fisiológicos, antropológicos y hormonales son un lastre o un condicionamiento que tenemos que asumir y del que no debemos desprendernos pero, juntos hemos de ser capaces de alcanzar la igualdad y la armonía si queremos hacer de este mundo un lugar mejor. Las mujeres somos quizá, más empáticas, intuitivas, reflexivas y tal vez por ello se nos ha tachado de débiles o incluso inocentes. Los hombres, por su parte, desde la Prehistoria asumieron la labor de la caza, la defensa etc. por ello tienen mejor orientación espacial y eso influye en sus cualidades matemáticas y científicas, por ejemplo. Estos defectos y virtudes no son exclusivos aunque sí es cierto que en cada sexo se hallan potenciados de alguna u otra manera. Independientemente de emitir juicios que nos lleven a una "guerra de sexos" de lo que se trata es de que ese conjunto de virtudes y defectos (masculinos y femeninos) sean capaces de equilibrarse con los del otro.
viernes, 13 de mayo de 2011
No hay lenguas muertas, sino hablantes inconscientes
Personalmente, siempre me ha producido un gran rechazo esa denominación que tilda de "muertas" a las lenguas clásicas, como si estas hubiesen perecido o se hubiesen disuelto con el correr de los siglos. Cualquier hablante de español debe saber que esta es, como tantas otras, una lengua romance y por tanto, hunde sus raíces en la gramática latina, que es la que le da su razón de ser. Lo mismo puede decirse de oras lenguas como el griego o el sánscrito, emparentadas entre sí y que forman parte de la familia indoeuropea. Por tanto, al hablar nuestra lengua "resucitamos" (si es que alguna vez han muerto) los étimos latinos de los que proviene. Una persona con exiguos pero suficientes conocimientos de etimología y evolución fonética (que son los que yo poseo) puede bucear en las estructuras sintácticas y léxicas de su lengua, conociéndola en profundidad y estableciendo con ella una profunda relación, de tal manera que esta pasa a formar parte de su estructura mental (no hay que olvidar que la lengua que manejamos condiciona en gran parte el discurrir de nuestras operaciones intelectuales). Por otra parte, estoy plenamente de acuerdo con la afirmación de Goethe de que, quien no conoce un idioma extranjero tampoco puede conocer el suyo. El conocimiento del latín como lengua clásica supone una gran ambivalencia, ya que se trata de una lengua que nos es cercana y consustancial pero alejada en el tiempo. Sin embargo, en la configuración eurocéntrica de la historia, cuando el Imperio romano alcanzó su máxima extensión, el latín se convirtió en una especie de esperanto (función que ahora está asumiendo la lengua de Shakespeare aunque a nivel mundial) que se esparciría determinando las posteriores lenguas europeas que surgirían. En aquella época el filohelenismo determinaba que el griego se convirtiese en una lengua propia de personas eruditas, y en muchas ocasiones en los círculos literarios, filosóficos etc se empleaba esta lengua como símbolo de distinción. El griego era la lengua de la cultura frente a un latín que se presentaba en su doble vertiente, el vulgar (empleado por la romanización al ser el hablado por los soldados) y el culto o literario, del que nos han llegado menos vestigios. Paradójicamente en la Edad Media sería el griego quien cediese el testigo al latín como lengua de la cultura y de la enseñanza. Cuando Roma conquistó Grecia esta se rindió en cuerpo, pero su alma (formada por su cultura, literatura, filosofía, lengua, arte, etc) penetró con fuerza en el sentimiento romano, arraigando y acomodándose a las exigencias de la sociedad romana. Por ello, la lengua griega permaneció embalsamada en las estructuras latinas y hasta hoy nos han llegado sus ecos: palabras que el latín tomaba intactas realizando una mera modificación fonética y que aún se mantienen como tal, otras han pasado a nuestra lengua directamente del griego también. Cultismos, semicultismos y palabras patrimoniales son la prueba viva de que el latín y el griego están muy presentes en nuestra lengua cotidiana.
Palabras como efeméride, epiglotis, anemia, talasocracia, agorafobia, biblioteca, litosfera, enología... y un sinfín más son puramente griegas. Otras como calendario, bélico, estío, hierro, agricultura, letra, caldo, abeja... provienen de un latín más o menos evolucionado. Tampoco hay que obviar las numerosas expresiones y locuciones latinas que perviven en nuestra lengua se hayan traducido o no: ipso facto, rara avis, a priori...
No podemos ocultar ni renegar de nuestros orígenes y, al fin y al cabo, somos esencialmente romanos
viernes, 6 de mayo de 2011
El Erpedio (III)
La venganza de Léin
Durante un tiempo fueron invencibles. Aquel pueblo nómada, natural de los bosques del norte arrasó como un huracán las tierras en su camino a la corte. Y como la sabia Kendra les había dicho, fueron muchos los que se les unieron, rindiéndose, soltaron las armas y se incorporaron a la Doctrina de Kendra. Y los que se atrevieron a luchar quedaron malparados.
Léin y Lerania no podían sino estremecerse ante tal matanza, y fue el propio Dios de la Luz quien dijo a su esposa: “No temas, yo solucionaré este problema, pues me siento culpable”. Lerania pensó que su esposo era el verdadero responsable, pero manteníase callada y prudente.
Para entonces los Arkelios ya estaban muy cerca, quizás demasiado, y se palpaba el Caos. Ayumi murió sin descendencia por lo que no había heredero y las intrigas se sucedían en torno a la corona, la situación les era favorable a los Arkelios.
Kendra quiso concretar aún más sus posibilidades y se apareció ante Yumi y le aconsejó lo siguiente: “Hija mía, habrás de saber que guerreando, ayudarás a tu pueblo, mas, ¿qué ocurrirá cuando ya no puedas hacerlo? Alguien deberá sustituirte.” De modo que Kendra aconsejó a su hija que se apresurase en buscar un heredero, pues ella era la verdadera princesa de los Arkelios. Yumi desoyó su consejo y continuó al frente de los ejércitos, mas Kendra no se cansó en recomendarle que encontrase a alguien con el que crear un heredero y que no se preocupase por el amor, pues no era posible tal sentimiento en épocas de guerra. Desde entonces se apagó el amor para los elegidos de Kendra, al igual que para Kendra se consumió el amor ante el rechazo de su amado Léin.
Así pues, llegaron a Senyesk, la ciudad donde estaba reunida la corte. Yumi irrumpió en el salón del trono del castillo, donde los ancianos consejeros lamentaban la muerte de la reina mientras buscaban una complicada solución. Yumi desenvainó su espada y amenazó con ella a los allí presentes: “No hay decisión que valga pues yo soy la esperanza de este país y su salvación, la legítima heredera.” Mentía, pero lo hacía con tal convicción que acataron su palabra y la creyeron. Kendra le mostraba el camino a seguir. Su expresión, los ojos desorbitados, el gesto airado, la postura imponente… la hacían invencible, y tanto se asemejaba a la desaparecida Ayumi que la vieron como una hermana esculpida en la sombra, nada más lejos de la realidad. Yumi se adentró en la sala hasta el corazón mismo, donde la esperaba el trono. Y en su delirio de poder inspirado por Kendra, sentose en él y experimentó el calor de su autoridad. Encandilaban su apostura y elegancia e imponían respeto.
Aquella Arkelia ya sentía en su paladar el dulce sabor de la gloria, casi acariciaba el armiño del manto real. Sin embargo, reparó en algo que por alto había pasado, la corona, de un oro puro con incrustaciones de piedras preciosas y quedó prendada de ella. Preguntose por el contrario, qué hacía aquel objeto tan preciado lejos de su propietaria. Dictaminó, pues, que era extraño que Ayumi no hubiese sido enterrada con aquella posesión suya tan noble y de tal valor simbólico. Creyó que quizás estuviesen velando a la antigua reina y embalsamando su cuerpo para el funeral en alguna recóndita estancia del palacio.
Mas detuvo sus reflexiones, ¿qué importaba aquello ahora? La corona era suya por entero. La tomó con manos tremulosas de pura emoción y se la colocó en la cabeza. Ya era reina de Leruey, con aquel simple pero importante gesto. Su reinado comenzaba, se abría para ellos una etapa de prosperidad, en la que ejecutarían a todos sus anteriores enemigos y lograrían el poder para Kendra.
Su reinado fue fugaz, Léin no permitió que diese una sola orden. El Dios, al ver la frialdad de Yumi al tocar la corona de su anterior elegida optó por obrar con celeridad y pagó con la misma acción a Kendra: la corona contenía un hechizo muy poderoso que acabó con Yumi de inmediato. Los que allí se hallaban viéronla caer fulminada y desprovista de sentido. Se desplomó Yumi y con ella las aspiraciones del pueblo Arkelio, los soldados de la Oscuridad penetraron en la cámara e iniciaron una sangrienta riza, acabando con los ancianos hechiceros a los que consideraban los autores de la muerte de la líder de su pueblo.
Empezó así una guerra de sucesión, la primera en la historia de Leruey, pero no la última.
La marcha de Léin
La guerra fue larga, cruenta y la victoria no parecía decidirse por ningún bando. De tanto alcance que incluso Léin y Kendra combatieron al frente de sus tropas. Lerania quiso cerrar los ojos ante aquella situación. El mundo que había creado parecía querer destruirse a sí mismo, poco a poco… finalmente y gracias a su poder Léin reprimió la insurrección Arkelia devolviéndolos a su origen en el norte. Leruey se había salvado, eso parecía, pero Lerania conservaba una enorme resignación pues no aprobaba la actuación de Léin. “Esposo, habéis de decirme, ¿por qué lo hicisteis? A tal extremo habéis llegado que no sé qué pensar de vos, jamás lo habría sospechado.”
Dejó Léin la espada y su ruda mano buscó la mejilla de Lerania, que, arisca, se retiró. “Mas, amor mío, me gustaría que supieseis que todo lo hice por vos. Mi amor no conoce límite alguno y sabed que si un laeriano mortal yo fuera, mi vida entregaría por defenderos.”
Secose Lerania una furtiva lágrima. “Ya no importa. No conocía yo la oscuridad hasta vuestra llegada, pareciera que vos la trajisteis, subordinada a vuestra Luz.”
Ofendiose Léin considerablemente, pero mantuvo la compostura. “Lerania, la Luz siempre conlleva Oscuridad, he de deciros…”
Lerania dijo: “¡Para eso preferiría no haberos conocido jamás!” Lerania lanzó al aire su melancólico llanto. En el siempre idílico Reino de la Luz Eterna, el ambiente comenzaba a crisparse y una leve neblina grisácea oscurecía el aire luminoso.
Léin trató de formular una promesa: “Oídme bien. Encontraremos otro elegido que soporte el peso de la monarquía”. Lerania murmuró: “Y morirá igualmente”. Léin sentenció: “Eso es Destino”. Lamentose Lerania: “Pues es cruel el hado”
Así se gestaría el dicho: “los elegidos de los dioses mueren jóvenes” y toda una serie de supersticiones hacia el Destino.
Lerania no podía olvidar la visión de su querido mundo asolado por la guerra y la desgracia, se sentía contrariada y lo único que podía hacer era culpar a Léin. Liberó, por tanto, sus sentimientos sin temor: “Léin, habéis de marcharos…”
Léin permaneció perplejo, recorrido por la mirada verde y pura de Lerania. Ella dijo: “No nos debemos nada el uno al otro y no os guardo rencor, si acaso lo sospecharais. Sin embargo, como sabéis este mundo es mío y ahora sé que debo controlarlo yo.”
Léin comprendió a su esposa y deseole suerte, besole la mano y marchose lejos. No retiró, en cambio, ni una sola de las muchas mercedes que a Leruey regalase en su momento, mostrando así su caballerosidad y su deseo de volver. Léin se marchó y los laerianos presintieron su falta, mas se encomendaron a su Diosa en aquella época de incierto destino.
Lerania decidió legar su poder en un consejo de ancianos y sabios, para dar sus leyes de forma segura, a fin de guiar y reconstruir la historia de Leruey.
Planto, juramento y venganza
Fue tal el desconsuelo del pueblo Arkelio, tal el desamparo por parte de su Diosa que sólo pudieron lamentarse. Dolía la pérdida y clamaba con fuerza la venganza, mientras tanto, el pueblo Arkelio se rompía y los ideales que Kendra había implantado parecían marchitarse. La elegía por Yumi subía en pesadas notas hacia la infinidad de la oscura noche, y con ella la desesperación: “Aunque la muerte cerró vuestros ojos, no apagará vuestro espíritu. Donde quede vuestra fiera estocada, permanecerá vuestra obra, para siempre recordada, oh, elegida de las Sombras. Nada llena vuestro hueco salvo la venganza, diosa que entre nosotros humanizada, voluntad de la oscuridad deificada. La gloria os espera y vuestro futuro retorno os purificará.”
Quedó tan sentido canto latiendo como una herida abierta y los Arkelios se obligaron a jurar, sólo la venganza los mantenía unidos por un hilo quebradizo, una última voluntad que su diosa les había impuesto silenciosamente.
Durante un tiempo fueron invencibles. Aquel pueblo nómada, natural de los bosques del norte arrasó como un huracán las tierras en su camino a la corte. Y como la sabia Kendra les había dicho, fueron muchos los que se les unieron, rindiéndose, soltaron las armas y se incorporaron a la Doctrina de Kendra. Y los que se atrevieron a luchar quedaron malparados.
Léin y Lerania no podían sino estremecerse ante tal matanza, y fue el propio Dios de la Luz quien dijo a su esposa: “No temas, yo solucionaré este problema, pues me siento culpable”. Lerania pensó que su esposo era el verdadero responsable, pero manteníase callada y prudente.
Para entonces los Arkelios ya estaban muy cerca, quizás demasiado, y se palpaba el Caos. Ayumi murió sin descendencia por lo que no había heredero y las intrigas se sucedían en torno a la corona, la situación les era favorable a los Arkelios.
Kendra quiso concretar aún más sus posibilidades y se apareció ante Yumi y le aconsejó lo siguiente: “Hija mía, habrás de saber que guerreando, ayudarás a tu pueblo, mas, ¿qué ocurrirá cuando ya no puedas hacerlo? Alguien deberá sustituirte.” De modo que Kendra aconsejó a su hija que se apresurase en buscar un heredero, pues ella era la verdadera princesa de los Arkelios. Yumi desoyó su consejo y continuó al frente de los ejércitos, mas Kendra no se cansó en recomendarle que encontrase a alguien con el que crear un heredero y que no se preocupase por el amor, pues no era posible tal sentimiento en épocas de guerra. Desde entonces se apagó el amor para los elegidos de Kendra, al igual que para Kendra se consumió el amor ante el rechazo de su amado Léin.
Así pues, llegaron a Senyesk, la ciudad donde estaba reunida la corte. Yumi irrumpió en el salón del trono del castillo, donde los ancianos consejeros lamentaban la muerte de la reina mientras buscaban una complicada solución. Yumi desenvainó su espada y amenazó con ella a los allí presentes: “No hay decisión que valga pues yo soy la esperanza de este país y su salvación, la legítima heredera.” Mentía, pero lo hacía con tal convicción que acataron su palabra y la creyeron. Kendra le mostraba el camino a seguir. Su expresión, los ojos desorbitados, el gesto airado, la postura imponente… la hacían invencible, y tanto se asemejaba a la desaparecida Ayumi que la vieron como una hermana esculpida en la sombra, nada más lejos de la realidad. Yumi se adentró en la sala hasta el corazón mismo, donde la esperaba el trono. Y en su delirio de poder inspirado por Kendra, sentose en él y experimentó el calor de su autoridad. Encandilaban su apostura y elegancia e imponían respeto.
Aquella Arkelia ya sentía en su paladar el dulce sabor de la gloria, casi acariciaba el armiño del manto real. Sin embargo, reparó en algo que por alto había pasado, la corona, de un oro puro con incrustaciones de piedras preciosas y quedó prendada de ella. Preguntose por el contrario, qué hacía aquel objeto tan preciado lejos de su propietaria. Dictaminó, pues, que era extraño que Ayumi no hubiese sido enterrada con aquella posesión suya tan noble y de tal valor simbólico. Creyó que quizás estuviesen velando a la antigua reina y embalsamando su cuerpo para el funeral en alguna recóndita estancia del palacio.
Mas detuvo sus reflexiones, ¿qué importaba aquello ahora? La corona era suya por entero. La tomó con manos tremulosas de pura emoción y se la colocó en la cabeza. Ya era reina de Leruey, con aquel simple pero importante gesto. Su reinado comenzaba, se abría para ellos una etapa de prosperidad, en la que ejecutarían a todos sus anteriores enemigos y lograrían el poder para Kendra.
Su reinado fue fugaz, Léin no permitió que diese una sola orden. El Dios, al ver la frialdad de Yumi al tocar la corona de su anterior elegida optó por obrar con celeridad y pagó con la misma acción a Kendra: la corona contenía un hechizo muy poderoso que acabó con Yumi de inmediato. Los que allí se hallaban viéronla caer fulminada y desprovista de sentido. Se desplomó Yumi y con ella las aspiraciones del pueblo Arkelio, los soldados de la Oscuridad penetraron en la cámara e iniciaron una sangrienta riza, acabando con los ancianos hechiceros a los que consideraban los autores de la muerte de la líder de su pueblo.
Empezó así una guerra de sucesión, la primera en la historia de Leruey, pero no la última.
La marcha de Léin
La guerra fue larga, cruenta y la victoria no parecía decidirse por ningún bando. De tanto alcance que incluso Léin y Kendra combatieron al frente de sus tropas. Lerania quiso cerrar los ojos ante aquella situación. El mundo que había creado parecía querer destruirse a sí mismo, poco a poco… finalmente y gracias a su poder Léin reprimió la insurrección Arkelia devolviéndolos a su origen en el norte. Leruey se había salvado, eso parecía, pero Lerania conservaba una enorme resignación pues no aprobaba la actuación de Léin. “Esposo, habéis de decirme, ¿por qué lo hicisteis? A tal extremo habéis llegado que no sé qué pensar de vos, jamás lo habría sospechado.”
Dejó Léin la espada y su ruda mano buscó la mejilla de Lerania, que, arisca, se retiró. “Mas, amor mío, me gustaría que supieseis que todo lo hice por vos. Mi amor no conoce límite alguno y sabed que si un laeriano mortal yo fuera, mi vida entregaría por defenderos.”
Secose Lerania una furtiva lágrima. “Ya no importa. No conocía yo la oscuridad hasta vuestra llegada, pareciera que vos la trajisteis, subordinada a vuestra Luz.”
Ofendiose Léin considerablemente, pero mantuvo la compostura. “Lerania, la Luz siempre conlleva Oscuridad, he de deciros…”
Lerania dijo: “¡Para eso preferiría no haberos conocido jamás!” Lerania lanzó al aire su melancólico llanto. En el siempre idílico Reino de la Luz Eterna, el ambiente comenzaba a crisparse y una leve neblina grisácea oscurecía el aire luminoso.
Léin trató de formular una promesa: “Oídme bien. Encontraremos otro elegido que soporte el peso de la monarquía”. Lerania murmuró: “Y morirá igualmente”. Léin sentenció: “Eso es Destino”. Lamentose Lerania: “Pues es cruel el hado”
Así se gestaría el dicho: “los elegidos de los dioses mueren jóvenes” y toda una serie de supersticiones hacia el Destino.
Lerania no podía olvidar la visión de su querido mundo asolado por la guerra y la desgracia, se sentía contrariada y lo único que podía hacer era culpar a Léin. Liberó, por tanto, sus sentimientos sin temor: “Léin, habéis de marcharos…”
Léin permaneció perplejo, recorrido por la mirada verde y pura de Lerania. Ella dijo: “No nos debemos nada el uno al otro y no os guardo rencor, si acaso lo sospecharais. Sin embargo, como sabéis este mundo es mío y ahora sé que debo controlarlo yo.”
Léin comprendió a su esposa y deseole suerte, besole la mano y marchose lejos. No retiró, en cambio, ni una sola de las muchas mercedes que a Leruey regalase en su momento, mostrando así su caballerosidad y su deseo de volver. Léin se marchó y los laerianos presintieron su falta, mas se encomendaron a su Diosa en aquella época de incierto destino.
Lerania decidió legar su poder en un consejo de ancianos y sabios, para dar sus leyes de forma segura, a fin de guiar y reconstruir la historia de Leruey.
Planto, juramento y venganza
Fue tal el desconsuelo del pueblo Arkelio, tal el desamparo por parte de su Diosa que sólo pudieron lamentarse. Dolía la pérdida y clamaba con fuerza la venganza, mientras tanto, el pueblo Arkelio se rompía y los ideales que Kendra había implantado parecían marchitarse. La elegía por Yumi subía en pesadas notas hacia la infinidad de la oscura noche, y con ella la desesperación: “Aunque la muerte cerró vuestros ojos, no apagará vuestro espíritu. Donde quede vuestra fiera estocada, permanecerá vuestra obra, para siempre recordada, oh, elegida de las Sombras. Nada llena vuestro hueco salvo la venganza, diosa que entre nosotros humanizada, voluntad de la oscuridad deificada. La gloria os espera y vuestro futuro retorno os purificará.”
Quedó tan sentido canto latiendo como una herida abierta y los Arkelios se obligaron a jurar, sólo la venganza los mantenía unidos por un hilo quebradizo, una última voluntad que su diosa les había impuesto silenciosamente.
La señal, el cuchillo o el aviso del karma
Ella observó sus manos cubiertas de espuma, se hallaba en mitad de un acto tan prosaico como el de fregar los platos tras una copiosa cena. Era algo tan rutinario y mecánico que su mente se distanció de ella y comezó a vagar entre desvaríos. "Alguien debe sentirse muy vacío si se abandona en los brazos de la muerte.-se dijo-Si sólo ansía volar a sus brazos para dormir el dulce sueño que lo aparte de la vida. Si sólo se siente vivo paledeando los últimos instantes de su existencia, aprovechando el estertor final". Jugueteaba con un cuchillo enorme que él había usado para cortar el queso de la cena y de repente, sintió que su hoja atravesó la tierna yema del pulgar de su mano izquierda reblandecida por el agua. El cuchillo se hendía cada vez más en su carne hasta que se le escurrió de las manos y acabó danzando sobre las baldosas, empapándolas. Percibió cómo el líquido elemento penetraba en su sangre, aguándola, y notó el dolor atravesándola como un rayo que la escindiese en dos. Su respiración se volvió irregularmente frenética y las lágrimas la obligaron a ahogar un suspiro que hinchió su pecho. Si jamás se ha sentido, amor, rechazo, cariño, apego siquiera... si no se ha golpeado la retina con la belleza, si alguien no se ha indignado, o encrespado por el odio... o peor, si alguien ha sentido la penetrante falsedad que inunda a todas estas sensaciones cuando son impostadas. Alguien así no ha vivido y busca resarcirse, busca un destino, un camino, aunque un cuchillo deba marcárselo. Ella lo comprendió y desde entonces la herida la atormenta y la guía al mismo tiempo.
jueves, 5 de mayo de 2011
La idealización como bálsamo contra lo prosaico y lo ajeno
Dijo Proust (me voy a tomar la licencia de parafrasear a este genio francés) que aquello que recordábamos no era exactamente lo que había ocurrido. Lo que me parece que quería definir el autor de En busca del tiempo perdido en esta frase era la idealización. Se trata de un recurso que el ser humano emplea constantemente desde tiempos inmemoriales para aliviar el peso de su existencia. La gran mayoría de las artes se basan en este recurso, sólo basta recordar los tópicos y cánones literarios, pictóricos, arquitectónicos y musicales, porque en general cualquier representación se aleja de la realidad y la idealiza. Cada ser humano vive en su propio mundo, en su burbuja y desde ahí contempla la realidad, sin saber si esta va a entrar en colisión con la de otras personas, ya que tenemos como entidades únicas una manera propia e intransferible de entender el mundo. Lo idealizamos todo: nuestros recuerdos, nuestra identidad, nuestros conocimientos... por otra parte, las grandes pasiones como el amor y el odio también se sustentan en la idealización. Al fin y al cabo son una visión distorsionada, unilateral y extrema que nos formamos de otra persona. Considero que la idealización no es sólo un locus amoenus de belleza y perfección, puesto que bajo su prisma se pueden dar las deformaciones más grotescas en todos los sentidos. Hay quienes se refugian en lo sombrío y lo lúgubre, como ocurría durante el Romanticismo. Pero la idealización es siempre un reducto en el que sentirnos seguros pese a la intuición de que esa frágil creación nuestra es falsa. Se trata de un método de protección frente a lo ignoto y lo que se escapa del radio de acción de nuestro propio universo.
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