domingo, 17 de junio de 2012

Cómo cambian las convenciones sociales

  He venido observando estos días atras que dado que se acercan las fechas veraniegas en las que el gran cómputo de los mortales abandona las ciudades para huir a la costa en busca de los baños en el mar y la tranquilidad de ser acariciando por los rayos solares, están proliferando los anuncios de cremas solares y toda suerte de ungüentos que son los que utilizamos en mayor medida estas fechas. Esto no es nada nuevo, cada estación tiene su tendencia en la publicidad de una forma u otra: en invierno se anuncian medicamentos para los resfriados y juguetes para las fechas navideñas, por ejemplo. 
  Lo que me llama poderosamente la atención es que los publicistas estén empleando las más agresivas técnicas de persuasión para que los consumidores (y normalmente el sector femenino) se preocupen por autobroncearse. Ya saben, anuncian cremas con pigmentos, toallitas o tratamientos con caña de azúcar que les proporcionarán "un agradable tono de piel" que podrán lucir ¡el primer día de playa! Yo normalmente el primer día de playa estoy blanca cual merluza, mi tono de piel es así y no me importa reconocerlo, es más, estoy a gusto con él. Es enervante que se someta a tal presión a los consumidores veraniegos que deben estar perfectos desde el primer día, cuando la lógica impone que si nos exponemos a los primeros rayos de sol después de todo un año sin hacerlo o haciéndolo moderadamente nuestra piel no va a estar precisamente bronceada y si lo está, lo más seguro es que no sea de modo natural.  
  En cualquier caso, se hace patente que las convenciones sociales evolucionan y que el proceso no siempre es satisfactorio. En nuestro mundo actual han aparecido enfermedades nuevas que se desconocían y la que mejor casa con el presente tema es la "tanorexia", es decir, la tendencia a tomar el sol o rayos UVA para lograr un bronceado perfecto sin estar nunca satisfecho con el resultado obtenido pese a tener una piel lo bastante curtida por el sol, a veces incluso anaranjada. 
  Recuérdese que desde la antigüedad clásica la tendencia era bien distinta. En Grecia y Roma lo que las mujeres buscaban era un rostro níveo y refulgente, llegando a usar polvos de albayalde, el cual contiene plomo y cuyo uso en cantidades elevadas puede ser mortal dando lugar a una intoxicación. En la Edad Media las damas llegaban a ingerir escayola o porcelana para lograr el efecto, dada la intoxicación que sufrían con dicho acto la palidez se instalaba en su rostro. Todo ello venía dado por el hecho de que inspiraba una diferencia de clase social. Las personas de piel blanca e inmaculada no trabajaban por sus manos, no se exponían al sol faenando en el campo y eso los hacía distinguirse de los estamentos más bajos.
  Hoy en día, las tornas han cambiado. Quien no luce un moreno uniforme se expone a que le digan que presenta un aspecto enfermizo. Por otro lado, parece ser que estas personas gozan de un status más elevado al poder pasar los fines de semana en su casa de recreo junto al mar, o bien al poder costearse las sesiones de rayos UVA necesarias para ello.
  Por otro lado hay que hacer hincapié en el aumento de casos de melanoma, el sol, como todo en la vida, es beneficioso si no se abusa de él. Por todo ello es sumamente inconsciente e incluso temerario que se busque el bronceado a toda costa eludiendo la protección necesaria porque lo marcan los cánones estéticos. Nuestra piel es para toda la vida y eso es algo que las convenciones sociales no pueden modificar.

1 comentario:

Leonardo Zech dijo...

Y yo que pasaba por aquí:

Interesante post. ¿Dónde encontraste la información del albayalde y la escayola? Es una mera curiosidad que llama la atención y que nadie hubiera comentado. Yo ni lo sabía. Buen trabajo.

Le echaré un vistazo detenidamente a tu blog. Las entradas se ven curradas.