domingo, 31 de octubre de 2010

Redescubriendo frases: Dust in the Wind y otras...

Soy consciente de que este artículo es uno de esos cuyo detonante es imprevisto y algo absurdo. Además es uno de esos escritos a los que se van agregando ideas fácilmente. Todo se debe a que mientras escuchaba una canción tan mítica como "Dust in the wind" después de un período largo sin deleitarme con ella, me llamó la atención en particular una frase de la letra: "Don´t hang on, nothing lasts forever though the Earth and sky". He ahí el valor de una frase. Yo podría vivir intelectualmente alimentándome sólo de citas trascendentales. Los grandes genios saben hacer que una frase se convierta en un imperativo, en una sentencia. Estas pequeñas perlas lingüísticas, más allá de su valor estético encierran un significado profundo que hay que desentrañar, y al que se le puede sacar mucho provecho. En concreto esta frase del tema de Kansas (literalmente: "no te aferres, nada dura para siempre excepto la Tierra y el cielo) nos muestra lo efímero de nuestra existencia, una existencia tan mínima a la que no debemos aferrarnos. Sin embargo, esa elipsis intencionada en la primera parte nos lleva a plantearnos una duda, ¿acaso podemos aferrarnos a algo, sean principios religiosos, morales, culturales etc, o todo perece y sólo el entorno que nos rodea puede ser el testigo mudo de nuestros vanos intentos por perdurar en el tiempo? Frases. Frases que nos acompañan, aconsejan y encandilan. Nunca o casi nunca soy capaz de recordar el autor de una cita, quizá porque lo importante es lo dicho (y todo lo que ello implica) y no quien lo dice. En esta línea sitúo una cita de Bob Marley (cuando la leí jamás pensé que él la hubiera dicho, parecía más propia de Sartre u otro autor así): "no vivas para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se sienta", tan afanados como estamos en destacar y adquirir notoriedad, quizás deberíamos aprender a ser consecuentes con nuestros actos y buscar el equilibrio. Otra lección de humildad: "la belleza es un reinado corto" (Sócrates), nada más lejos de la realidad, todo lo bello es efímero y esto nos hace comprender la fragilidad existente en la naturaleza. El lenguaje humano es el instrumento imperfecto que logra alcanzar mayor perfección. No me refiero a la belleza lírica o formal, sino a las múltiples variantes e interpretaciones que puede suscitar una frase, la riqueza de planteamientos y de ideas en este mundo es asombrosa. Para terminar dos frases que me encantan y que más allá de su hermosa poesía encierran un alto grado de veracidad. Ambas pertenecen a sendas canciones del grupo ALI PROJECT, la primera de ellas incluida en Kotodama ("el espíritu de las palabras" ) dice así: "hay personas que no se percatan de los lotos blancos que florecen en la oscuridad, sin embargo, los recuerdos nos visitan desde el futuro". Es cierto. A veces no nos paramos a observar esos "lotos blancos" que nos rodean porque nos preocupamos de cosas absurdas, demasiado por el presente aquí y ahora y no sabemos encontrar nuestro lugar, remontarnos al pasado o labrarnos un futuro, es preciso establecer prioridades. La segunda pertenece a la canción Ara waga ("piel áspera") y reza: "y así, el rey logró sobrevivir en los colores prohibidos de la luz". Este "poema musical" se merece un artículo propio que voy a publicar muy pronto, pues está plagado de simbolismo y la frase aislada carece de todo lo que le aporta ese maravilloso contexto ambiental.

jueves, 28 de octubre de 2010

Halloween y papá Noel

Hoy he tenido oportunidad de leer una carta al director de un lector indignado en uno de ésos periódicos de tirada gratuita. El lector se quejaba de que algo como "jalogüin", castellanizado a propósito, (que según él empezó como reclamo "discotequero", opinión que secundo) se estaba convirtiendo en una práctica habitual entre los jóvenes españoles. Personalmente pienso que las recientes declaraciones de la Iglesia en relación con la consabida fiesta están totalmente fuera de lugar. La solución no está en "sacralizar" la fiesta sino simplemente en no adoptarla. En España tenemos los huesos de santo y las visitas (obligadas o no) a las tumbas de familiares y seres queridos el día de todos los santos. Estas tradiciones pueden ser más o menos de nuestro agrado, pero tampoco tenemos por qué seguirlas o modificarlas. La globalización también tiene sus efectos negativos, y normalmente este proceso integrador mundial está liderado por los países con más proyección internacional, es decir, por las potencias como EEUU (de donde se ha exportado en masa esta tradición, aunque originariamente provenga de las islas británicas). Que yo sepa nadie se pregunta qué se hace en Ruanda, Malasia o Serbia por estas fechas, sino que centramos toda nuestra atención sobre determinados Estados que eclipsan al resto. Yo no me identifico con este nuevo invento que nos han encasillado, probablemente porque soy de otra generación. El problema es que los más pequeños en guarderías, colegios, institutos etc, bajo el pretexto de que es necesario conocer la cultura anglosajona (algo a lo que no me opongo) están asumiendo con el paso de los años esta celebración como propia. Los niños, seducidos ante esta tradición se disfrazan y buscan los caramelos, mientras que los comercios se frotan las manos y hacen su particular agosto con los disfraces, así que todo está conectado. Es una pena que nadie recuerde (o quiera recordar) que este mes es el propio de las representaciones del Don Juan y del Burlador de Sevilla, mientras que gran parte se prepara para salir perfectamente "ataviado" a divertirse la noche del 31 de octubre o para ver películas de miedo, cosa que no es poco habitual, aunque, eso sí, aprovechando siempre el pretexto de Halloween. Lo mismo ocurre con la tradición navideña de Papá Noel, aunque esta tiene un mayor "arraigo" en nuestra sociedad, quién sabe si Halloween lleva el mismo camino. Mientras tanto yo seguiré escribiendo la carta a los Reyes Magos y considerando el 31 de octubre un día como otro cualquiera en el calendario.

sábado, 23 de octubre de 2010

Yuki Kajiura, la compositora que no importuna al silencio

Voy a permitirme otra licencia musical para recomendar a una compositora que me encanta. Su nombre es Yuki Kajiura y también viene de la tierra del sol naciente. No sabría explicar por qué me gusta tanto la música japonesa, supongo que porque encuentro que el idioma tiene una cadencia especial, muy melodiosa, y además la música tradicional nipona está siempre latente. Kajiura nació en japón pero ha vivido parte de su vida en alemania, con lo que su música está muy occidentalizada y abierta a nuevos enfoques. Se graduó como programadora informática, pero se dedicó a la música a instancias de su padre. No obstante, Kajiura fue una niña precoz y compuso su primera canción al piano con 7 años de edad, que dedicó a su abuela. Desde el 92 debutó como teclista, arreglista y letrista en un grupo llamado See-saw, que actualmente está disuelto. Otros proyectos musicales son FictionJunction, un  grupo que está conformado en parte por vocalistas de See-saw y en el que Yuki compone y escribe las letras y Kalafina, con idéntica descripción. Ha sabido imprimir a su música un carácter propio y fácilmente identificable. Se inclina por los instrumentos de cuerda y viento y las voces operísticas. Su creatividad la ha llevado a "inventar" un idioma denominado "kajiurago" (go es un sufijo japonés que significa, lengua) que no tiene significación alguna (algo similar a lo que le sucede al "loxian" creado por Enya) sino que simplemente sirve para expresar una emoción, dando un toque lírico a sus composiciones y permitiendo que las letras se ajusten perfectamente a la métrica. Sus participaciones en la elaboración de bandas sonoras para animes han sido muy valoradas y han dado piezas míticas. Todos los fans coinciden en que sin la música de Kajiura esos animes habrían sido radicalmente distintos. Ha brillado con luz propia al componer la música para la "trilogía" de los estudios Bee Train. En realidad no es una trilogía, sino animes en los que subyacen elementos comunes. Yo la conocí a raíz de ver el anime "Noir" en el que nos encontramos a una Yuki Kajiura que crea una música innovadora, ecléptica, que mezcla lo clásico con lo moderno. Las melodías son profundamente centroeuropeas (especialmente francesas e italianas, países en los que se desarrolla el anime) llegando a usar el latín o el italiano antiguo para las letras. En los célebres y extensos silencios de este conocido anime, la música de Kajiura transmitía lo que las palabras callaban. En la segunda "entrega" titulada Madlax, me defraudó, puesto que su música no sigue una línea, sino que incluye piezas bastante desiguales y aunque trata de recuperar las innovaciones de Noir no logra conseguirlas. En el último anime "el cazador de la bruja" Kajiura retoma el espíritu monográfico y se centra en sudamérica, donde se desarrolla la historia, gracias a que realizó un viaje a Perú para inspirarse. La vocalista norteamericana, Emily Bindiger, ha colaborado activamente con ella, después de que Kajiura se prendase de su voz, lo que ha originado una profunda y fecunda relación profesional (a la manera de la que hubo entre Schiller y Goethe), la profunda voz de Bindiger termina de encumbrar composiciones genuinas como: "Forest", "Every time you kissed me" etc. Sin embargo, debo señalar que a veces comete excesos y el abuso de elementos electrónicos "deconstruye" en ocasiones sus melodías y que no consigue hacer un uso afortunado de algunos instrumentos, en especial el saxofón. Ahora es cuando os dejo juzgar a vosotros: 

video

Este es el tema de una de las protagonistas del anime Madlax, se titula Margaret. Se trata de un leivmotiv con personalidad propia y ritmo de vals, la letra está en kajiurago.

miércoles, 20 de octubre de 2010

El Erpedio (II)

El reinado del odio







Herida, desorientada, Yumi tuvo que acarrear con las culpas sin derrumbarse. Su orgullo estaba dolorido y su prestigio a punto de ser olvidado. No le importó que dudasen de ella, seguiría sola, mataría a Ayumi con sus propias manos y entonces sería la única reina del país. Se debía una venganza, porque las venganzas son un bálsamo para el honor.


Yumi trató de derribar aquellos dorados barrotes pero era imposible controlar aquella magia primigenia, aquel poder oscuro y desconocido. Necesitaba serenarse. Yumi tendría que buscarse de nuevo en aquella oscuridad impuesta. “Hemos de adjudicarnos lo que nos fue arrebatado” proclamaba periódicamente. Y lo que le habían arrebatado era el honor, la posibilidad de controlar El Equilibrio.


Yumi y sus esbirros coincidían en que ni Léin ni Lerania eran sus padres, no les debían nada. Aún peor, aquellos seres que se hacían llamar Dioses los habían condenado injustamente y eso era inadmisible. Así que, prófugos, se obligaron a seguir adelante. “Lo único que nos queda es el odio y el rencor, y no permitiremos que nada enternezca nuestra existencia. No hay vuelta atrás y el futuro no será posible hasta que salgamos de aquí. Hasta ese día, viviremos en el pasado y en el olvido”


Yumi siempre era escuchada atentamente. Sus palabras eran verdades y sus deseos promesas. Su verbo, claro, directo, la hacía triunfar. De lo único que se lamentaba Yumi era de no poder atraer a nadie más a su lado. Aquel exilio los apartaba, los había convertido en alimañas peligrosas a ojos de los demás. Pero Yumi no iba a permitir aquello.


Ahora la única duda que rondaba por la enfebrecida mente de Yumi era si estarían desahuciados por mucho tiempo más. Si Léin y Lerania no iban a aceptarlos, alguien tendría que hacerlo. Confiaba aquella guerrera de la oscuridad en que pronto alguien los acogería con los poderes que ellos tenían, que no rechazarían la pureza de su magia. Por el momento ella era lo más cercano a la divinidad que conocían, quien manejaba las fuerzas de las tinieblas a su antojo. Su carisma y confianza la apoyaban y estaba cargando a sus espaldas con todo un pueblo.


“Si nos atrevemos a dudar, estaremos perdidos” Yumi no desistía. Sus manos buscaban abrir la brecha de la liberación en aquel muro de luz, pero era imposible. Yumi no se daba un solo descanso y noche a noche enloquecía de rabia. Si dudaba no podría seguir adelante. Sorbía sus lágrimas de enojo y se obligaba a continuar.


Pero aquellos tristes amagos de valentía eran fugaces e insuficientes. Algo atravesó la mente de Yumi, haciéndole comprender que sólo la acompañaba la soledad. Quien se encuentre solo, nadie debe preguntarse por qué, nunca, pues eso significa el fin, la condena eterna. Pero Yumi lo hizo, se encontró preguntándose acusadoramente el por qué de aquella situación cuando las fuerzas casi ni podían sostenerla. Abrazada a un árbol, sintiendo sus latidos unidos a los de la naturaleza, se encontró, pues, lazando la pregunta al aire como quien dispara una flecha envenenada, pero antes de que pudiese olvidarla, evitarla, tropezó con una verdad absoluta: “porque es mi deseo”. Se detuvo un segundo mientras su mente seguía ahondando en la razón de su soledad. “No necesito a nadie y la confianza de tantos otros no es más que un mero ornamento”. Y dejose caer una vez más mientras que con la daga hendió profundamente la corteza de aquel árbol para buscar alimento en su amarga savia.


Pero la confianza no es más que un peligro encubierto, se adhiere a nuestras conciencias y pesa, hundiéndonos instante a instante en lo más profundo de la tierra y el olvido. La confianza es el eco, la voz muerta de una promesa que grita para ser escuchada. Esto Yumi lo sabía de sobra o lo había averiguado padeciendo sufrimientos.


Ya había habido varios rebeldes que buscaban el protagonismo y que insistían en que el propio peligro era Yumi, la habían intentado embaucar para reconocer sus aparentes errores y en los casos más extremos habíanse enfrentado a ella con la intención de matarla. Yumi los había aniquilado con facilidad. Su fortaleza la protegía frente a los demás que acataban sus órdenes con la sumisión del miedo al más fuerte. En su fuero interno sabían que Yumi era la culpable. Habían fantaseado con sacrificarla ante los ojos de Léin, disculparse con la mirada baja, las falsas lágrimas que buscaban una ternura y un arrepentimiento difíciles de mostrar. “Yumi está acabada, oh señor de la Luz, y perdonad nuestra mezquina duda, nuestro miserable comportamiento”. Y Léin, el Padre, los perdonaría como a ovejas descarriadas. Pero si perdían a Yumi lo perdían todo y Léin también podría traicionarlos como ellos lo traicionasen en su día. De modo que no se podía ser neutral: la victoria y la esperanza estaban en Yumi o fuera de ella, una guerra se gestaba.


Así que lo único firme que le quedaba a Yumi era su odio. El odio puro, frío, y prístino prepara a una mente ante la adversidad. Yumi odiaba, era su única forma de sentir… el resto de los sentimientos eran innecesarios y superfluos. De modo que Yumi lo tomó como algo real y tangible. Y todas las noches, es decir, siempre en aquella oscura y nocturna prisión, amenazaba a Ayumi en la distancia. “Sentid, pues, mi odio, que fluye en mi interior por cada fibra de mi cuerpo, sentidlo pues, oh Ayumi, y el dolor os hará estremecer, y poco a poco, no tendrá sentido tomar otra bocanada de aire entregada por Lerania, y os desvaneceréis para siempre” Yumi se esforzaba en canalizar su poder, su energía, su odio, tal y como su doctrina le indicaba. Era todo un reto, lo único que podía hacer.


Yumi sabía con certeza que si conseguía su propósito sería porque así debía ser, y su poder se consagraría como verdadero. Yumi seguía poniendo todo su empeño, aunque su esperanza menguaba, mas ¿Qué importaba? ¡Cuán cercana estaba su salvación y cuán lejana parecía!






De cómo nació nuestra salvadora y madre






En este sentido, Yumi desconocía la verdad, pues mientras estaba a punto de perecer, consumida en su odio y por el sentimiento de venganza, ambos tan similares, algo se agitaba en el cosmos, fuera y lejos de Leruey. Era una Diosa, una divinidad que había estado actuando discretamente y que esperaba entrar en escena muy pronto.


Conviene saber, entonces, que desde el principio de los tiempos Luz y Oscuridad han coexistido juntas. Desde que existe la Luz, la Oscuridad siempre estuvo para apagarla, y la Luz para volver a combatirla. La existencia y El Equilibrio son imposibles sin ellas dos como elementos creadores. Por ello, era justo, normal y necesario que Yumi naciera. Lo cierto es que, parte de los pedazos de aquel vidrio sobrenatural de la esfera primigenia y creadora engendrada por Lerania, al desprenderse hirieron a la diosa y de su sangre y su dolor surgió otra diosa, que se alimentaba de ellos como de dulce néctar.


Aquella diosa fue creciendo en soledad e incluso se enamoró del joven y apuesto Léin, que la rechazó. Despechada y dolida, aquella Diosa comenzó a tramar su propia venganza, y entraría al juego en cuanto las circunstancias le fuesen favorables. Se adentró en Leruey e insufló a Ayumi la atracción y la curiosidad por la magia negra, y después, creó a Yumi. Por tanto, Yumi era la hija de una diosa y lo más cercano a la divinidad para los hechiceros de la noche. Yumi era una parte mortal y tangible de aquella diosa que presentía su momento muy cerca. “Yumi está ya preparada-se dijo-y ahora yo he de usar mis poderes” Y en efecto, actuó con su poder nunca usado durante milenios… y cumplió el dicho: sólo un dios puede contradecir a otro y revocar sus obras.






La elección de la oscuridad deificada






Ocurrió que la barrera que aprisionaba a Yumi y los suyos se quebró en pedazos de luz. Estalló de forma colosal y un amago de amanecer inundó el bosque. Los tímidos rayos del astro de Léin apenas parecían querer importunar o atravesar el denso forraje, pero amanecía.


Yumi se sintió feliz en mucho tiempo, todo lo feliz que puede ser un corazón contaminado de odio… convocó a todos los demás que se agruparon como una horda exterminadora y salieron al exterior. La suerte parecía aliarse con aquel pueblo, puesto que supieron enseguida que Ayumi había muerto. Yumi se regocijó enormemente: “Oídme bien compañeros, y sabed bien que mis ruegos han sido escuchados, y ahora que sé que todo esto es un bien dispuesto por alguna autoridad celestial, habréis de saber que sólo se trata de una avanzadilla para la verdadera prueba que se nos depara” Por lo que decidieron prepararse.


La cima más alta de Leruey, el Arkia, albergaba, según los más sabios un poder infinito a aquel que la conquistase. Era por ello por lo que fue escondido en un lugar tan inaccesible, donde las ventiscas arrecian sin piedad. Y fue Lerania quien actuó con sensatez y desafió a sus propios hijos a desobedecerla mostrando una manifestación natural de poder tan enorme. Tamaña muestra de arrogancia invitaba a ser desobedecida y aquel fue el designio primero de Yumi y sus seguidores. No tenían miedo al saber que tantos habían dado su vida por la empresa, sino lo contrario, se veían capaces de llegar a cualquier parte con Yumi entre ellos.


Así fue como se prepararon por largo tiempo para escalar aquel escarpado pico, para sobrevivir y hacer historia. “Temblará este país, lo haremos palidecer de pánico”. Yumi exclamaba presa de un delirio de poder incontrolable y su pueblo la aclamaba como a una diosa. Así que, pertrechados, comenzaron la ascensión, que fue larga y penosa. Los Denios, que en su camino se cruzaron, no tuvieron otra cosa que hacer sino dejarles marchar. Aquellas criaturas hijas del fuego y de la roca se sintieron presionadas por la crueldad de Yumi que heló sus ardorosos corazones.


Aunque tiene el Arkia un corazón hirviente, las nieves perpetuas asolan su cima, y el hielo crea una capa cristalina pero impenetrable. Muchos perecieron en la subida, pero aquello sólo contribuía a aumentar el honor de los supervivientes. La cima cada vez estaba más cerca, casi al alcance de la mano, pero comprobaron que apenas quedaban provisiones y que sus fuerzas estaban tan congeladas como la ventisca.


Así pues, Yumi imploraba como nunca lo había hecho, su propia ambición los llevaría a la muerte. Caerían y entregarían su vida a la gélida montaña, como tantos otros. ¡Oh, cuánto se lamentó Yumi! Se sentía como una asesina y tan injusto era pues les debía tanto a sus seguidores, y todo por aquella maldita confianza que pusieron en ella… todos estaban condenados. Yumi tendría que haber emprendido la escalada sola y no haber arrastrado tantas vidas a su costa.


Yumi comenzó a llorar, y las lágrimas se petrificaron al instante en hielo puro hiriendo sus suaves mejillas. La preocupación de Yumi se incrementaba y tanto se arrepintió, tanto suplicó el perdón y se dio a ver como culpable, que habría conmovido hasta a las rocas. Yumi sacó de sí los sentimientos que nadie creía que tuviese, ante la cercanía de la muerte.


Fue entonces cuando lo oyeron, el aullido estremecedor de un lobo. Yumi se puso alerta mientras la sangre corría por sus venas más aprisa. Mientras tanto, agudizó el oído y se preguntó acerca de la existencia de aquellos animales en un lugar tan inhóspito como aquel, frío y a tanta altitud. “¡Sacad las armas! Les haremos frente sean cuántos sean.” No obstante no parecía plausible que una manada habitase en el risco. De modo que quizás era un lobo solitario del que no había que preocuparse. Escucharon como una fiera bestia se les acercaba resollando con fuerza, furiosa. Pero lo más extraño era que en tanto que creían tenerlo justo a sus pies el sonido desaparecía para oírse un poco más lejos.


Yumi creía que aquello era un castigo divino, una mala pasada, una visión… la ventisca se disipó de repente y la luna aclaró todo el paisaje, pero el frío aún cortaba la piel, lo que les hacía mantener el contacto con aquella realidad distorsionada. Cuando se percataron de la figura recortada, perfilada contra la luna llena, se maravillaron. Era una loba, una loba que había aullado su voluntad de encontrarlos. Mas su porte era gallardo y distinguido. Su pelaje, negro azabache, parecía veteado de plata, sus ojos eran de un gris profundo y su cola era una serpiente, una serpiente cuya cabeza los observaba con su mirada punzante de reptil. Tenía, además, unas oscuras alas de murciélago. Aquella criatura sobrenatural parecía juzgarles.


“¡Arrodillaos en este instante! Hemos encontrado la razón por la que escalamos esta hostil montaña…” Tanta fe puso Yumi en sus palabras que se hizo un respetuoso silencio. De modo que era eso lo que ocultaba la cima del Arkia… era un descubrimiento interesante. Yumi se acercó con sigilo pues no quería asustar a la fiera, ni siquiera hizo el gesto de desnudar la espada. La loba se levantó lentamente, mientras parecía estirarse, aumentar su tamaño. La loba volvió a aullar, pero fue un aullido aún más largo y contenido, quizás entremezclado con un grito femenino… aquella loba se transformó en una mujer.


En aquel momento Yumi se arrodilló y la fría nieve acuchilló su piel por debajo de sus gruesos ropajes. Yumi supo que aquella criatura era su salvación, lo supo, lo comprendió y lo aceptó íntegramente. La desconocida era de una piel extremadamente pálida, reforzaba aquella sensación el reflejo de la luna en el hielo, sus ojos lobunos eran grises como la plata pero conservaban algunos ribetes negros. Su pelo era largo, espeso y se rizaba salvajemente azotado por la brisa invernal.


El silencio se heló, sin embargo Yumi supo que la espera no sería muy larga y que resultaría fructífera. La desconocida los miró con algo de orgullo y preocupación. “¡Hijos de mi poder y de mi magia! Sabed pues que vuestras desgracias ya han terminado”


Alzó Yumi la mirada, ya reconfortada. “mas, ¿Quién sois vos?” La diosa saltó a donde estaba Yumi y la hizo levantarse. “Yumi, has de saber que mi nombre es Kendra y soy la diosa de la Oscuridad, y, a partir de ahora vuestra Madre. Velaré por vuestra seguridad, pues os he elegido como pueblo.”


El honor que sintió Yumi era tan ardiente que podría haber fundido toda la nieve del Arkia. Kendra se acercó y atusó el pelo de Yumi, luego la abrazó, aunque sus gestos distaban mucho de ser dulces y maternales. “Eres mi hija, Yumi. Te creé de la mente de Ayumi y he sido yo misma quien ha acabado con la vida de esa falsa elegida de Léin” Kendra pronunció aquella frase amargamente, con resignación, como si removiese hechos del pasado que convenía olvidar. Yumi se sintió indefensa ante aquella deidad, tan fría, tan impasible. Pero poco a poco descubriría que las tinieblas transforman radicalmente.


Yumi experimentó algo de miedo pues es de sobra conocido que los dioses son caprichosos y que su poder los hace aún más indecisos. Temía, pues, que en cuanto Kendra así lo estimase oportuno todo terminaría para ellos.


“Hija mía, aún más, Elegida mía, serás mi Hashek” Y es que en aquel lenguaje apenas recordado sonaba de nuevo en los oídos de Yumi, por ello tomó el sobrenombre de Hashek y convirtiose por tanto en Yumi Hashek, guerrera de las sombras, elegida de la oscuridad, emperatriz de la noche y tantos epítetos heroicos recordados con nostalgia. “Y ahora, escúchame. Os conduciré a la gloria pues ahora que Ayumi yace en el Reino Eterno de la Luz es mi voluntad que tú seas la reina de este país y que lo hagas mío.” Yumi advirtió el egoísmo puro de las palabras de la Diosa pero se contuvo pues pensó que Kendra les recompensaría llegado el momento.


Así fue como el pueblo de Yumi se convirtió en el pueblo Arkelio, debido a su intento de alcanzar la cima del monte Arkia.


“No olvides que lo que has de hacer ahora es captar nuevos adeptos. Entiende pues que el horror ante el ataque del más fuerte hará que más de uno se pase a nuestro bando”. Y desapareció.


Encontráronse de nuevo al pie de la montaña y recelaron. Sospecharon de Léin, todo podía ser una estratagema. Sin embargo, fue Yumi quien de nuevo alentó al resto de Arkelios: “¡Vayamos al sur! Busquemos la corte de Leruey y confiemos en Kendra, pues si su palabra es sincera contamos con ventaja.”


Y construyendo su sueño en una nube de humo, sobre una mera esperanza se marcharon a la conquista del trono de Leruey.

Amor platónico

Escribo estas palabras para serenarme, dedicado a...
¿Quién eres? No lo sé. Lo único que sé es que podrías ser aquella melodía aterciopelada que me recuerda tu presencia, aquel atardecer en que siento mi pequeñez y mi vacío interno. Podrías ser esa lección a la que asisto sin atender, una divagación metafísica con la que intento acercarme a ti. Podrías ser ese personaje al que continúo buscándole un correlato real. Quizá no existas, quizá estés compuesto a retazos, como la Clodia de aquel escritor latino, o tal vez no... pero ya no sé nada, tu recuerdo eclipsa mi memoria. Como Eco sólo soy capaz de murmurar tu nombre, y como Narciso tú sólo estás embebido en la contemplación de tu reflejo... podrías ser el consuelo de mi alma, el remedio de mi nostalgia. Yo sólo me dedico a imaginarte como no eres, o como quiero que seas, pero esa ilusión, ese espejismo me basta para alimentar mi desdicha. Podrías ser... ¡podrías ser tantas cosas y sólo eres un amor irrealizable!

Conversaciones en el autobús

El otro día, (muy ambigüa, aunque socorrida esta expresión que puede referirse a "la semana pasada" o a "hace un año") volvía desde las cercanías de los juzgados de comprar un manual de Derecho Romano. Realizaba mi trayecto en autobús y me encontraba de pie justo enfrente de la puerta central, de modo que a mi derecha tenía una fila de asientos. La primera pareja de ellos estaba ocupada por dos hombres que rebasaban la cincuentena. Ambos comentaban la difícil situación político-económica por la que estamos atravesando en un tono bastante sombrío. Yo, mientras tanto, que no sé dar un paso en la soledad de las calles sin acompañarme de mi mp3 escuchaba esa maravillosa canción de Supertramp: Fool´s Overture, cuya suave cadencia al piano me permitía oír con claridad la conversación. Estaba de acuerdo, en parte, con ellos, había mucho paro y las nuevas generaciones no encontraban su sitio en el mercado laboral... sin embargo, puesto que este prodigio musical está aderezado con múltiples efectos sonoros (campanas, el rumor de una manifestación popular, etc) pude escuchar un fragmento del famoso discurso de W.Churchill: "We shall never surrender" es decir, nunca nos rendiremos. Esta frase me dio la respuesta, nuestra generación no debe rendirse ante estas nuevas vicisitudes. Sin embargo, la frivolidad hizo acto de presencia al acceder al autobús un par de chicas que debían contar más o menos mi edad y que venían discutiendo sobre si tal chico que era tan guapo las había aceptado o no como amigas en tal red social, todo esto trufado por numerosas carcajadas nerviosas y carentes de sentido. Comprendo (y no sería sensato por mi parte no reconocerlo) que cada franja de edad posee sus preocupaciones propias, pero algunas de ellas deberían tener fecha de caducidad, y dejar paso a problemas inherentes a la madurez. El problema estriba en que, a mi juicio, la juventud mantiene su actitud a lo largo de mucho tiempo, sin saber asumir otras. Claro que, por otra parte, me habría sorprendido aún más (y para peor) que las conversaciones se hubiesen intercambiado...

sábado, 9 de octubre de 2010

Todos somos Holden Caulfield

Es maravilloso eso que damos en llamar "madurez", especialmente si nos hace comparar experiencias y nos lleva a emitir dictámenes razonables enmendando antiguos errores. Rectificar es de sabios, sí, pero errar nos es consustancial a todos los mortales. Resulta que cuando estaba en 4º de la E.S.O. entre las lecturas obligatorias se encontraba la obra cumbre del recientemente fallecido Salinger, El guardián entre el centeno. Ya fuese porque no estaba preparada para captar el significado en profundidad que alberga la novela, porque la lectura era obligatoria, porque la hice sin ilusión o sin la ayuda de alguien que me ayudase a apreciar lo que realmente encerraba aquella historia... el caso es que el libro pasó por mi vida con más pena que gloria y lo juzgué de forma apresurada e inconsciente basándome en criterios nada fiables, normalmente estéticos. Esa nefasta visión perduró hasta que este año, en 2º de Bachillerato, al escoger la asignatura de literatura universal, me encontré con que Salinger y su celebérrima obra me aguardaban en el camino. Mi disgusto fue mayúsculo, pero, poco a poco, tras el análisis que de ella hicimos en clase, pude cambiar levemente mi opinión. Ahora todo lo veo de forma diferente. El personaje de Holden Caulfield es universal y entrañable porque arrastra preguntas y problemas con los que todos nos hemos topado, ¿quién no se ha sentido identificado (en cualquier etapa de su vida) con la sociedad o con algún aspecto de ella que ha buscado cambiar a toda costa, o al menos, ha soñado con ello? Pero lo que más admiro de Caulfield es su entrega a la infancia, su aprecio por la inocencia que esta representa, inocencia que ve peligrar en una sociedad corrompida por la hipocresía. Las cosas no han cambiado, en mi opinión, incluso, han empeorado, verdaderamente, hoy en día sería necesario un "guardián entre el centeno" que protegiese a la infancia para crear un sustrato social de provecho. Werther. Me acuerdo que un amigo y yo acabamos por comparar a Holden con Werther: ambos son soñadores, vehementes y ardorosos a la hora de mostrar sus emociones, tienen un amor imposible e idealizado, sufren, de alguna u otra manera, el rechazo de sus coetáneos y critican apasionadamente la educación de su época porque creen que no favorece a los niños que la reciben. Goethe y Salinger, 2 siglos de diferencia median entre ellos y nos plantean casi los mismos problemas. Problemas atemporales, sí, que precisamente por ser atemporales, parecen carentes de solución.

Una historia con personajes prestados...

Sucede que a veces codiciamos lo ajeno y en tal estado de enajenación nos hallamos que creemos que esa posesión externa nos pertenece legítimamente, sólo porque la anhelamos de una forma más vehemente en que lo hace su propio poseedor, ignorando si la aprecia o no. El caso es que un muy querido amigo mío, Roberto, está escribiendo una historia de corte fantástico a la que soy totalmente adicta, sus personajes tienen una profundidad psicológica y un vigor increíbles, y me atraen sobremanera. Me prometió que uno de los personajes femeninos principales respondería a mi vivo reflejo, y debo decir que está haciendo un gran trabajo. Yo le propuse, siguiendo su línea argumental, que me "prestase" a mi personaje y me permitiese escribir, al menos, un capítulo sobre ella, realmente se trataba de algo que llevaba maquinando desde hacía tiempo. Le dije que si le gustaba podía disponer de él cómo quisiese, aunque estuviese en otra perspectiva que la del resto de su relato. En fin, este artículo va dedicado a mi amigo, Roberto, y le agradezco que me dejase realizar este sueño literario. He aquí el texto:

CAPÍTULO: AMOR Y ESPIONAJE


Recuerdo que caminaba sin rumbo fijo por entre las tiendas del campamento de la Resistencia, quizás lo único que necesitaba era poner en orden aquella maraña de sentimientos que dominaba mi mente. Entonces, Royan se vino a mí haciéndose el encontradizo y me comunicó con una seria sonrisa que quería que fuese a verle a su tienda aquella misma noche, según él tenía algo muy importante que pedirme.


Me incomodaba tanto secretismo y desconocía sus intenciones, la curiosidad hacía mella en mí, sin embargo, la noche llegó, para mi alivio. Me presenté en su tienda aparentando tranquilidad, distraídamente, no quería hacerle ver mi nerviosismo ni mis dudas.


-Shirey,-comenzó sin contemplaciones-tengo una misión para ti. Una tarea que sólo puedo encomendar a una muchacha con tus aptitudes.


-¿Hablas en serio?-repliqué menospreciando su halago y apartando su mano de mi hombro, temía que algo así sucediese.


-Sí. Sólo podía confiar en ti.-continuó pese a mi disgusto-Necesito que te infiltres en el campamento de las tropas imperiales y consigas información para la Resistencia. Debes acercarte al jefe de los ejércitos, Norman.


Me puse a juguetear con mi pelo sólo para simular la mayor indiferencia frente a sus palabras.


-Dime, Royan,-quise mostrarle mi rechazo absoluto-¿este disparate se te ha ocurrido a ti solito?


-Partirás mañana al amanecer.-insistió Royan impasible.


-Está bien.-accedí acorralada-¿Lo sabe alguien más?


-No, y nadie más puede saberlo.-sentenció con un tono grave-Es una misión secreta, ¿comprendes?


-Pero, ¿qué le digo ahora a Sífer…?-pregunté con mirada suplicante.


-Cualquier cosa, lo que se te ocurra, me da igual.-comentó bruscamente mientras me conducía hasta la puerta dándome a entender que la conversación había finalizado-Por cierto, Shirey,-añadió con una pícara expresión-no te olvides de usar tus encantos. Ya sabes…


Cuando salí de allí estaba tan confusa que comencé a llorar presa de la impotencia. Ahora sé que mi intuición trataba de advertirme, aquella misión de espionaje haría tambalear los cimientos de mi vida.


Casi inconscientemente logré llegar hasta mi tienda. Sífer se percató de mi llanto y se quedó petrificado, me dolía engañarlo y preocuparlo innecesariamente, pero Royan ya me había advertido. Yo decidí aprovechar aquella erupción de lágrimas para tratar de “explicarle” el motivo de mi marcha.


-¡Oh, Sífer, es terrible!-exclamé arrojándome a sus brazos.


El correspondió a mi abrazo y hundió su mano en mi pelo, podía sentir su desconcierto.


-¿Qué ha sucedido?


-Royan acaba de decirme…-sollocé para darme tiempo, inventar mi excusa y creer aquella mentira que estaba construyendo-¡mi padre ha muerto!


Él volvió a rodearme con sus brazos más fuertemente que antes.


-Mañana mismo salgo para tratar de reconfortar a mi madre…


-Te acompañaré.-afirmó con seguridad sujetando mis manos.


-Gracias, pero… la Resistencia te necesita. Estaré bien, no te preocupes.-lo disuadí.


Sífer me miró con tristeza y cierta suspicacia, pero se resignó a aceptar la aparente veracidad de mis palabras.


Preparé mi equipaje y me deslicé hasta el lecho cuidadosamente. El amanecer llegó en un suspiro. Wtu coloreaba la aurora con una rosácea claridad. Coloqué en las alforjas de mi caballo todo lo necesario, monté y salí del campamento tratando de ahuyentar cualquier amago de añoranza. Llegué al campamento enemigo y contuve mi rabia y mis ansias por volver. Pero la Resistencia me necesitaba, necesitaba toda la información que yo pudiese recabar. Las empalizadas de madera amurallaban una enorme extensión de terreno y estaban decoradas con estandartes y banderas que lucían la heráldica del Imperio.


Me coloqué frente a las puertas y los dos guardias que oteaban el horizonte desde las torres de vigía me contemplaron sin ocultar su sorpresa.


-¿Qué es lo que buscas?-me espetó uno de los dos hoscamente-No queremos curiosos por aquí…


Sólo se oía la leve voz del viento, no tenía una respuesta y ambos soldados parecían impacientarse.


-Quiero alistarme en el ejército imperial.-comenté al fin como si alguien me hubiese dictado la contestación adecuada, yo sólo estaba interpretando.


Las pesadas puertas se abrieron con un desvencijado crujido al cabo de un instante. Me adentré en el campamento y me condujeron hasta un lugar en el que podría registrar mi nombre como nueva miembro del ejército imperial. Firmé en un pergamino con una oscura pluma de cuervo y luego me dispuse a dejar a mi corcel en las caballerizas.


Al abandonar los establos pude oír unas risas burlonas a mis espaldas. Seguí caminando sin darles mayor importancia, pero los cuchicheos que intencionadamente no eran convenientemente silenciados lograron que me enervase.


-¡Eh, tú, preciosa!-comentó uno de los más atrevidos-¿Qué estás haciendo en un sitio como este? ¿Has venido a alegrarnos mientras estemos de campaña?


Aquel desafortunado comentario provocó la carcajada general. Supe que tenía que tratar de pasar desapercibida pero yo no era inmune a la ofensa.


-Me temo que no.-contesté cuando se apaciguaron los ánimos-Sólo estoy aquí para cerrarles la boca a los imbéciles como tú.


El grupo de buitres que rodeaba a mi interlocutor lo azuzaba para que reparase su herido orgullo.


-¿Pero es que acaso sabes luchar, dulzura?-cuestionó en tono socarrón.


-Pues mira, creo que se me da mejor luchar que a ti declamar. Aunque eso es fácil.-solté despectivamente.


Sin esperar su inteligente objeción desenvainé mi espada y me abalancé sobre él, me tomé aquello como una especie de prueba para mostrarles a aquel hatajo de necios mi valía. Logró parar el golpe, pero yo lo asediaba con estocadas rápidas e impredecibles, que a duras penas conseguía detener. Yo lo aventajaba en agilidad por lo que en uno de sus amagos lo así del brazo y lo despojé de su arma. Sabía luchar con dos espadas porque Firo me había enseñado. No obstante, no iba a atacarle cuando estaba desarmado, simplemente le asesté un tajo cruzado a su frágil escudo de madera, lo único que le quedaba, que se quebró en cuatro trozos perfectos.


El estupor se generalizó. Miré a mi oponente con aire de suficiencia, él contemplaba los fragmentos de su escudo con una estúpida expresión en su rostro, finalmente había conseguido labrarme una reputación que me mantendría a salvo.


-Bueno, supongo que me merezco un puesto en este ejército…-medité en voz alta-Por cierto, me parece que esto te pertenece.-le tendí su espada.


Decidí que al atardecer me acercaría a Norman y tomaría contacto con él, sólo esperaba que no me resultase difícil. Había oído hablar mucho acerca de él, se había creado toda una leyenda en torno a su figura, ahora me disponía a averiguar qué había de cierto en todo aquello. Norman, el hermano de Firo, príncipe de Sinestesia, era un témpano de hielo. Según había oído nada lograba conmoverle, no obstante nunca había tenido la ocasión de encontrarme con él.


Cuando los declinantes rayos de Wtu caían sobre el campamento, recorrí todo el intrincado laberinto de tiendas hasta llegar a la más grande y lujosa que se hallaba en el centro. En la puerta había un par de guardias y varias antorchas que sumaban su dorada luz a la del crepúsculo.


-Quisiera hablar con Norman, por favor.-pedí.


Los guardias cruzaron una mirada de asombro y luego me escrutaron de arriba abajo, yo ya sabía que la respuesta sería negativa.


-En estos momentos está ocupado y no recibe a nadie.-expuso uno de ellos lacónicamente.


Suspiré, traté de buscar una manera de insistir que resultase convincente. Sin embargo, una voz proveniente de la tienda, cuyas órdenes no pude entender, lo cambió todo. Los soldados se apartaron y me hicieron una señal para que pasase al interior.


Norman estaba sentado en un escritorio delante de un pergamino, sin duda se hallaba en la tarea de escribir una misiva para alguno de sus hombres. Era tan distinto a Firo… poseía un aura melancólica y misteriosa y tenía, decididamente, el porte gallardo y apuesto de un príncipe. Levantó fugazmente la mirada de la carta y sus ojos oscuros repararon en mí, unos ojos de los que era imposible huir, como si atravesasen el alma y le arrebatasen todas sus emociones. Se levantó con suma delicadeza y en el corto trayecto que nos separaba su capa siguió sus movimientos con pulcritud, ondeando al compás de sus pasos.


-Lamento el trato que has recibido por parte de algunos de mis soldados, jovencita.-se excusó, tomó mi mano y me la besó gentil e inesperadamente.-Ciertamente, me has sorprendido con tu comportamiento. De hecho, iba a mandarte llamar, pero veo que te me has adelantado.


Sonrió mecánicamente, su amabilidad y su cortesía eran simplemente una coraza. Aquella sonrisa era una mueca, no reflejaba nada.


-Por cierto, ¿Cómo te llamas?-inquirió.


-Mi nombre es Shirey.-dije, pugnando para que el rubor no conquistase mis mejillas.


-Así que, Shirey…-murmuró para sí con una encantadora dulzura que jamás habría sospechado por su parte-si estás aquí, intuyo que querrás decirme algo. Pero, permíteme que resuelva algunas de mis dudas primero.


Asentí en silencio, camuflaba sus mandatos tras una expresión de inocente condescendencia.


-¿De dónde eres? ¿Por qué estás aquí? ¿Dónde y cómo has aprendido a luchar así? Por último y lo más importante, ¿Sabes usar magia?


Ante aquel cuestionario supuse que recelaba de mi misteriosa presencia en el campamento y quería asegurarse. Inspiré hondo mientras componía la explicación que Norman deseaba oír.


-Veréis, Alteza, soy de Isla Menor. Estoy aquí porque los habitantes de mi pueblo apoyaban ciegamente a la Resistencia, al contrario que yo. Huí y he llegado hasta aquí. En mi opinión el Imperio reconducirá a Trantich a su antigua época de esplendor. Por todo ello, ahora me alegro profundamente pues puedo serviros a vos y al Imperio, como siempre he anhelado.-leí en su expresión una alegre admiración, pero Norman simplemente mostraba lo que no sentía y viceversa.-En cuanto a lo de cómo y dónde he aprendido a luchar… no sé qué contestaros, verdaderamente.-comencé a hacerme tirabuzones en el pelo, no podía evitarlo-Supongo que en la escuela de la adversidad…


Norman rió ante mi ocurrencia, me sentía más tranquila, parecía haber recuperado la seguridad y la confianza en mí misma de las que la primera mirada de Norman me había desprovisto. Pensé que probablemente había conseguido resultarle convincente, pero aquello era algo imposible de averiguar.


-Dime, Shirey, ¿Se aprende magia en esa escuela de la adversidad de que me hablas?-bromeó.


-Por supuesto que sí, Alteza, eso es algo imprescindible.-afirmé siguiendo su mordaz comentario.


Desde entonces, Norman me mantuvo junto a él sin que ni siquiera yo se lo hubiese pedido. Me pedía opinión para planificar las estrategias de combate del ejército, por lo que pude acceder fácilmente a unos datos que serían de vital importancia para la Resistencia: armas, número de efectivos y caballería, formaciones y colocación en orden de batalla… podía decirse que no sospechaba de mí en absoluto y si acaso lo hacía se estaba comportando de una forma muy atrevida. Yo no le era de mucha ayuda porque no quería hacer algo que pudiese perjudicar a la Resistencia.


Él se sentía cómodo en mi presencia, al igual que yo. Sin embargo, no daba muestras de intentar revelarme su verdadera personalidad. Algo me estaba ocurriendo. Si bien tenía motivos suficientes como para dar mi misión por terminada, algo me impedía abandonar el campamento. ¿Qué me retenía allí? Aunque intentaba engañarme yo sabía que Norman era la respuesta a ésa y a las muchas preguntas que me estaba planteando a raíz de mi estancia con el enemigo.


Quizá lo que yo pretendía era destruir la envoltura de Norman. ¿Qué había detrás de su elegancia? ¿Su pétreo corazón latía o había sentido alguna vez el amor, la compasión… o simplemente se nutría de indiferencia? Me exponía a muchos riesgos, pero algo me obnubilaba. Pese a que no estaba entre mis metas me propuse como objetivo desenmascarar a Norman. Él me atraía, suspendía todos mis sentidos de una manera tan sutil como mágica.


Una tarde en la que compartíamos confidencias en su tienda me atreví a preguntarle:


-¿Quién eres, Norman?-me había autorizado para que lo tratase con familiaridad y yo había accedido rápidamente.


Norman sopesó la pregunta y paseó su mirada vacía por la estancia. Adivinó mis intenciones y se limitó a sonreír con nostalgia sin ocultar su incomodidad, dejó que el tiempo transcurriese y que el silencio nos envolviese.


-Un corazón adiestrado para ser inmune al sufrimiento.-se definió al fin, no pudo permanecer impertérrito ante tal pregunta.


Aquel comentario suyo no me satisfacía, pero se aproximaba bastante a lo que yo había imaginado. No obstante, tras una pausa de reflexión, continuó:


-Eso era lo que yo creía ser, al menos hasta tu llegada… desde ese momento me lo he replanteado todo… Shirey,-se aferró a mi mano, que reposaba sobre la mesa-puede que tú y yo no seamos tan distintos, al fin y al cabo… has abandonado a tu familia, renegado de tus raíces, y ahora estás aquí conmigo… puede que tú…-el envés de su mano acarició mi mejilla-tú puedes hacer lo que nadie ha conseguido. Shirey, ¿serás capaz? ¿Querrás derretir la helada cubierta de mi yerto corazón?


-Pero, Norman, yo no…-me silenció con un beso.


Me había besado. Me había besado y aquel fugaz contacto entre nuestros labios había hecho que mi mundo conocido se escindiera irremediablemente. Debía sentirme feliz, pero aquel caos indeseado sólo hizo que de mis ojos brotasen lágrimas. La incertidumbre seguía asaltándome; ¿Qué sentía realmente Norman? ¿Qué sentimientos me daba a ver? ¿Qué era el amor? ¿Qué había sentido por Sífer? “Lo que te unía a Sífer era simplemente amistad, un esbozo de amor latente.” Me dije. Pero las preguntas eran simplemente tan contradictorias como sus respectivas respuestas.


Me había cazado. Estaba atrapada ente el amor y el deber, el Imperio y la Resistencia… y toda esa interminable y paradójica amalgama de contrarios que rige nuestras vidas sin que podamos luchar contra ello, eso a lo que llamamos Destino. Pero Norman me hacía sentir como la emperatriz de un Imperio incipiente, y había algo tentador en sus ojos, algo por lo que sucumbir se convertiría en un acertado error. ¿Por qué es tan despiadado el amor si se cruza en el camino del honor?


¿Qué debía hacer y qué era lo que realmente deseaba? ¿Desertar? Pero, ¿qué significaba eso? Mi ausencia se prolongaba ya demasiado y en la Resistencia muchos podían sospechar de mi deserción. Sin embargo, estaba en la frontera, no pertenecía a ningún bando, por lo que aquello carecía de sentido. Sólo podía dejarme guiar por mis sentimientos.


Una tarde en la que el ocaso presagiaba una despedida, me hallaba sobre la colina que dominaba el campamento. Sentía la caricia de una diáfana brisa que olía a tierra húmeda y observaba el conjunto de tiendas, no sentía siquiera indiferencia. Eso me asustó.


-No hay atardecer que no me entristezca. La noche triunfa y nos hace ver nuestra pequeñez, es desesperanzador.-reflexionó Norman con voz atribulada.


Había ascendido la loma sigilosamente y sin esfuerzo, aunque su presencia no me resultó extraña. Llegó hasta mí y me cogió la mano. Disfrutamos de la elocuencia de nuestro silencio, ambos sabíamos que empezaba a gestarse entre nosotros una distancia ineludible.


-¿En qué piensas, Norman?-cuestioné temerosa de su respuesta, pero aliviada al ver que había logrado descubrir su verdadero ser.


Se aferró a mi mano con mayor fuerza al tiempo que su mirada se perdía tratando de discernir su futuro más allá del horizonte. “¿Por qué eres tan diferente a lo que siempre me hicieron pensar sobre tu persona? Si fueses tan sólo como el retrato que todos se han empeñado en ilustrarme todo sería más fácil ahora. Mi alma no estaría fragmentada en añicos y seguiría anclada en ese falso pero idílico espejismo de felicidad que yo misma me creé”, medité ante una respuesta suya que no llegaba.


-Yo te amo, Shirey.-declaró arropándome en un cálido abrazo, intuía sus lágrimas y él presentía mi huida, sólo parecía querer retenerme junto a él.


-Yo también.-confesé sin poder evitar que la tristeza me recorriera, una pena compartida por los dos.


-Si es así, ¿Por qué vas a dejarme?-me preguntó con voz trémula.


Se separó de mí y el brillo de sus ojos era un furioso destello de angustia. Aunque me hubiese empeñado no podría habérselo ocultado por más tiempo, si me había protegido y no me había delatado pese a conocer mis intenciones… ¿acaso eran honestos sus sentimientos?


-Sé que te marcharás y conozco tus circunstancias.-su tono no era amenazante-Pero no me importan en absoluto, Shirey. Admiro tu arrojo y los riesgos que has asumido, porque para mí ha sido todo un placer.


-Norman, lo siento, todavía no sé qué pensar, estoy confusa, no sé si este es mi lugar…-acerté a murmurar con un hilo de voz.


-¡No trates de justificarte!-bramó Norman presa de una pena rugiente-Shirey, eres una magnífica guerrera, podrías formar parte de mi guardia personal, ¿qué piensas? No me abandones.-sus elogios ocultaban una súplica desesperada.


-No quiero, pero debo hacerlo. Norman, yo tengo honor…-me disculpé, una constelación de lágrimas se agolpaba al borde de mis ojos.


-¿Honor? Creía que me amabas, Shirey…-musitó decepcionado.


-¡Y lo hago!-me aferré a sus manos y nuestras frentes se tocaron-Te juro que has sido el único motivo por el que he permanecido aquí, la única razón por la que me he arriesgado…


-Shirey, te prometo…-Norman luchaba por retener un llanto de despedida-podemos ser muy felices, ¡Felices! ¿Te das cuenta de lo que has hecho? Yo desconocía la felicidad, pero tú, como una misericordiosa enviada celestial, me la has ofrecido. No quiero rechazarla, Shirey, por favor. Conviértete en mi emperatriz.


La emoción lo embargaba, desprendía lástima, estaba frágil. Traté de calmarlo con un beso para que no se envenenase con promesas imposibles.


-¿Por qué?-clamé entre sollozos-¿Cómo puedo odiar al Imperio y amar a su emperador, Norman? Lamento no poder convertirme en tu emperatriz…


Su expresión se endureció ante mi negativa, se limitó a besarme por última vez y lloró sin contemplaciones. Todavía hoy recuerdo sus lágrimas, las lágrimas de un emperador.


-Vete.-me ordenó con la rudeza con la que trataba a sus enemigos-No te atrevas a volver. Si te encuentro en el campamento mañana al amanecer te aseguro que te arrepentirás. Te acusaré de espionaje, Shirey, y no te valdrá ningún ruego.


Ahí estaba el Norman inclemente y despiadado que todos conocían, la otra cara de la moneda. Comenzó a descender la colina y me lanzó una mirada llena de compasión.


-Márchate.-me imploró esta vez en un suave susurro-No quiero verme obligado a cumplir mi juramento.


La luna se encaramaba sobre la llanura como si adornase el cielo, una gran perla bordada sobre seda azul. Norman me tendió la mano pero yo no había reconsiderado mi decisión, a pesar del dolor que me producía.


-Me iré, no quiero hacerte sufrir. Pero recuerda que si algún día dejamos de ser enemigos, nos encontraremos otra vez.


Salí huyendo sin dejarle tiempo a reaccionar, regalando al viento mis lágrimas. No quería oír sus intentos para persuadirme. Ensillé a mi corcel y cabalgué velozmente para alejarme del campamento y del recuerdo de Norman. La incertidumbre que había sembrado aquella misión en mi interior sólo podía ser resuelta en un campo de batalla, pero desde aquel entonces, nuestro absurdo enfrentamiento dejó de tener sentido para mí, ya no entendía por qué motivo luchaba.

domingo, 3 de octubre de 2010

El Erpedio (I)

En el proceso de creación literaria que estoy llevando a cabo para escribir El secreto de Leruey he tenido que remontarme en el tiempo hasta los inicios de este país imaginario y reconstruir su pasado. Por ello tuve que escribir una historia paralela que explicase las razones que provocan los enfrentamientos entre el Bien y el Mal en este país. Esta historia está recogida en El Erpedio, un libro religioso-moral que expone el pasado de una de las razas más importantes del país, de vital importancia para comprender el posterior desarrollo de los acontecimientos. Voy a comenzar a publicarlo aquí por entregas, si tiene éxito, puesto que no encuentro exactamente dónde colocarlo, espero que sea de vuestro agrado.

Aquellos que escribieron su historia en letras doradas… nos obligaron a escribir la nuestra con letras de sangre.

La falsa e idílica historia por siempre repetida 

  Cuando no existía el tiempo y todo lo real se circunscribía a una bruma incierta, la que creíamos nuestra Diosa Madre, hastiada ya, decidió crear un mundo que le honrase tributo. Así, concentró todos sus poderes en una esfera de apariencia cristalina entre sus manos y la hizo añicos después. En esa explosión se creó Leruey, y con esfuerzo creó la Diosa todo lo que vemos: los ríos, las montañas, el sol, la luna, las estrellas, los bosques… pero era el viento lo que ella dominaba mejor entre todas las cosas. Por tanto comandaba ella a los fríos vientos del norte y a los cálidos aires del sur, que eran un hálito de vida para aquella tierra incipiente, despertando así a los seres mágicos hijos de su poder. Antes de marcharse, formó la Diosa a unos seres que a su semejanza habrían de encontrar la forma de dominar la magia, los primeros Leruyanos. Estos débiles seres, al unirse a las otras criaturas que ya se habían posicionado en la tierra originarían las razas que hoy conocemos: Nérfilos, Denios, Arilsekielos, Korielfos, Forelelfos, Larkisos… hecho esto, la Diosa, agotada, se retiró a descansar.



Luego también se presentó la Diosa a sus hijos como su Madre Creadora, diciendo: “yo soy Lerania, vuestra Madre y este es vuestro hogar y el poder que puse en él. Ahora debéis marchar y hacerme sentir orgullosa y satisfecha.”Comenzó así un reinado justo por parte de Lerania.


Poco después avistó Leruey un Dios ambicioso y guerrero. Se maravilló de la perfección de aquel país y del fuerte poder que emanaba. No pudo por menos que preguntar a los lugareños de quién eran aquellas tierras. Los laerianos, pues, contestaban humildemente: “señor, estas tierras son de nuestra madre, Lerania, Diosa de los Vientos, la Sabia Creadora y de buenos consejos” Aquel Dios, que llamábase Léin, convino en que debía encontrar entonces a la autora de tal prodigio. Tras muchas andaduras la halló serena sobre una colina desde la cual soltaba sus poderes del viento como si diese al vuelo encantadoras aves. Léin quedose prendado de la Diosa y lo mismo le sucedió a Lerania. Así pues, ambos optaron por unirse y Léin se comportó como un padre para los laerianos. Les enseñó las artes de la lucha e incluso forjó para ellos armas y escudos. Usó su poder de la Luz para fortalecer la magia interna del joven Leruey e hizo un Reino Eterno de Luz en el cual se depositaría toda la magia y en el que las almas de aquellos que perdiesen la vida podrían renacer, reposar y desde ahí velar por sus seres queridos.


Así, pasó el tiempo y todo era paz, puesto que la única fuerza que controlaba el país era la Luz, pero aquello no tardó en cambiar, puesto que El Equilibrio completo del cosmos también necesitaba de otras fuerzas.


Nació entonces una hermosa Arilsekiela a la que pusieron por nombre Ayumi y que albergaba en su ser todos los dones imaginables. Así pues, ella y un numeroso grupo de seguidores comenzaron a interesarse por una serie de energías desconocidas hasta entonces, eran muy poderosas, pero dañinas y peligrosas, a estos sortilegios los llamaron Magia Negra. Cada vez Ayumi se hacía más poderosa y desequilibró los poderes de los Dioses principales. Léin la amenazó con desterrarla y ella lloró de pena y arrepentimiento pues se sentía incapaz de controlar sus poderes. Léin, entonces, le habló envolviéndola en los rayos dorados del sol con su voz paternal y consoladora: “Ayumi, no dejes reinar a la oscuridad, ni reines sobre ella porque reinarás sobre la Luz y la dejarás reinar” Decidieron, pues, los dioses delegar su reinado, pues era ya hora de que los laerianos asumieran ya sus responsabilidades y reinaran de forma justa y respetable. Así fue cómo Ayumi se convirtió en la primera reina de Leruey, elegida por el Dios Léin.

La otra Ayumi

Pero mientras Ayumi lloraba desconsolada ante Léin era su alma la que buscaba la verdadera Magia, por eso la esencia de su personalidad se separó de ella formando el resto de la energía maligna, lo necesario para El Equilibrio. Puesto que era Ayumi la perfecta balanza entre el Bien y el Mal.



La otra parte de Ayumi se llamaba Yumi, cuyo significado era Guerrera de las Sombras. Aquella joven buscó a sus desmoralizados seguidores y les prometió el poder absoluto destronando a Ayumi. Yumi y sus seguidores consideraban al resto de habitantes de Leruey como indeseables que no aceptaban su Doctrina. Así pues, se enfrentaron en una cruenta lucha.


La lluvia caía como lágrimas celestiales, la noche se cernía, acercándose, con sus pasos oscuros y temibles. Ambas guerreras acusaban el cansancio de una batalla que se prolongaba desde el amanecer. Restallaba el metal, encendiendo con sus chispas la negrura del crepúsculo. Los seguidores de Yumi observaban atentos, su Maestra no les había dado parte en la lucha pero esperaban el momento en el que se lanzarían sobre la elegida de Léin, como una manada de lobos hambrientos. A veces era Ayumi quien se acercaba a la victoria, otras era Yumi quien acariciaba la gloria pero ninguna de las dos se rendía. El agua las empapaba, dificultaba sus movimientos, pero ninguna de las dos desfallecía.


La agonía de ambas contendientes se alargaba penosamente. Ayumi sufría ante sus Dioses y quienes la apoyaban y la habían escogido por sus habilidades. Yumi luchaba sola, con la única convicción de su poder, con su sola fuerza interior, su descaro, su insolencia. Habíase atrevido a desafiar a sus Dioses Creadores, a los padres a los que tanto debía y era plenamente consciente de ello. Su egoísmo era lo único que la mantenía viva, sus falsas promesas. No necesitaba a nadie, pero sola no era tomada su presencia muy en cuenta. Se había rodeado de aquel hatajo de imbéciles sólo para sembrar el pánico, para darse a conocer, para que la respetasen.


Ayumi buscaba explicaciones pero no las hallaba. Quería acabar con ese engendro que había surgido de su interior, tanta maldad acumulada y quería que todo volviese a su ser, y de nuevo honrar a sus Dioses y suplicarles un perdón que no se merecía, quería volver a El Equilibrio. Pero aquella lucha eterna la hacía temblar, era un castigo .Lerania y Léin les habían negado su favor y ahora estaba arriesgando su propia vida, era un sacrificio justo.


Y conforme avanzaba la batalla Yumi parecía hacerse más fuerte. Aún así, Ayumi se hinchió de orgullo, era la elegida de la Luz y tenía que demostrarlo, daría todo lo que había en su interior para lograrlo. Se acercó a Yumi, la respiración agitada, notaba cómo se mezclaban sus ardientes lágrimas con la gélida lluvia, lloraba de impotencia, pero ahora se sobreponía. Lanzó una estocada fugaz que hirió a Yumi levemente. Esta vio cómo su espada salía despedida, volando, alejándose y finalmente cayó al suelo, exhausta. Su grupo de incondicionales lanzó un rugido ensordecedor, las espadas afilaban el aire al ser desenvainadas. Yumi se incorporó a duras penas, temblando. Una sonrisa maliciosa poblaba sus labios: “¡Ni se os ocurra acercaros! Esta batalla es mía y si alguien ha de caer primero, esa soy yo.”


Buscó su espada y la clavó en aquel lodazal para apoyarse, para ponerse en pie, pero le era imposible. Arrodillada allí las fuerzas le fallaban, sus ropas pesaban el doble mojadas, no podía seguir. Ayumi avanzó. Yumi la observaba con cautela y la mirada baja, hasta que notó la punta de una espada en su garganta, algo que la obligaba a mirar hacia el cielo. La noche caía a plomo, Ayumi se disponía a disolver aquella pesadilla. Yumi suspiró y el odio encendió sus ojos: “Te llaman la Luz de la Justicia, la elegida de Léin. Pero, ¿De qué te sirve si vas a cometer la infamia de acabar con tu hermana?” Ayumi levantó la espada y golpeó con ella de plano en la mejilla de Yumi, que desvió la mirada asimilando aquella humillación. “¡Callaos! Vos no sois mi hermana, sois algo que jamás debió pasar, algo que no debí dejar correr, algo que no tendría que haber hecho, un error.” La voz crispada de Ayumi retumbaba entre la lluvia pero sabía que todo aquello terminaría.


Ayumi envainó la espada, tragó saliva y se preparó para un conjuro cuyas consecuencias serían fatales. “Se acabó para vos y para los vuestros, oh guerrera de las sombras, si tan segura estáis de poseer la verdadera magia, os condenaré a vagar por los bosques en una noche eterna y sin el amparo de la luz de la luna” El desprecio de su voz, la mirada asesina, hicieron que Yumi buscase resarcirse, intentó levantarse sin éxito mientras un torbellino de luz y viento la desplazaba lejos de allí.


Se encontraron, pues, tal y como Ayumi vaticinó en un bosque infinito en el que el amanecer no llegaría. Un bosque delimitado por una barrera luminosa. “¡Yo te maldigo, Ayumi! Cuando salga de aquí me aseguraré de que no quede de ti ni el aliento…”

Un revulsivo moral

Cuando emprendemos un proyecto personal, sea cual sea, tratamos de convencernos del valor de éste (ya sea moral, económico o de cualquier otra clase). Cuando comencé este curso (mi primer curso) en la facultad de Derecho supe que estaba a punto de iniciar un duro camino lleno de contratiempos pero con dulces frutos. Siempre he pensado que todas las profesiones son un medio para mejorar el mundo, especialmente si quienes las ejercen tienen ese afán. Sin embargo, cuando me interesé por el mundo del Derecho, un terreno lleno de luces y sombras, supe que si ponía empeño estaba destinada a lograr algo importante. El Derecho es ese instrumento que vela por el orden social y que aspira a crear una sociedad justa y tendente al bien, este pensamiento es el que me anima a seguir, aunque parezca una utopía. En mi primera clase de teoría del Derecho nos dedicamos a reflexionar sobre unos pasajes de Antígona esa obra maestra de Sófocles. Y yo, tan desmesuradamente filohelénica, disfruté muchísimo. No obstante, el profesor de teoría del Derecho se encargó de hacernos descender desde las alturas retóricas de Sófocles, al menos, a mí, y nos puso sobre aviso. Ser jurista, mejor, ejercer como tal, es algo complicado porque legislar significa crear normas jurídicas que respeten la dignidad de las personas, a pesar de que entronquen con la moral o que puedan resultar insuficientes para determinados individuos, por diversos motivos. Con todo, no puedo estar más de acuerdo con esta cita de Kant: "el derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos". Y es que precisamente, esa libertad tan preciada y anhelada por todos nosotros a veces puede convertirse en un problema, disfrutar de ella requiere ser responsable y consecuente; pero como hay veces en que esa responsabilidad no se lleva a cabo el Derecho debe entrar en acción.
Un proyecto alentador, espero que mi visión no se vea alterada con el paso del tiempo.

martes, 21 de septiembre de 2010

ALI PROJECT y el espíritu de oriente en occidente

Me voy a tomar la libertad de recomendar uno de mis grupos favoritos y hablar un poco de él. Se trata del dúo japonés "ALI PROJECT". Tienen un estilo muy definido y personal que se ha ido desarrollando y consolidando con el paso del tiempo y una fuerte imagen gótica. Comenzaron su carrera musical en 1988. En sus inicios hacían un pop desenfadado, ligero y luminoso pero en 2001 su sonido se hizo más grave, oscuro y electrónico, dando más protagonismo a la música clásica y a la cuerda (han tomado como ejemplo a Mozart, Chopin, Brahms, Prokofiev, Ketellbey y Muzorgsky, entre otros). Esta evolución es lo que ellos han dado en llamar un cambio de "White ALI" a "Black ALI". Su vocalista (y letrista), Arika Takarano posee cualidades de soprano y no duda en enfrentarse al aria de la reina de la noche e incluirla magistralmente en una de sus composiciones. Su virtuosa voz se ha adaptado fácilmente a la metamorfosis del grupo y está llena de texturas y matices: graves cálidos y agudos llenos de lirismo. Sus letras han pasado del optimismo inicial a una atmósfera mucho más existencial y apocalíptica, con tormentosas historias de amor llenas de simbolismo. Para uno de sus temas se inspiraron en la novela Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Han sabido fundir la tradición oriental y occidental en su música y sus letras, que están influidas por la religión católica y por la mitología grecolatina, (como se aprecia en su tema "Narcisse noir" sobre el mito de Narciso) entre otras. Su gusto por el francés es otro rasgo distintivo más, puesto que los grupos de pop japoneses suelen recurrir al inglés buscando la proyección internacional, pero ALI PROJECT se ampara en el francés como símbolo de distinción y delicadeza aristocráticas, (han versionado "La vie en rose" de Édith Piaf y "Je te veux" de Erik Satie). Otro punto a tener en cuenta es su gusto por realizar orquestaciones de sus temas con gran precisión, obteniendo un sonido puro y auténtico, libre de los recursos electrónicos de los que a veces abusan, lo que demuestra que este grupo no puede ser incluido dentro del pop corriente. Sus seguidores los aprecian por componer bandas sonoras y temas de apertura y cierre para animes que han llegado a convertirse en míticos. Por otra parte, la aridez de sus letras hace compleja su comprensión e interpretación (todo ello unido a la dificultad del idioma japonés). Además, el exceso de extrañas imágenes simbolistas las acercan al vanguardismo. No obstante su concepción del amor se asemeja a la del poeta francés Baudelaire: el amor es algo que nos salva de la monotonía y nos acerca a la pura y frágil belleza pero a la vez puede hundirnos en la miseria y en el pecado. Con este escritor comparten también la creencia en la tendencia al mal del ser humano. Sin embargo, junto a estos rasgos románticos podemos hallar uno medieval: la visión del mundo como un valle de lágrimas. Ahora os dejo con la música de ALI PROJECT:



video
Esta canción se titula "La Rose de la Reine-Baragoku Otome", es decir, "La rosa de la reina-la doncella en la cárcel de rosas". Se trata de una versión orquestal de una de sus canciones más famosas que fue uno de los temas de inicio para el anime "Rozen Maiden" y está incluida en el disco "Gothic Opera" de este año.