sábado, 9 de octubre de 2010

Una historia con personajes prestados...

Sucede que a veces codiciamos lo ajeno y en tal estado de enajenación nos hallamos que creemos que esa posesión externa nos pertenece legítimamente, sólo porque la anhelamos de una forma más vehemente en que lo hace su propio poseedor, ignorando si la aprecia o no. El caso es que un muy querido amigo mío, Roberto, está escribiendo una historia de corte fantástico a la que soy totalmente adicta, sus personajes tienen una profundidad psicológica y un vigor increíbles, y me atraen sobremanera. Me prometió que uno de los personajes femeninos principales respondería a mi vivo reflejo, y debo decir que está haciendo un gran trabajo. Yo le propuse, siguiendo su línea argumental, que me "prestase" a mi personaje y me permitiese escribir, al menos, un capítulo sobre ella, realmente se trataba de algo que llevaba maquinando desde hacía tiempo. Le dije que si le gustaba podía disponer de él cómo quisiese, aunque estuviese en otra perspectiva que la del resto de su relato. En fin, este artículo va dedicado a mi amigo, Roberto, y le agradezco que me dejase realizar este sueño literario. He aquí el texto:

CAPÍTULO: AMOR Y ESPIONAJE


Recuerdo que caminaba sin rumbo fijo por entre las tiendas del campamento de la Resistencia, quizás lo único que necesitaba era poner en orden aquella maraña de sentimientos que dominaba mi mente. Entonces, Royan se vino a mí haciéndose el encontradizo y me comunicó con una seria sonrisa que quería que fuese a verle a su tienda aquella misma noche, según él tenía algo muy importante que pedirme.


Me incomodaba tanto secretismo y desconocía sus intenciones, la curiosidad hacía mella en mí, sin embargo, la noche llegó, para mi alivio. Me presenté en su tienda aparentando tranquilidad, distraídamente, no quería hacerle ver mi nerviosismo ni mis dudas.


-Shirey,-comenzó sin contemplaciones-tengo una misión para ti. Una tarea que sólo puedo encomendar a una muchacha con tus aptitudes.


-¿Hablas en serio?-repliqué menospreciando su halago y apartando su mano de mi hombro, temía que algo así sucediese.


-Sí. Sólo podía confiar en ti.-continuó pese a mi disgusto-Necesito que te infiltres en el campamento de las tropas imperiales y consigas información para la Resistencia. Debes acercarte al jefe de los ejércitos, Norman.


Me puse a juguetear con mi pelo sólo para simular la mayor indiferencia frente a sus palabras.


-Dime, Royan,-quise mostrarle mi rechazo absoluto-¿este disparate se te ha ocurrido a ti solito?


-Partirás mañana al amanecer.-insistió Royan impasible.


-Está bien.-accedí acorralada-¿Lo sabe alguien más?


-No, y nadie más puede saberlo.-sentenció con un tono grave-Es una misión secreta, ¿comprendes?


-Pero, ¿qué le digo ahora a Sífer…?-pregunté con mirada suplicante.


-Cualquier cosa, lo que se te ocurra, me da igual.-comentó bruscamente mientras me conducía hasta la puerta dándome a entender que la conversación había finalizado-Por cierto, Shirey,-añadió con una pícara expresión-no te olvides de usar tus encantos. Ya sabes…


Cuando salí de allí estaba tan confusa que comencé a llorar presa de la impotencia. Ahora sé que mi intuición trataba de advertirme, aquella misión de espionaje haría tambalear los cimientos de mi vida.


Casi inconscientemente logré llegar hasta mi tienda. Sífer se percató de mi llanto y se quedó petrificado, me dolía engañarlo y preocuparlo innecesariamente, pero Royan ya me había advertido. Yo decidí aprovechar aquella erupción de lágrimas para tratar de “explicarle” el motivo de mi marcha.


-¡Oh, Sífer, es terrible!-exclamé arrojándome a sus brazos.


El correspondió a mi abrazo y hundió su mano en mi pelo, podía sentir su desconcierto.


-¿Qué ha sucedido?


-Royan acaba de decirme…-sollocé para darme tiempo, inventar mi excusa y creer aquella mentira que estaba construyendo-¡mi padre ha muerto!


Él volvió a rodearme con sus brazos más fuertemente que antes.


-Mañana mismo salgo para tratar de reconfortar a mi madre…


-Te acompañaré.-afirmó con seguridad sujetando mis manos.


-Gracias, pero… la Resistencia te necesita. Estaré bien, no te preocupes.-lo disuadí.


Sífer me miró con tristeza y cierta suspicacia, pero se resignó a aceptar la aparente veracidad de mis palabras.


Preparé mi equipaje y me deslicé hasta el lecho cuidadosamente. El amanecer llegó en un suspiro. Wtu coloreaba la aurora con una rosácea claridad. Coloqué en las alforjas de mi caballo todo lo necesario, monté y salí del campamento tratando de ahuyentar cualquier amago de añoranza. Llegué al campamento enemigo y contuve mi rabia y mis ansias por volver. Pero la Resistencia me necesitaba, necesitaba toda la información que yo pudiese recabar. Las empalizadas de madera amurallaban una enorme extensión de terreno y estaban decoradas con estandartes y banderas que lucían la heráldica del Imperio.


Me coloqué frente a las puertas y los dos guardias que oteaban el horizonte desde las torres de vigía me contemplaron sin ocultar su sorpresa.


-¿Qué es lo que buscas?-me espetó uno de los dos hoscamente-No queremos curiosos por aquí…


Sólo se oía la leve voz del viento, no tenía una respuesta y ambos soldados parecían impacientarse.


-Quiero alistarme en el ejército imperial.-comenté al fin como si alguien me hubiese dictado la contestación adecuada, yo sólo estaba interpretando.


Las pesadas puertas se abrieron con un desvencijado crujido al cabo de un instante. Me adentré en el campamento y me condujeron hasta un lugar en el que podría registrar mi nombre como nueva miembro del ejército imperial. Firmé en un pergamino con una oscura pluma de cuervo y luego me dispuse a dejar a mi corcel en las caballerizas.


Al abandonar los establos pude oír unas risas burlonas a mis espaldas. Seguí caminando sin darles mayor importancia, pero los cuchicheos que intencionadamente no eran convenientemente silenciados lograron que me enervase.


-¡Eh, tú, preciosa!-comentó uno de los más atrevidos-¿Qué estás haciendo en un sitio como este? ¿Has venido a alegrarnos mientras estemos de campaña?


Aquel desafortunado comentario provocó la carcajada general. Supe que tenía que tratar de pasar desapercibida pero yo no era inmune a la ofensa.


-Me temo que no.-contesté cuando se apaciguaron los ánimos-Sólo estoy aquí para cerrarles la boca a los imbéciles como tú.


El grupo de buitres que rodeaba a mi interlocutor lo azuzaba para que reparase su herido orgullo.


-¿Pero es que acaso sabes luchar, dulzura?-cuestionó en tono socarrón.


-Pues mira, creo que se me da mejor luchar que a ti declamar. Aunque eso es fácil.-solté despectivamente.


Sin esperar su inteligente objeción desenvainé mi espada y me abalancé sobre él, me tomé aquello como una especie de prueba para mostrarles a aquel hatajo de necios mi valía. Logró parar el golpe, pero yo lo asediaba con estocadas rápidas e impredecibles, que a duras penas conseguía detener. Yo lo aventajaba en agilidad por lo que en uno de sus amagos lo así del brazo y lo despojé de su arma. Sabía luchar con dos espadas porque Firo me había enseñado. No obstante, no iba a atacarle cuando estaba desarmado, simplemente le asesté un tajo cruzado a su frágil escudo de madera, lo único que le quedaba, que se quebró en cuatro trozos perfectos.


El estupor se generalizó. Miré a mi oponente con aire de suficiencia, él contemplaba los fragmentos de su escudo con una estúpida expresión en su rostro, finalmente había conseguido labrarme una reputación que me mantendría a salvo.


-Bueno, supongo que me merezco un puesto en este ejército…-medité en voz alta-Por cierto, me parece que esto te pertenece.-le tendí su espada.


Decidí que al atardecer me acercaría a Norman y tomaría contacto con él, sólo esperaba que no me resultase difícil. Había oído hablar mucho acerca de él, se había creado toda una leyenda en torno a su figura, ahora me disponía a averiguar qué había de cierto en todo aquello. Norman, el hermano de Firo, príncipe de Sinestesia, era un témpano de hielo. Según había oído nada lograba conmoverle, no obstante nunca había tenido la ocasión de encontrarme con él.


Cuando los declinantes rayos de Wtu caían sobre el campamento, recorrí todo el intrincado laberinto de tiendas hasta llegar a la más grande y lujosa que se hallaba en el centro. En la puerta había un par de guardias y varias antorchas que sumaban su dorada luz a la del crepúsculo.


-Quisiera hablar con Norman, por favor.-pedí.


Los guardias cruzaron una mirada de asombro y luego me escrutaron de arriba abajo, yo ya sabía que la respuesta sería negativa.


-En estos momentos está ocupado y no recibe a nadie.-expuso uno de ellos lacónicamente.


Suspiré, traté de buscar una manera de insistir que resultase convincente. Sin embargo, una voz proveniente de la tienda, cuyas órdenes no pude entender, lo cambió todo. Los soldados se apartaron y me hicieron una señal para que pasase al interior.


Norman estaba sentado en un escritorio delante de un pergamino, sin duda se hallaba en la tarea de escribir una misiva para alguno de sus hombres. Era tan distinto a Firo… poseía un aura melancólica y misteriosa y tenía, decididamente, el porte gallardo y apuesto de un príncipe. Levantó fugazmente la mirada de la carta y sus ojos oscuros repararon en mí, unos ojos de los que era imposible huir, como si atravesasen el alma y le arrebatasen todas sus emociones. Se levantó con suma delicadeza y en el corto trayecto que nos separaba su capa siguió sus movimientos con pulcritud, ondeando al compás de sus pasos.


-Lamento el trato que has recibido por parte de algunos de mis soldados, jovencita.-se excusó, tomó mi mano y me la besó gentil e inesperadamente.-Ciertamente, me has sorprendido con tu comportamiento. De hecho, iba a mandarte llamar, pero veo que te me has adelantado.


Sonrió mecánicamente, su amabilidad y su cortesía eran simplemente una coraza. Aquella sonrisa era una mueca, no reflejaba nada.


-Por cierto, ¿Cómo te llamas?-inquirió.


-Mi nombre es Shirey.-dije, pugnando para que el rubor no conquistase mis mejillas.


-Así que, Shirey…-murmuró para sí con una encantadora dulzura que jamás habría sospechado por su parte-si estás aquí, intuyo que querrás decirme algo. Pero, permíteme que resuelva algunas de mis dudas primero.


Asentí en silencio, camuflaba sus mandatos tras una expresión de inocente condescendencia.


-¿De dónde eres? ¿Por qué estás aquí? ¿Dónde y cómo has aprendido a luchar así? Por último y lo más importante, ¿Sabes usar magia?


Ante aquel cuestionario supuse que recelaba de mi misteriosa presencia en el campamento y quería asegurarse. Inspiré hondo mientras componía la explicación que Norman deseaba oír.


-Veréis, Alteza, soy de Isla Menor. Estoy aquí porque los habitantes de mi pueblo apoyaban ciegamente a la Resistencia, al contrario que yo. Huí y he llegado hasta aquí. En mi opinión el Imperio reconducirá a Trantich a su antigua época de esplendor. Por todo ello, ahora me alegro profundamente pues puedo serviros a vos y al Imperio, como siempre he anhelado.-leí en su expresión una alegre admiración, pero Norman simplemente mostraba lo que no sentía y viceversa.-En cuanto a lo de cómo y dónde he aprendido a luchar… no sé qué contestaros, verdaderamente.-comencé a hacerme tirabuzones en el pelo, no podía evitarlo-Supongo que en la escuela de la adversidad…


Norman rió ante mi ocurrencia, me sentía más tranquila, parecía haber recuperado la seguridad y la confianza en mí misma de las que la primera mirada de Norman me había desprovisto. Pensé que probablemente había conseguido resultarle convincente, pero aquello era algo imposible de averiguar.


-Dime, Shirey, ¿Se aprende magia en esa escuela de la adversidad de que me hablas?-bromeó.


-Por supuesto que sí, Alteza, eso es algo imprescindible.-afirmé siguiendo su mordaz comentario.


Desde entonces, Norman me mantuvo junto a él sin que ni siquiera yo se lo hubiese pedido. Me pedía opinión para planificar las estrategias de combate del ejército, por lo que pude acceder fácilmente a unos datos que serían de vital importancia para la Resistencia: armas, número de efectivos y caballería, formaciones y colocación en orden de batalla… podía decirse que no sospechaba de mí en absoluto y si acaso lo hacía se estaba comportando de una forma muy atrevida. Yo no le era de mucha ayuda porque no quería hacer algo que pudiese perjudicar a la Resistencia.


Él se sentía cómodo en mi presencia, al igual que yo. Sin embargo, no daba muestras de intentar revelarme su verdadera personalidad. Algo me estaba ocurriendo. Si bien tenía motivos suficientes como para dar mi misión por terminada, algo me impedía abandonar el campamento. ¿Qué me retenía allí? Aunque intentaba engañarme yo sabía que Norman era la respuesta a ésa y a las muchas preguntas que me estaba planteando a raíz de mi estancia con el enemigo.


Quizá lo que yo pretendía era destruir la envoltura de Norman. ¿Qué había detrás de su elegancia? ¿Su pétreo corazón latía o había sentido alguna vez el amor, la compasión… o simplemente se nutría de indiferencia? Me exponía a muchos riesgos, pero algo me obnubilaba. Pese a que no estaba entre mis metas me propuse como objetivo desenmascarar a Norman. Él me atraía, suspendía todos mis sentidos de una manera tan sutil como mágica.


Una tarde en la que compartíamos confidencias en su tienda me atreví a preguntarle:


-¿Quién eres, Norman?-me había autorizado para que lo tratase con familiaridad y yo había accedido rápidamente.


Norman sopesó la pregunta y paseó su mirada vacía por la estancia. Adivinó mis intenciones y se limitó a sonreír con nostalgia sin ocultar su incomodidad, dejó que el tiempo transcurriese y que el silencio nos envolviese.


-Un corazón adiestrado para ser inmune al sufrimiento.-se definió al fin, no pudo permanecer impertérrito ante tal pregunta.


Aquel comentario suyo no me satisfacía, pero se aproximaba bastante a lo que yo había imaginado. No obstante, tras una pausa de reflexión, continuó:


-Eso era lo que yo creía ser, al menos hasta tu llegada… desde ese momento me lo he replanteado todo… Shirey,-se aferró a mi mano, que reposaba sobre la mesa-puede que tú y yo no seamos tan distintos, al fin y al cabo… has abandonado a tu familia, renegado de tus raíces, y ahora estás aquí conmigo… puede que tú…-el envés de su mano acarició mi mejilla-tú puedes hacer lo que nadie ha conseguido. Shirey, ¿serás capaz? ¿Querrás derretir la helada cubierta de mi yerto corazón?


-Pero, Norman, yo no…-me silenció con un beso.


Me había besado. Me había besado y aquel fugaz contacto entre nuestros labios había hecho que mi mundo conocido se escindiera irremediablemente. Debía sentirme feliz, pero aquel caos indeseado sólo hizo que de mis ojos brotasen lágrimas. La incertidumbre seguía asaltándome; ¿Qué sentía realmente Norman? ¿Qué sentimientos me daba a ver? ¿Qué era el amor? ¿Qué había sentido por Sífer? “Lo que te unía a Sífer era simplemente amistad, un esbozo de amor latente.” Me dije. Pero las preguntas eran simplemente tan contradictorias como sus respectivas respuestas.


Me había cazado. Estaba atrapada ente el amor y el deber, el Imperio y la Resistencia… y toda esa interminable y paradójica amalgama de contrarios que rige nuestras vidas sin que podamos luchar contra ello, eso a lo que llamamos Destino. Pero Norman me hacía sentir como la emperatriz de un Imperio incipiente, y había algo tentador en sus ojos, algo por lo que sucumbir se convertiría en un acertado error. ¿Por qué es tan despiadado el amor si se cruza en el camino del honor?


¿Qué debía hacer y qué era lo que realmente deseaba? ¿Desertar? Pero, ¿qué significaba eso? Mi ausencia se prolongaba ya demasiado y en la Resistencia muchos podían sospechar de mi deserción. Sin embargo, estaba en la frontera, no pertenecía a ningún bando, por lo que aquello carecía de sentido. Sólo podía dejarme guiar por mis sentimientos.


Una tarde en la que el ocaso presagiaba una despedida, me hallaba sobre la colina que dominaba el campamento. Sentía la caricia de una diáfana brisa que olía a tierra húmeda y observaba el conjunto de tiendas, no sentía siquiera indiferencia. Eso me asustó.


-No hay atardecer que no me entristezca. La noche triunfa y nos hace ver nuestra pequeñez, es desesperanzador.-reflexionó Norman con voz atribulada.


Había ascendido la loma sigilosamente y sin esfuerzo, aunque su presencia no me resultó extraña. Llegó hasta mí y me cogió la mano. Disfrutamos de la elocuencia de nuestro silencio, ambos sabíamos que empezaba a gestarse entre nosotros una distancia ineludible.


-¿En qué piensas, Norman?-cuestioné temerosa de su respuesta, pero aliviada al ver que había logrado descubrir su verdadero ser.


Se aferró a mi mano con mayor fuerza al tiempo que su mirada se perdía tratando de discernir su futuro más allá del horizonte. “¿Por qué eres tan diferente a lo que siempre me hicieron pensar sobre tu persona? Si fueses tan sólo como el retrato que todos se han empeñado en ilustrarme todo sería más fácil ahora. Mi alma no estaría fragmentada en añicos y seguiría anclada en ese falso pero idílico espejismo de felicidad que yo misma me creé”, medité ante una respuesta suya que no llegaba.


-Yo te amo, Shirey.-declaró arropándome en un cálido abrazo, intuía sus lágrimas y él presentía mi huida, sólo parecía querer retenerme junto a él.


-Yo también.-confesé sin poder evitar que la tristeza me recorriera, una pena compartida por los dos.


-Si es así, ¿Por qué vas a dejarme?-me preguntó con voz trémula.


Se separó de mí y el brillo de sus ojos era un furioso destello de angustia. Aunque me hubiese empeñado no podría habérselo ocultado por más tiempo, si me había protegido y no me había delatado pese a conocer mis intenciones… ¿acaso eran honestos sus sentimientos?


-Sé que te marcharás y conozco tus circunstancias.-su tono no era amenazante-Pero no me importan en absoluto, Shirey. Admiro tu arrojo y los riesgos que has asumido, porque para mí ha sido todo un placer.


-Norman, lo siento, todavía no sé qué pensar, estoy confusa, no sé si este es mi lugar…-acerté a murmurar con un hilo de voz.


-¡No trates de justificarte!-bramó Norman presa de una pena rugiente-Shirey, eres una magnífica guerrera, podrías formar parte de mi guardia personal, ¿qué piensas? No me abandones.-sus elogios ocultaban una súplica desesperada.


-No quiero, pero debo hacerlo. Norman, yo tengo honor…-me disculpé, una constelación de lágrimas se agolpaba al borde de mis ojos.


-¿Honor? Creía que me amabas, Shirey…-musitó decepcionado.


-¡Y lo hago!-me aferré a sus manos y nuestras frentes se tocaron-Te juro que has sido el único motivo por el que he permanecido aquí, la única razón por la que me he arriesgado…


-Shirey, te prometo…-Norman luchaba por retener un llanto de despedida-podemos ser muy felices, ¡Felices! ¿Te das cuenta de lo que has hecho? Yo desconocía la felicidad, pero tú, como una misericordiosa enviada celestial, me la has ofrecido. No quiero rechazarla, Shirey, por favor. Conviértete en mi emperatriz.


La emoción lo embargaba, desprendía lástima, estaba frágil. Traté de calmarlo con un beso para que no se envenenase con promesas imposibles.


-¿Por qué?-clamé entre sollozos-¿Cómo puedo odiar al Imperio y amar a su emperador, Norman? Lamento no poder convertirme en tu emperatriz…


Su expresión se endureció ante mi negativa, se limitó a besarme por última vez y lloró sin contemplaciones. Todavía hoy recuerdo sus lágrimas, las lágrimas de un emperador.


-Vete.-me ordenó con la rudeza con la que trataba a sus enemigos-No te atrevas a volver. Si te encuentro en el campamento mañana al amanecer te aseguro que te arrepentirás. Te acusaré de espionaje, Shirey, y no te valdrá ningún ruego.


Ahí estaba el Norman inclemente y despiadado que todos conocían, la otra cara de la moneda. Comenzó a descender la colina y me lanzó una mirada llena de compasión.


-Márchate.-me imploró esta vez en un suave susurro-No quiero verme obligado a cumplir mi juramento.


La luna se encaramaba sobre la llanura como si adornase el cielo, una gran perla bordada sobre seda azul. Norman me tendió la mano pero yo no había reconsiderado mi decisión, a pesar del dolor que me producía.


-Me iré, no quiero hacerte sufrir. Pero recuerda que si algún día dejamos de ser enemigos, nos encontraremos otra vez.


Salí huyendo sin dejarle tiempo a reaccionar, regalando al viento mis lágrimas. No quería oír sus intentos para persuadirme. Ensillé a mi corcel y cabalgué velozmente para alejarme del campamento y del recuerdo de Norman. La incertidumbre que había sembrado aquella misión en mi interior sólo podía ser resuelta en un campo de batalla, pero desde aquel entonces, nuestro absurdo enfrentamiento dejó de tener sentido para mí, ya no entendía por qué motivo luchaba.

domingo, 3 de octubre de 2010

El Erpedio (I)

En el proceso de creación literaria que estoy llevando a cabo para escribir El secreto de Leruey he tenido que remontarme en el tiempo hasta los inicios de este país imaginario y reconstruir su pasado. Por ello tuve que escribir una historia paralela que explicase las razones que provocan los enfrentamientos entre el Bien y el Mal en este país. Esta historia está recogida en El Erpedio, un libro religioso-moral que expone el pasado de una de las razas más importantes del país, de vital importancia para comprender el posterior desarrollo de los acontecimientos. Voy a comenzar a publicarlo aquí por entregas, si tiene éxito, puesto que no encuentro exactamente dónde colocarlo, espero que sea de vuestro agrado.

Aquellos que escribieron su historia en letras doradas… nos obligaron a escribir la nuestra con letras de sangre.

La falsa e idílica historia por siempre repetida 

  Cuando no existía el tiempo y todo lo real se circunscribía a una bruma incierta, la que creíamos nuestra Diosa Madre, hastiada ya, decidió crear un mundo que le honrase tributo. Así, concentró todos sus poderes en una esfera de apariencia cristalina entre sus manos y la hizo añicos después. En esa explosión se creó Leruey, y con esfuerzo creó la Diosa todo lo que vemos: los ríos, las montañas, el sol, la luna, las estrellas, los bosques… pero era el viento lo que ella dominaba mejor entre todas las cosas. Por tanto comandaba ella a los fríos vientos del norte y a los cálidos aires del sur, que eran un hálito de vida para aquella tierra incipiente, despertando así a los seres mágicos hijos de su poder. Antes de marcharse, formó la Diosa a unos seres que a su semejanza habrían de encontrar la forma de dominar la magia, los primeros Leruyanos. Estos débiles seres, al unirse a las otras criaturas que ya se habían posicionado en la tierra originarían las razas que hoy conocemos: Nérfilos, Denios, Arilsekielos, Korielfos, Forelelfos, Larkisos… hecho esto, la Diosa, agotada, se retiró a descansar.



Luego también se presentó la Diosa a sus hijos como su Madre Creadora, diciendo: “yo soy Lerania, vuestra Madre y este es vuestro hogar y el poder que puse en él. Ahora debéis marchar y hacerme sentir orgullosa y satisfecha.”Comenzó así un reinado justo por parte de Lerania.


Poco después avistó Leruey un Dios ambicioso y guerrero. Se maravilló de la perfección de aquel país y del fuerte poder que emanaba. No pudo por menos que preguntar a los lugareños de quién eran aquellas tierras. Los laerianos, pues, contestaban humildemente: “señor, estas tierras son de nuestra madre, Lerania, Diosa de los Vientos, la Sabia Creadora y de buenos consejos” Aquel Dios, que llamábase Léin, convino en que debía encontrar entonces a la autora de tal prodigio. Tras muchas andaduras la halló serena sobre una colina desde la cual soltaba sus poderes del viento como si diese al vuelo encantadoras aves. Léin quedose prendado de la Diosa y lo mismo le sucedió a Lerania. Así pues, ambos optaron por unirse y Léin se comportó como un padre para los laerianos. Les enseñó las artes de la lucha e incluso forjó para ellos armas y escudos. Usó su poder de la Luz para fortalecer la magia interna del joven Leruey e hizo un Reino Eterno de Luz en el cual se depositaría toda la magia y en el que las almas de aquellos que perdiesen la vida podrían renacer, reposar y desde ahí velar por sus seres queridos.


Así, pasó el tiempo y todo era paz, puesto que la única fuerza que controlaba el país era la Luz, pero aquello no tardó en cambiar, puesto que El Equilibrio completo del cosmos también necesitaba de otras fuerzas.


Nació entonces una hermosa Arilsekiela a la que pusieron por nombre Ayumi y que albergaba en su ser todos los dones imaginables. Así pues, ella y un numeroso grupo de seguidores comenzaron a interesarse por una serie de energías desconocidas hasta entonces, eran muy poderosas, pero dañinas y peligrosas, a estos sortilegios los llamaron Magia Negra. Cada vez Ayumi se hacía más poderosa y desequilibró los poderes de los Dioses principales. Léin la amenazó con desterrarla y ella lloró de pena y arrepentimiento pues se sentía incapaz de controlar sus poderes. Léin, entonces, le habló envolviéndola en los rayos dorados del sol con su voz paternal y consoladora: “Ayumi, no dejes reinar a la oscuridad, ni reines sobre ella porque reinarás sobre la Luz y la dejarás reinar” Decidieron, pues, los dioses delegar su reinado, pues era ya hora de que los laerianos asumieran ya sus responsabilidades y reinaran de forma justa y respetable. Así fue cómo Ayumi se convirtió en la primera reina de Leruey, elegida por el Dios Léin.

La otra Ayumi

Pero mientras Ayumi lloraba desconsolada ante Léin era su alma la que buscaba la verdadera Magia, por eso la esencia de su personalidad se separó de ella formando el resto de la energía maligna, lo necesario para El Equilibrio. Puesto que era Ayumi la perfecta balanza entre el Bien y el Mal.



La otra parte de Ayumi se llamaba Yumi, cuyo significado era Guerrera de las Sombras. Aquella joven buscó a sus desmoralizados seguidores y les prometió el poder absoluto destronando a Ayumi. Yumi y sus seguidores consideraban al resto de habitantes de Leruey como indeseables que no aceptaban su Doctrina. Así pues, se enfrentaron en una cruenta lucha.


La lluvia caía como lágrimas celestiales, la noche se cernía, acercándose, con sus pasos oscuros y temibles. Ambas guerreras acusaban el cansancio de una batalla que se prolongaba desde el amanecer. Restallaba el metal, encendiendo con sus chispas la negrura del crepúsculo. Los seguidores de Yumi observaban atentos, su Maestra no les había dado parte en la lucha pero esperaban el momento en el que se lanzarían sobre la elegida de Léin, como una manada de lobos hambrientos. A veces era Ayumi quien se acercaba a la victoria, otras era Yumi quien acariciaba la gloria pero ninguna de las dos se rendía. El agua las empapaba, dificultaba sus movimientos, pero ninguna de las dos desfallecía.


La agonía de ambas contendientes se alargaba penosamente. Ayumi sufría ante sus Dioses y quienes la apoyaban y la habían escogido por sus habilidades. Yumi luchaba sola, con la única convicción de su poder, con su sola fuerza interior, su descaro, su insolencia. Habíase atrevido a desafiar a sus Dioses Creadores, a los padres a los que tanto debía y era plenamente consciente de ello. Su egoísmo era lo único que la mantenía viva, sus falsas promesas. No necesitaba a nadie, pero sola no era tomada su presencia muy en cuenta. Se había rodeado de aquel hatajo de imbéciles sólo para sembrar el pánico, para darse a conocer, para que la respetasen.


Ayumi buscaba explicaciones pero no las hallaba. Quería acabar con ese engendro que había surgido de su interior, tanta maldad acumulada y quería que todo volviese a su ser, y de nuevo honrar a sus Dioses y suplicarles un perdón que no se merecía, quería volver a El Equilibrio. Pero aquella lucha eterna la hacía temblar, era un castigo .Lerania y Léin les habían negado su favor y ahora estaba arriesgando su propia vida, era un sacrificio justo.


Y conforme avanzaba la batalla Yumi parecía hacerse más fuerte. Aún así, Ayumi se hinchió de orgullo, era la elegida de la Luz y tenía que demostrarlo, daría todo lo que había en su interior para lograrlo. Se acercó a Yumi, la respiración agitada, notaba cómo se mezclaban sus ardientes lágrimas con la gélida lluvia, lloraba de impotencia, pero ahora se sobreponía. Lanzó una estocada fugaz que hirió a Yumi levemente. Esta vio cómo su espada salía despedida, volando, alejándose y finalmente cayó al suelo, exhausta. Su grupo de incondicionales lanzó un rugido ensordecedor, las espadas afilaban el aire al ser desenvainadas. Yumi se incorporó a duras penas, temblando. Una sonrisa maliciosa poblaba sus labios: “¡Ni se os ocurra acercaros! Esta batalla es mía y si alguien ha de caer primero, esa soy yo.”


Buscó su espada y la clavó en aquel lodazal para apoyarse, para ponerse en pie, pero le era imposible. Arrodillada allí las fuerzas le fallaban, sus ropas pesaban el doble mojadas, no podía seguir. Ayumi avanzó. Yumi la observaba con cautela y la mirada baja, hasta que notó la punta de una espada en su garganta, algo que la obligaba a mirar hacia el cielo. La noche caía a plomo, Ayumi se disponía a disolver aquella pesadilla. Yumi suspiró y el odio encendió sus ojos: “Te llaman la Luz de la Justicia, la elegida de Léin. Pero, ¿De qué te sirve si vas a cometer la infamia de acabar con tu hermana?” Ayumi levantó la espada y golpeó con ella de plano en la mejilla de Yumi, que desvió la mirada asimilando aquella humillación. “¡Callaos! Vos no sois mi hermana, sois algo que jamás debió pasar, algo que no debí dejar correr, algo que no tendría que haber hecho, un error.” La voz crispada de Ayumi retumbaba entre la lluvia pero sabía que todo aquello terminaría.


Ayumi envainó la espada, tragó saliva y se preparó para un conjuro cuyas consecuencias serían fatales. “Se acabó para vos y para los vuestros, oh guerrera de las sombras, si tan segura estáis de poseer la verdadera magia, os condenaré a vagar por los bosques en una noche eterna y sin el amparo de la luz de la luna” El desprecio de su voz, la mirada asesina, hicieron que Yumi buscase resarcirse, intentó levantarse sin éxito mientras un torbellino de luz y viento la desplazaba lejos de allí.


Se encontraron, pues, tal y como Ayumi vaticinó en un bosque infinito en el que el amanecer no llegaría. Un bosque delimitado por una barrera luminosa. “¡Yo te maldigo, Ayumi! Cuando salga de aquí me aseguraré de que no quede de ti ni el aliento…”

Un revulsivo moral

Cuando emprendemos un proyecto personal, sea cual sea, tratamos de convencernos del valor de éste (ya sea moral, económico o de cualquier otra clase). Cuando comencé este curso (mi primer curso) en la facultad de Derecho supe que estaba a punto de iniciar un duro camino lleno de contratiempos pero con dulces frutos. Siempre he pensado que todas las profesiones son un medio para mejorar el mundo, especialmente si quienes las ejercen tienen ese afán. Sin embargo, cuando me interesé por el mundo del Derecho, un terreno lleno de luces y sombras, supe que si ponía empeño estaba destinada a lograr algo importante. El Derecho es ese instrumento que vela por el orden social y que aspira a crear una sociedad justa y tendente al bien, este pensamiento es el que me anima a seguir, aunque parezca una utopía. En mi primera clase de teoría del Derecho nos dedicamos a reflexionar sobre unos pasajes de Antígona esa obra maestra de Sófocles. Y yo, tan desmesuradamente filohelénica, disfruté muchísimo. No obstante, el profesor de teoría del Derecho se encargó de hacernos descender desde las alturas retóricas de Sófocles, al menos, a mí, y nos puso sobre aviso. Ser jurista, mejor, ejercer como tal, es algo complicado porque legislar significa crear normas jurídicas que respeten la dignidad de las personas, a pesar de que entronquen con la moral o que puedan resultar insuficientes para determinados individuos, por diversos motivos. Con todo, no puedo estar más de acuerdo con esta cita de Kant: "el derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos". Y es que precisamente, esa libertad tan preciada y anhelada por todos nosotros a veces puede convertirse en un problema, disfrutar de ella requiere ser responsable y consecuente; pero como hay veces en que esa responsabilidad no se lleva a cabo el Derecho debe entrar en acción.
Un proyecto alentador, espero que mi visión no se vea alterada con el paso del tiempo.

martes, 21 de septiembre de 2010

ALI PROJECT y el espíritu de oriente en occidente

Me voy a tomar la libertad de recomendar uno de mis grupos favoritos y hablar un poco de él. Se trata del dúo japonés "ALI PROJECT". Tienen un estilo muy definido y personal que se ha ido desarrollando y consolidando con el paso del tiempo y una fuerte imagen gótica. Comenzaron su carrera musical en 1988. En sus inicios hacían un pop desenfadado, ligero y luminoso pero en 2001 su sonido se hizo más grave, oscuro y electrónico, dando más protagonismo a la música clásica y a la cuerda (han tomado como ejemplo a Mozart, Chopin, Brahms, Prokofiev, Ketellbey y Muzorgsky, entre otros). Esta evolución es lo que ellos han dado en llamar un cambio de "White ALI" a "Black ALI". Su vocalista (y letrista), Arika Takarano posee cualidades de soprano y no duda en enfrentarse al aria de la reina de la noche e incluirla magistralmente en una de sus composiciones. Su virtuosa voz se ha adaptado fácilmente a la metamorfosis del grupo y está llena de texturas y matices: graves cálidos y agudos llenos de lirismo. Sus letras han pasado del optimismo inicial a una atmósfera mucho más existencial y apocalíptica, con tormentosas historias de amor llenas de simbolismo. Para uno de sus temas se inspiraron en la novela Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Han sabido fundir la tradición oriental y occidental en su música y sus letras, que están influidas por la religión católica y por la mitología grecolatina, (como se aprecia en su tema "Narcisse noir" sobre el mito de Narciso) entre otras. Su gusto por el francés es otro rasgo distintivo más, puesto que los grupos de pop japoneses suelen recurrir al inglés buscando la proyección internacional, pero ALI PROJECT se ampara en el francés como símbolo de distinción y delicadeza aristocráticas, (han versionado "La vie en rose" de Édith Piaf y "Je te veux" de Erik Satie). Otro punto a tener en cuenta es su gusto por realizar orquestaciones de sus temas con gran precisión, obteniendo un sonido puro y auténtico, libre de los recursos electrónicos de los que a veces abusan, lo que demuestra que este grupo no puede ser incluido dentro del pop corriente. Sus seguidores los aprecian por componer bandas sonoras y temas de apertura y cierre para animes que han llegado a convertirse en míticos. Por otra parte, la aridez de sus letras hace compleja su comprensión e interpretación (todo ello unido a la dificultad del idioma japonés). Además, el exceso de extrañas imágenes simbolistas las acercan al vanguardismo. No obstante su concepción del amor se asemeja a la del poeta francés Baudelaire: el amor es algo que nos salva de la monotonía y nos acerca a la pura y frágil belleza pero a la vez puede hundirnos en la miseria y en el pecado. Con este escritor comparten también la creencia en la tendencia al mal del ser humano. Sin embargo, junto a estos rasgos románticos podemos hallar uno medieval: la visión del mundo como un valle de lágrimas. Ahora os dejo con la música de ALI PROJECT:



Esta canción se titula "La Rose de la Reine-Baragoku Otome", es decir, "La rosa de la reina-la doncella en la cárcel de rosas". Se trata de una versión orquestal de una de sus canciones más famosas que fue uno de los temas de inicio para el anime "Rozen Maiden" y está incluida en el disco "Gothic Opera" de este año.

viernes, 17 de septiembre de 2010

My own Theory about Stairway to Heaven

Hay canciones que deben ser escuchadas, como hay libros que deben ser leídos, o cuadros que deben ser vistos, etc. En general hay genialidades en cualquier campo del arte que no deben pasarse por alto. El ser humano es extraordinario y esa cualidad reside precisamente en la riqueza de ideas y de interpretaciones que cada uno puede llegar a concebir. Pero hay deteminados "puntos singulares" creados por el ser humano que merecen mención a parte por su genialidad. La joya musical en la que me centro hoy es una de ellas.
"Stairway to Heaven" de Led Zeppelin es una de esas canciones que simplemente no pueden dejar indiferente a nadie, sea por su melodía, su letra, su enigmático magnetismo o por la polémica que suscitó. La canción en cuestión provocó todo un revuelo por contener aparentemente "mensajes satánicos" cuando se reproducía del revés. Pero eso no es algo nuevo en el mundo de la música, "Empty Spaces" de Pink Floyd provocó una situación similar, entre otros. Los productores del grupo zanjaron las acusaciones argumentando:"nuestros vinilos sólo giran hacia delante". Por determinadas razones la canción se ha convertido en toda una leyenda y en una de las más famosas de la banda pero su valor va más allá, es una de las mejores piezas que haya dado nunca el rock. Tras escucharla innumerables veces y disfrutarla siempre como en la primera ocasión yo llegué a mi propia interpretación de su misteriosa e inconexa letra (la parte en cursiva es la sospechosa por contener los "mensajes satánicos"):

There's a lady who's sure all that glitters is gold

 And she's buying a stairway to Heaven.

When she gets there she knows, if the stores are all closed

With a word she can get what she came for.

Ooh, ooh, and she's buying a stairway to Heaven.


There's a sign on the wall but she wants to be sure

'cause you know sometimes words have two meanings.

In a tree by the brook, there's a songbird who sings,

Sometimes all of our thoughts are misgiven.

Oh, it makes me wonder,


There's a feeling I get when I look to the west,

And my spirit is crying for leaving.

In my thoughts I have seen rings of smoke through the trees,

And the voices of those who stand looking.

Oh, it makes me wonder,

Oh, it really makes me wonder.

And it's whispered that soon if we all call the tune

Then the piper will lead us to reason.

And a new day will dawn for those who stand long

And the forests will echo with laughter.

If there's a bustle in your hedgerow, don't be alarmed now,

It's just a spring clean for the may queen.

Yes, there are two paths you can go by, but in the long run

There's still time to change the road you're on.

And it makes me wonder.

Your head is humming and it won't go, in case you don't know,

The piper's calling you to join him,

Dear lady, can you hear the wind blow, and did you know

Your Stairway lies on the whispering wind.

And as we wind on down the road

Our shadows taller than our soul.

There walks a lady we all know

Who shines white light and wants to show

How everything still turns to gold.

And if you listen very hard

The tune will come to you at last.

When all are one and one is all

To be a rock and not to roll.

And she's buying a Stairway to Heaven

Esta es la letra, se habla de una señora que desea comprar una "escalera hacia el cielo" que es como se titula la canción. Ese cielo hay que entenderlo como el paraíso puesto que en inglés se diferencia entre sky (bóveda celeste) y Heaven (lugar al que según la religión cristiana van a parar las almas de los justos). Yo, tras mucho reflexionar e interpretar el simbolismo de la canción la he interpretado de una forma mística. Así, esa señora sería el "alma" que desea obtener acceso al paraíso para lograr la unión mística. Sin embargo, esto no puede obtenerse de forma material (es imposible comprar una escalera hacia el cielo) y así comienzan las tres vías: purgativa, iluminativa y unitiva. Toda esa vía purgativa parece estar representada como en el cántico espiritual de San Juan de la Cruz pues está salpicada de elementos naturales. No obstante, la última estrofa es la más complicada y extraña. Aunque se dice "when all are one and one is all" "cuando todo es uno y uno es todo" también se repite "She´s buying a Stairway to Heaven" "está comprando una escalera hacia el cielo". "Cuando todo es uno y uno es todo" da la sensación de unión mística, de que el proceso se ha cumplido con éxito pero se insiste en que la protagonista compra la escalera hacia el cielo. En este galimatías tampoco he sido capaz de encontrar sentido a los símbolos de el gaitero (the piper) ni del pájaro cantor (a songbird).
En cualquier caso esta es sólo una de mis muchas reflexiones inútiles que no me conducen a ningún sitio. Espero que, al menos os anime a escuchar este prodigio musical. 

Delito de lesa majestad

Me propongo ahora reflexionar sobre algo que nos concierne a todos, y es que la Justicia es uno de los pilares de la sociedad actual. Conceptos como la presunción de inocencia o la legítima defensa nos han hecho avanzar. Aunque hoy el panorama es bien distinto. La Justicia está estancada, no sólo por su lentitud que la hace naufragar en un mar de burocracia a veces innecesario. (Si se mira bien, la palabra "burocracia" puede llegar a ser muy humorística). Además, la Justicia tiene que lidiar contra algo que la ha venido acompañando desde siempre, el lenguaje jurídico. Está claro que cada profesión, cada campo del saber, tiene su jerga y su argot, sus tecnicismos. Sin embargo, del mismo modo en que un médico le explicaría gustosamente a su paciente en qué consiste esa dolencia impronunciable que según él, padece, los abogados, jueces y demás tendrían que hacer lo mismo. Al fin y al cabo la Justicia, como la medicina, es un servicio público esencial con lo que debería estar al alcance de todos. Es imposible descifrar un escrito jurídico. Para hacerlo hay que o bien, estar muy versado en la materia o bien, tener cerca un diccionario. Vaya por delante que me encanta este modo de expresarse pero también es digno de aceptar que no se trata de una manera práctica de comunicarse. Se trata de un lenguaje altisonante, complejo, confuso y enrevesado, casi literario. Las múltiples acepciones de los términos convierten en una tarea difícil comprender cualquier texto jurídico para un lector medio. Es un caos, en su mayoría son palabras bastante antiguas y que han quedado en desuso, salvo para el anquilosado argot jurídico, que parece ignorar que los tiempos cambian. Tampoco hay que olvidar la pompa de las togas, y las pelucas (que en muchos lugares se siguen conservando) que nos hace retroceder en el tiempo. La Justicia tiene que luchar contra este anquilosamiento. La simplicidad y la economía del lenguaje sin duda favorecerían su rapidez y su eficacia. Para lenguaje grandilocuente y literario ya tenemos a genios de la literatura como Cervantes, Shakesperare o Goethe con los que deleitarnos.
Y todo esto lo digo como futura estudiante de Derecho.

lunes, 2 de agosto de 2010

El secreto de Leruey

Después de todas estas reflexiones variopintas e inconexas me he percatado de que aún no he hablado aquí de algunos de mis proyectos personales más ambiciosos. Escribo tan aprisa que a veces escribo lo que pienso sin pensar en lo que escribo y no me centro. Como Apolo no me dio el don de la poesía me tengo que conformar con la prosa. En términos literarios sólo soy una prosaica prosista, pero yo tengo alma de novelista. Cuando tenga un poco de experiencia escribiré una obra en la que se mezclarán la retórica y la poética con una historia fantástica y pseudofilosófica. Pero no tengo experiencia ni estilo propio todavía y me limito a seguir buscando. Hace ya tiempo que comenzara a escribir una trilogía fantástica que sigue inconclusa, porque no le dedico todo el tiempo que debería. Los veranos son para escribir, pero este estío, cosa curiosa, no me apetece, estoy inspirada y voy hilvanando ideas sueltas pero me da pereza sentarme a escribir. Estoy segura de que si me obligo toda la inspiración desaparecerá... El fragmento que presento es del epílogo, pero como es muy enigmático lo dejo para ver qué os sugiere. En teoría tengo la primera parte terminada pero me falta conectar determinados capítulos, pasar a limpio y rematar algunas cosas.
En esta trilogía el argumento sirve (creo yo) para presentar algunos conflictos atemporales y de difícil resolución: la frágil naturaleza del ser humano, el amor y el odio, tan opuestos pero tan similares, ¿Se puede vivir en un mundo que no está en armonía? ¿Por qué corrompe el poder? ¿Por qué hay cosas que se siguen la una a la otra irremisiblemente, por qué todo es cíclico? ¿Por qué todo se organiza en parejas de opuestos? ¿Existe el destino? y si existe ¿Debemos seguirlo o es posible zafarse de él? Todo esto situado en un país imaginario y en un trasfondo de guerras, intrigas y luchas por el poder. Ahora debería colocar aquí un fragmento para que comprendiéseis de qué hablo, puesto que no puedo revelar más detalles del argumento, no sólo porque no es lógico sino también porque está sujeta a cambios. En fin, feliz lectura y a imaginar:

En esta oscuridad profunda el tiempo se ha detenido.


-Has vuelto, tú que eres una triza de mi alma. Estás aquí y ni siquiera te habías marchado. Hija mía, eres una preciosa violeta de amatistas, la oscuridad de la noche… yo te creé.
-Lo sé, Excelsa Emperatriz.-dije amedrentada.
-Llámame madre, ¿acaso no lo soy?
Miré a mi alrededor. Una oscuridad violácea, una sima sin fondo, estaba sumergida en un mar de fría negrura, pero era allí donde pertenecía, donde debía estar, me sentía cómoda.
-No ha llegado tu momento, pero pronto llegará. Recuperarás lo que nunca debimos perder… y me honrarás.
-Madre, ¿Podéis hacerme regresar?-pregunté ansiosa.
-Puedo. Pero no debes ser impaciente, hay otras que deben volver primero.
-¿Otras?-me extrañé, yo era la única que tenía ese anhelo en aquel abismo.
-Tu existencia es fragmentaria.-sentenció y su voz se desvaneció en una estela de color púrpura.


En esta luminosidad efímera el tiempo no existe.


-Has llegado, tú que eres mi fiel sirviente. Estás aquí y ni siquiera te esperaba. Dulzura, eres un gallardo lirio de zafiros, la brisa de la montaña… yo te escogí.
-Lo sé, Diosa del Viento, pero yo sólo he acudido a vuestra llamada. Os rogué para que me condujeseis a vuestro lado.-expliqué con extrañeza.
-Yo no te quería aquí junto a mí. Tú tenías una misión por cumplir…
-¿Entonces?
-Alguien te concedió ese deseo que yo no iba a otorgarte.
Miré a mi alrededor. Un cielo añil de nubes, un aire diáfano, estaba flotando en un piélago de bruma, pero era allí donde pertenecía, donde debía estar, me sentía cómoda.
-Ahora me arrepiento.-me lamenté.
-Quizá no sea tarde, pero debes aceptar algo primero.
Junto a mí surgió un espejo enmarcado por un chorro de nubes.
-Esa no soy yo.-afirmé señalando a la chica de cabellos oscuros y mirada penetrante que el espejo mostraba como mi reflejo.
-¿Quieres volver?
-¿Ella también volverá?-señalé al espejo con temor.
-Ella es tu verdadera naturaleza.
-Mentís…-susurré.
-Contéstame, ¿Quieres volver?
-Debo volver.
-Sabia decisión, tus dudas serán despejadas. Sin embargo, estás demasiado débil como para regresar por ti misma.
-¿Qué significa eso?
-Tu existencia es fragmentaria.-comentó y su voz se disolvió entre la niebla.

miércoles, 21 de julio de 2010

Niños, basta de ñoñerías y hablad mucho español con ñ

Dejando a un lado las cuestiones de nomenclatura, (¿Español o castellano? yo siempre me refiero al idioma como español) me propongo realizar un alegato a favor del español, esa lengua que se supone que todos los ciudadanos españoles hablamos, pocos conocen y nuestra excelsa RAE se empeña en destruir. Cierto es que debemos agradecerle muchas cosas a esta institución como hablantes de español que somos, pero últimamente parece que se empeña en llevar a cabo su lema "limpia, fija y da esplendor" hasta sus últimas consecuencias. Tenía pensado escribir este artículo hace bastante tiempo pero lo que me ha motivado aún más para hacerlo ha sido el hallazgo de un grupo en facebook denominado "me niego a que asín, setiembre o cocreta estén aceptados por la RAE" como no podía estar más de acuerdo con el título me hice uní a él sin dudarlo. Al buscar "cocreta" en el diccionario digital no aparece, pero sí lo hacen las otras dos. "Asín" concretamente como vulgarismo y "setiembre" remite a septiembre. Por lo visto la RAE se empeña en deformar esta hermosa lengua. También está aceptado el leísmo, sólo cuando se refiere a complemento directo de persona y masculino singular. Desde mi punto de vista, esto sólo consigue crear aún más confusión y así nos encontramos por ejemplo con periodistas que dicen: "su marido la pegó", cuando el vergo pegar es intransitivo, etc. Capítulo aparte merece la aceptación de xenismos o extranjerismos, práctica ahora muy habitual, por desgracia. Nos empeñamos en ver spots o shows en lugar de anuncios o programas, usamos kleenex (o como se escriba) en vez de pañuelitos y como estas un largo etcétera. Las nuevas tecnologías no colaboran en este aspecto puesto que la gran mayoría de los términos pertenecientes a este campo provienen del inglés y como no hay traducción exacta pues hay que usarlos tal cual o con una leve adaptación a nuestra grafía y pronunciación. Quizás por esto la utilización de palabras extranjeras cuando existe un equivalente español está siendo bien vista actualmente. Y así surge una abominable mezcla con un nombre todavía más horrible spanglish, un engendro lingüístico artificial que no favorece ni a la lengua de Shakespeare ni a la de Cervantes. Que conste que a mí me apasionan los idiomas, entre ellos el inglés, pero también adoro mi lengua materna y prefiero que cada una esté por su lado. Por ello ahora hay grupos de música españoles que cantan y componen en inglés aunque tengan que tirar de diccionario (aunque en este caso pretendan lograr una mayor "proyección internacional") y como esto todo lo demás. Por culpa del inglés (aunque también esté presente en otras lenguas, la influencia del inglés es la más poderosa) hay  muchísimos hispanohablantes que escriben en español los días de la semana y los meses del año en mayúscula.
  Inglés. Como dije en otro artículo esta "imposición" del inglés como esperanto moderno podría acabar con la diversidad lingüística, tarde o temprano. Hecho que ya es observable en países nórdicos como Dinamarca. Por ello habría que trazar unos límites definidos para este idioma que paradójicamente no posee una institución como la RAE dispuesta a regularlo.

Un réquiem por Lucano


Marco Anneo Lucano fue un escritor nacido en la Corduba (Córdoba) romana, sobrino de Séneca el filósofo. Esta cultísima familia estuvo marcada por el comportamiento vesánico del emperador Nerón. Al principio de su reinado Nerón fue un buen gobernante pero pronto cambió de actitud de forma repentina e inexplicable. No olvidemos que incenció Roma según unas versiones para "despertar a las musas" (Nerón se creía un nuevo Apolo) aunque de acuerdo con otras el fuego estuvo motivado por motivos urbanísticos. En cualquier caso Séneca el filósofo fue "obligado a suicidarse" por el propio Nerón, que también condenaría al pobre Lucano, a quien le tenía envidia. Lucano, el autor de la Farsalia (el poema épico latino más importante tras la Eneida) fue un joven bastante precoz y a pesar de su corta vida bastante prolífico: sátiras, poemas varios y diversas obras teatrales. Sin embargo, Nerón truncó su brillante carrera. El imperio fue una época agitada en términos políticos y marcada por las intrigas y las ansias de poder. Finalmente, ante su desastroso reinado, disoluto y desordenado, Nerón no tuvo más remedio que suicidarse, puesto que el Senado lo había declarado enemigo de la patria, destituido y condenado a muerte. Su cobardía le impedía llevar a cabo tal empresa, a pesar de que su crueldad le había permitido perseguir a cristianos, filosófos e incluso calvos, condenar a Séneca, Lucano y lo que es quizás más deplorable, asesinar a su madre y violar su cadáver. Su secretario Epafrodito prácticamente tuvo que "ayudarle" para que se clavase una daga en el cuello y fue cuando exclamó Qualis artifex pereo!  "¡Qué artista muere conmigo!" Esto es sólo una página negra de la historia romana, Cicerón, el príncipe de las letras latinas, también fue condenado a muerte y su cabeza y sus manos fueron exhibidas como un trofeo de caza por Marco Antonio. Esta es la otra cara de una civilización fascinante pero menos refinada que la griega. Barbaridades como éstas son excepcionales pero en el circo eran continuas. La plebe se entretenía viendo cómo los gladiadores perdían la vida en la arena, por algo se explica que el teatro no tuviese tanta aceptación en Roma como en Grecia. El teatro catártico griego no tenía seguidores en Roma y esta actividad se veía como una diversión, por ello triunfaban las comedias livianas de corte griego. La literatura latina no fue demasiado innovadora porque solía seguir modelos helénicos. Aunque hoy en día se diga que nuestra cultura le debe mucho a Roma (y eso es en parte cierto) no hay que olvidar que gran parte de la cultura romana ya se había forjado en Grecia y los romanos al conquistar este territorio simplemente se hicieron con ella y la adaptaron a su forma de vida...
  En fin, si le dedico un artículo a este excepcional personaje es porque en el fondo me inspira muchísima lástima, pero este artículo es también un grito de protesta por todos aquellos que murieron en circunstancias similares, de forma injusta y tratando de pronunciarse contra la tiranía y a favor de la libertad.

jueves, 15 de julio de 2010

Panem et circenses!

El poeta satírico nacido en Aquino: Juvenal, sabía de lo que hablaba cuando utilizó esta expresión en la sátira X. Literalmente "pan y circo" (juegos circenses). Con ella resumió el totalitarismo imperial que había enterrado las libertades republicanas en el olvido: ante la imposibilidad del pueblo llano de acceder al cursus honorum (la carrera política) había que repartir trigo (panem) mensualmente y ofrecer a la numerosísima población de la Roma imperial alguna que otra distracción (circenses). Algo en lo que los romanos eran expertos: luchas de gladiadores, teatro, carreras de cuádrigas... etc. Todo esto servía para evitar que el pueblo se alzase contra el emperador y segar cualquier amago de revolución. Los césares temían lo que podía hacer una turba enfurecida, por ello tenían a la guardia pretoriana, pero la táctica del pan y circo aseguraba la continuidad del régimen imperial. Juvenal también es el autor de esta célebre cita quis custodiet ipsos custodes? es decir, "¿Quién vigilará a los vigilantes?" esta pregunta encierra un dilema, ¿Hasta dónde debe llegar el poder último? La historia se repite: ya Platón en su Républica se preocupaba por un asunto similar en su sociedad ideal. De la Grecia clásica también procede el tópico de que el tirano siempre pide una guardia personal antes de sublevarse (Aristóteles lo afirma en su Retórica). Aunque nos parezca lejano, este sistema se ha venido repitiendo a lo largo de la historia, les debemos muchas cosas a los romanos, queramos o no, pues de ahí procede la cultura occidental. Los regeneracionistas españoles hablaban de "pan y toros" y como éste muchos ejemplos más. Actualmente el pan y circo puede asociarse con el Estado del bienestar. Aunque en la situación actual hay menos pan y más circo. Menos pan por la tremenda crisis económica que afrontamos y el elevado número de parados existente. A pesar de todo ello, el "circo" de hoy, ese "circo mediático" (deportes, publicidad, consumismo...) más que entretener, asusta. La población se interesa desmedidamente por tal o cual famoso: si se opera la nariz, si se casa, etc y se olvida de política, violencia de género y de otros graves conflictos de nuestro tiempo. Nos reímos de las barbaridades que dicen ciertas personas en esos "programas rosas" (todo es rosa ante la negra situación por la que pasamos) y nos lo tomamos a broma sin caer en la cuenta de que es algo muy serio. Ésa es la visión que están recibiendo muchos jóvenes: la de que no importan el esfuerzo y la disciplina si por decir tonterías en la "caja tonta" se puede llegar a cobrar un sueldo superior al de un cirujano, abogado etc. Jóvenes, que por otra parte no parecen estar interesados en cambiar esa visión. En fin, repasar el pasado sirve para comprender mejor el presente, y esto nos hace abrir los ojos ante la verdadera realidad, pero, ¡Lástima de país!

De la musique avant tout chose!

¡Qué hermosa cita esta de Verlaine que da título al artículo! Este poeta francés daba mucha importancia a la musicalidad en sus versos como buen parnasiano. Yo la utilizo porque la música ocupa una parte esencial de mi vida. Sin duda, y volviendo a citar (cuando uno no sabe cómo explicarse, mejor es dejar hablar a los sabios) "La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo" (Platón). No hay nada más misterioso que la música: evocadora, capaz de manipular las emociones, una buena melodía nos puede transportar a cualquier lugar o época, sólo comparo este tremendo poder de la música con el de los aromas, aunque el ser humano no tenga un olfato demasiado bueno. Yo no puedo hacer casi nada en silencio y dejo que la música maquille la soledad o la tristeza que a veces se siente. Sin embargo, hay veces en las que es preciso reflexionar o actuar en una quietud que nos permita trabajar, pero intento que ambos estén equilibrados. Escucho casi de todo porque entiendo que es preciso hacerlo para discernir entre lo que nos gusta o no, a veces me dejo atrapar por las letras antes que por el ritmo o la melodía. Me gustan las letras que nos invitan a tratar de encontrarles un sentido porque, en definitiva, esa es también la gimnasia para el alma de la que hablaba Platón.

lunes, 28 de junio de 2010

Un rêve bruxellois

No hace mucho que regresé de mi viaje de fin de curso a la capital belga pero la impronta que esta ciudad multicultural ha dejado en mí aún se mantiene. Esta ciudad, capital europea, es simplemente, monumental. Pero dejando a un lado la lista de comentarios turísticos, que podría ser interminable, Bruselas es la frontera en un país dividido por la "cuestión lingüística". Francés y flamenco miden sus fuerzas en este país en el que la parte sur es francófona y la parte norte se niega a hablar esta lengua. Si me comparan el flamenco con el francés diré que es una lengua compleja, de raíces germánicas y de sonoridad horrible si la enfrentamos a la  musicalidad francesa. En cualquier caso, cuando pisé suelo español me di cuenta de una cosa: algunos de mis compañeros habían afrontado el viaje como "la última oportunidad para hablar francés". Ahora que sopeso esta observación debo admitir que puede ser bastante plausible. Aún así, ¡Yo me niego a olvidar la lengua de Molière! a pesar de que pierde importancia en detrimento de la lengua de otro gran dramaturgo: Shakespeare. Pues sí, queramos o no, el inglés es el esperanto moderno, lo que sin duda amenaza a la diversidad lingüística mundial. No obstante la francofonía es enorme si consideramos que se mantiene esta lengua en las que podríamos denominar "antiguas colonias". De hecho, los flamencos que se oponían a hablar francés utilizaban el inglés con nosotros ante la dificultad de la lengua flamenca. El francés era la lengua de la aristocracia por excelencia, había que dominarla y saber tañer el piano si se deseaba ser bien visto por la alta sociedad. No olvidemos que nuestro Carlos I, nacido en Gantes, por cierto, en una de sus más celébres frases afirmaba lo siguiente: "Hablo en italiano con los embajadores; en francés, con las mujeres; en alemán con los soldados; en inglés con los caballos y en español con Dios." Así vemos que se cumple una de las denominaciones que se le ha dado a esta lengua: la lengua del amor, y esto no es casual ya que la lengua francesa, aunque unificada por Napoleón, hunde sus raíces en la literatura provenzal, trovadoresca y en el amor cortés. Por otra parte, si ahora mismo preguntásemos a cualquier persona que nos diese el título de alguna canción en francés nos diría la celebérrima "La vie en rose" de Piaf o bien "Ne me quitte pas" de Brel, baladas amorosas y románticas hasta decir basta. Pero el francés no es sólo la langue de l´amour es una lengua con gran tradición cultural, especialmente durante la Ilustración: Diderot, D´alembert, Voltaire, Rousseau, Montesquieu. La primera Encyclopédie de la historia está redactada en esta lengua. Es un idioma al que estoy muy ligada y que adoro. Además, esta creencia se ha visto reafirmada este año mediante el estudio de la literatura francesa de la mano de dos enormes autores Baudelaire (padre de la poesía moderna) y Balzac (cronista de la sociedad del s XIX gracias a su prolífica y excelente producción novelística). Por todo esto, me apena sobremanera que quienes la estudiasen en el pasado, la generación inmediatamente anterior, nuestros progenitores, la hayan olvidado casi sin tener en cuenta el enorme valor que tiene en la literatura, la cultura y el arte en general...  No debo seguir con mis tribulaciones, mantendré esta lengua viva en mi interior aunque sea de manera artificial, como se conservó la retórica en Roma con la llegada del Imperio, cuando perdió su función esencial: la política.
Nota: este artículo se lo dedico a todos los profesores que se tienen que enfrentar con la desmotivación cada día en las aulas y en especial a los que enseñan francés (en especial a María Dolores y a Ana Gracia). También va para los afrancesados y amantes de la cultura francesa. Por supuesto se lo brindo también a todos los que decidan retomar sus estudios de Francés en la jubilación (¡va por ti, Pilar!). Mil perdones si alguno de los datos aquí consignados no fuesen los correctos, se aceptan sugerencias y correcciones. 

miércoles, 2 de junio de 2010

Manifiesto para los que somos el futuro...

Así titulé el discurso que di en el acto de clausura de 2º de Bachillerato, con voz temblorosa y casi llorando al final. Para todos aquellos que me lo han pedido, aquí está. En cuanto a la música de fondo, se trataba de una versión del canon de Pachelbel tocada con arpa y guitarra, muy relajante, a ver si encuentro algún modo de subirla. Gracias a todos, llevaré vuestro recuerdo siempre.

Parece mentira, pero todo termina. El tiempo se nos ha escurrido como agua entre los dedos, sin apenas percibirlo, sutilmente. Hemos concluido satisfactoriamente una de nuestras etapas estudiantiles, por ello, debemos dar las gracias a este plantel de profesores que nos ha formado y guiado por esta ardua senda que es el estudio. Pero este momento que se nos plantea a partir de ahora es el que podríamos denominar “ahora depende de nosotros”. Hasta este preciso instante hemos caminado de la mano de nuestros progenitores y profesores, ¿Qué es ser educado, sino ser conducido? Sin embargo, ahora toca comenzar la andadura por nosotros mismos. Esto no significa una escisión total, porque cada vez que recordemos lo que estos profesores nos ayudaron a aprender, los rememoraremos a ellos, y a esta “alma Mater” que ha sido este centro. Decía Isaac Newton que “lo que sabemos es simplemente una gota de agua en el océano”. Yo pienso que cada gota de conocimiento que aportamos es un medio para mejorar nuestro mundo. Ese es ciertamente el verdadero reto de nuestro tiempo. Nosotros, que somos el futuro, la esperanza, debemos plantearnos cómo podemos mejorar el presente desde nuestra actividad profesional. Esta alentadora utopía es el proyecto que hemos de afrontar. Pero únicamente será posible lograrlo entre todos, aunando fuerzas, avanzando juntos. Si nos enfrentamos a los problemas con amplitud de miras, si contraponemos opiniones y tratamos de llegar a acuerdos, no habrá ningún conflicto irresoluble: el diálogo es la llave del futuro. La ilusión, la curiosidad, la disciplina, el afán de autosuperación… inherentes a la condición del estudiante, nos serán necesarios para alcanzar el éxito en cualquier campo, en cualquier etapa de nuestra vida. Compañeros, ahora sólo resta decir, aunque con tristeza, que la suerte está echada y que comienza una vida nueva, incipit, vita nova! Muchas gracias.